Mi Valencia

Si Valencia no se recupera, no solo lo va a sufrir esa comunidad sino todo el país. Porque si se empobrece Valencia, se empobrece España.
Coches arrastrados por la dana. / X.
Coches arrastrados por la dana. / X.

Hoy escribo desde la desolación. La que me provoca ver tantas escenas de dolor en mi Valencia, esa tierra a la que tantos vínculos emocionales y personales me unen. Es por ello que quiero empezar recordando un párrafo de su himno, en el que dice “Para ofrendar nuevas glorias a España, todos a una voz, hermanos venid. ¡Ya en el taller y en el campo resuenan cantos de amor, himnos de paz!”. Esa es verdaderamente la esencia de ese pueblo emprendedor, valiente y pasional, como es el valenciano.

Lo primero que habría que pedir, tras lo sucedido, es la dimisión de todos los dirigentes políticos, tanto del Gobierno central como del autonómico ―aquí no me importa el color― que han participado en la gestión, tanto en la previa como en la posterior de esta catástrofe. Deberían dimitir o ser cesados por inacción. Las imágenes que seguimos viendo una semana después de que la dana arrasara Valencia no se corresponden con las de un Estado de la Europa occidental que se considera avanzado, sino que semejan más a las de un país tercermundista.

Estos días estoy recibiendo muchos comentarios de amigos extranjeros que se interesan por lo ocurrido y la mayoría de ellos me transmiten que una de las cosas que más les sorprenden es que tras una catástrofe natural siempre se ven uniformes (militares, bomberos, policías…), pero que en Valencia lo que están viendo es al pueblo. En muchos casos, con más voluntad que organización. Pero la primera respuesta tras la tragedia ha sido la del propio pueblo. Lo cual debería hacer que a más de uno se le cayera la cara de vergüenza. Y de inmediato, si aún les queda algo de ella, presentar la dimisión.

Me parece inconcebible que, a pesar de que desde el minuto uno, ya se habló de una cantidad ingente de desaparecidos, no se movilizara todo lo que se podía movilizar para participar en su búsqueda e intentar salvar el mayor número de vidas posible. Cuando de todos es sabido que las primeras 24/48 horas son cruciales. Hoy, una semana después, ojalá me equivoqué, pero por desgracia, casi todas esas desapariciones acabarán traducidas en muertes.

La gestión de lo ocurrido en Valencia no ha podido ser más nefasta. Y, ya digo, aquí no entro en el juego político. Porque ha sido un absoluto desastre por parte de todos. Somos la vergüenza, no ya de Europa sino de todo el mundo. “La tragedia evitable”, titulaba su portada el periódico francés Libération. Y no le falta razón. Se podía haber hecho infinitamente más de lo que se hizo. Primero, para tratar de evitarla y, segundo, para paliar sus consecuencias. Pero no se hizo. Así que, llegados a este punto, lo que ahora hay que hacer es responder de inmediato a la gente que se ha quedado sin sus casas, sin sus vehículos, sin sus negocios y sin su trabajos, para que puedan retomar a la mayor brevedad posible su vida y sus actividades laborales.

Y las ayudas tienen que llegar directamente a los damnificados. Sin intermediarios. Y mucho menos si quienes las tienen que gestionar son los mismos que tenían que haber gestionado la tragedia. Hacer llegar las ayudas de forma rápida y directa a quien las necesita no es tan difícil. A medida que se vaya haciendo el inventario de daños, habrá que reponer, insisto, mediante ayudas directas y personales las pérdidas sufridas en cada caso.

Si Valencia no se recupera, no solo lo va a sufrir esa comunidad sino todo el país. Porque si se empobrece Valencia, se empobrece España. @mundiario

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