Mazón se rinde en diferido y deja a Feijóo con otro incendio político por apagar
Carlos Mazón ha dicho lo que muchos pensaban que acabaría diciendo: “ya no puedo más”. Y lo ha hecho con esa mezcla de agotamiento, culpa y resignación que deja ver cuando un político ya no pelea por su cargo, sino por salvar su nombre. El presidente valenciano ha anunciado su dimisión, pero no se va del todo: seguirá como diputado autonómico para conservar el aforamiento y evitar males mayores. No habrá elecciones anticipadas, y ha pedido a PP y Vox –los mismos que lo auparon al poder– que elijan a su sustituto. En realidad, Mazón dimite en diferido como presidente de la Generalitat hasta cerrar un sucesor con Vox.
El adiós de Mazón no sorprende a nadie, pero sí el momento. El anuncio ha coincidido con la declaración judicial de la periodista Maribel Vilaplana, testigo clave en la investigación de la dana de 2024, aquella tormenta que arrasó media Comunidad Valenciana y se cobró 229 vidas. Vilaplana compartió una comida de casi cuatro horas con Mazón mientras el agua inundaba la provincia, y su testimonio ante la jueza busca aclarar qué sabía el presidente y cuándo lo supo. Que su dimisión y la declaración coincidan en el calendario no parece una mera casualidad.
Su discurso de despedida tuvo algo de confesión y algo de reproche. “Cometí errores, viviré con ellos toda mi vida”, dijo, “pero ninguno fue por cálculo político”. Aun así, su marcha no es solo una cuestión personal. Es el epílogo de una crisis política mal gestionada desde el primer minuto. Durante meses, Mazón intentó resistir a base de culpar al “ataque mediático” y a la “campaña brutal” en su contra, mientras la investigación judicial iba rodeándolo. Hasta que no pudo más.
El problema es que el suyo no es un caso aislado, sino un síntoma de algo más grande: la falta de reflejos del PP. Feijóo, que siempre presume de prudencia, ha confundido esta vez la calma con la inacción. Desde que llegó a la dirección nacional, ha querido ejercer de árbitro y no de entrenador. Dejó que Mazón pactara con Vox en 2023, sin medir las consecuencias de meter a la ultraderecha en el Gobierno valenciano justo antes de las generales. En Génova se consolaban diciendo: “Mientras el PSOE tenga a Bildu, nosotros no tenemos problema”. Y el problema llegó igual.
Lo que en Galicia fue virtud, en Madrid se le ha vuelto pasividad
La dana no solo arrasó pueblos enteros, también el crédito político de Mazón. Su gestión fue torpe y su reacción posterior, peor. Y Feijóo, en vez de cortar a tiempo la hemorragia, se limitó a mirar hacia otro lado. Su famoso “respeto a la autonomía de los barones” se ha convertido en una excusa para no intervenir cuando hace falta. Lo que en Galicia fue virtud, en Madrid se le ha vuelto pasividad.
El resultado es que el PP pierde pie en uno de sus bastiones más importantes mientras Vox se frota las manos y el PSOE recupera terreno. La delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, ha sabido conectar con las víctimas de la tragedia, justo lo que Mazón nunca consiguió. Y aunque los socialistas sigan por detrás en las encuestas, el desgaste moral del PP valenciano es evidente.
La crisis deja a Feijóo atrapado en un bucle: intenta parecer moderado, pero sufre las consecuencias de sus pactos con la extrema derecha. Pretende ser firme, pero llega tarde. Pedro Sánchez se mantiene gracias a la polarización; Feijóo, mientras tanto, sigue enredado en sus propios líos territoriales. De entrada, considera que la marcha del presidente valenciano es una “decisión correcta” y pide a Vox que facilite “cuanto antes” la elección de un nuevo presidente.
Pero la dimisión en diferido de Mazón no cierra la herida, solo cambia el escenario. Ahora la crisis se traslada al despacho de Feijóo, que tendrá que lidiar con la elección del nuevo presidente y, sobre todo, con la pregunta que flota en el aire: ¿quién manda realmente en el PP? Porque el gesto de Mazón tiene dos lecturas. Por un lado, asume responsabilidades que muchos políticos esquivarían. Por otro, se blinda judicialmente y deja a su jefe con otro incendio que apagar. Y Feijóo, una vez más, parece haber llegado tarde con el extintor.
Como sucede en las tormentas, en la política no basta con mirar al cielo: hay que anticiparse antes de que empiece a llover. Mazón no lo hizo. Feijóo tampoco. Y ahora, entre paraguas rotos y charcos judiciales, el PP busca a toda prisa un salvavidas. @mundiario

