Un León que no ruge ni da zarpazos, sino bendiciones
Debe ser la leche el número de dirigentes de la Tierra aspirando a hacerse un selfie con el nuevo Papa, oye, por el que repicaban ayer campanas por los cuatro puntos cardinales. Nunca, una fumata blanca, había despertado tanta expectación en medios de comunicación informando en todos los idiomas, con radioyentes y televidentes de toda edad, condición, lugar de nacimiento, género, ideología, creencia, color de piel y confesados o inconfesables dilemas entre ateísmos y teocracias.
Probablemente, porque este viejo mondo cane, o sea, este perro mundo (para entendernos), está dando tan preocupantes síntomas de rabia contagiosa, de pandemia de señores de la guerra, de vendimias de uvas de la ira, que necesitaba escuchar una voz de ser humano, desde un balcón en el Estado más pequeño del planeta, que no anunciaba aranceles, ni gastos de defensa, ni invasiones territoriales, ni almacenamiento de drones, ni sofisticados jinetes del Apocalipsis que ya no galopan a caballo, sino a misiles. Una voz, ya digo, que ni siquiera clamó en un desierto de esperanza en estos nuevos momentos mas oscuros y, simplemente susurró: ¡Il male non prevarrà!
Por un momento, los nombres de Donald Trump, de Vladimir Putin, de Xi Jinping, de Netanyahu y todos esos okupas de primeras planas de periódicos, con sus siniestras vocaciones de domadores de la raza humana, se quedaron quietos, inmovilizados, desaparecidos en combate mediático ante la presencia de un León, el decimocuarto entre los 267 sucesores de un tal Pedro, que no lanzaba rugidos, ni amenazaba con garras, pero borraba del mapa Casa Blancas, Kremlins, palacios prohibidos, sedes comunitarias europeas, Moncloas, búnkeres de Poder de esos, impartiendo inofensivas bendiciones que, durante un instante, domaron por las buenas a los prolíficos domadores de seres humanos a sangre, sudor y lágrimas.
Como aviso a navegantes progresistas y conservadores, planificando ya selfies con este Papa (a Yolandas y Trumps), ejemplos, intentando arrimar ascuas a sus sardinas, les recuerdo que el Rerum Novarum de León XIII, como justificado hito en el devenir de los trabajadores, lo actualizó Juan Pablo II en el centenario de tan paradigmática encíclica, con otra encíclica, verás, Centesimus Annus, que incidía en la dignidad de los seres humanos que se ganan la vida con el sudor de sus frentes, naturalmente, pero hacía objeciones a la estatalización, a la deformación de Lo Público como panacea de la humanidad y a la confabulación del poder establecido para aniquilar el derecho a la propiedad de las mujeres y los hombres con sus manos limpias.
Por de pronto, ¡Habemus Papam!, con la esperanza de que, tras otra fumata blanca, muchas voces, en muchos balcones, le anuncien a la humanidad: ¡Habemus paz! @mundiario


