El inesperado éxito de un fracaso

Elecciones. / Manel Vizoso
Elecciones. / Manel Vizoso
¿Quién necesita ganar cuando puedes sorprender a todos con una derrota sin paliativos?
El inesperado éxito de un fracaso

Es ya la tarde del 19 de febrero y como en cada elección, con un folio en blanco y un café, trato de escribir unas ideas para conformar mi opinión sobre el resultado del proceso electoral. En este caso, de las autonómicas de Galicia que culminaron el domingo 18, con la fiesta del voto en urna. Como siempre, más fiesta para unos y menos fiesta, o ninguna, para otros. 

Las horas de la espera por los resultados del escrutinio

En las diferentes cadenas de radio y televisión pronosticaban largas horas de sofá, tensión e infarto. Conociendo un poco la historia de los procesos electorales en Galicia, no me parecía que fuera el día para llegaran a producirse horas de tensión ni que se fuera a llegar a un final de infarto. Pero bueno, hasta lo imprevisible puede llegar en unas elecciones. Incluso en Galicia. 

Cerrados los colegios electorales, a las 20 horas, se hace público el tracking realizado por GAD3 para la TVG. El globo de la tensión y de la cadena de infartos se desinfla un poco. El tracking anuncia una victoria clara de los populares. Llama poderosamente la atención que ningún político quiso realizar una primera valoración sobre el resultado de esa encuesta y se remitieron a reflexiones sobre datos de voto depositado en urna. A eso se le llama prudencia, virtud de la razón o cualidad escasa en política. 

Llegan los datos de los colegios electorales 

Transcurridas un par de horas comprobamos, con un porcentaje de voto escrutado ya bastante representativo, que GAD3 había acertado. Los resultados se empiezan a considerar consolidados. Llegado ese momento, no se ofrece por parte de los portavoces de las diferentes candidaturas explicación válida alguna, más allá de resaltar el comportamiento cívico y democrático de la población gallega, agradecer a todas las personas que habían hecho posible la jornada electoral (miembros de mesas, representantes de la administración, etc.) y de reconocer el compromiso de simpatizantes, militantes, apoderados e interventores de mesas. 

Hay datos, pero no explicaciones

Una primera conclusión a la que se puede llegar, a esas horas de la noche, es que nuestros políticos son capaces de leer los datos que se les ofrecen, pero parecen no ser capaces de procesarlos, analizarlos, siquiera mínimamente, y en absoluto son capaces de expresar la opinión que su visualización les provoca. En la noche electoral, o existe un síndrome de bloqueo del área del lenguaje o simplemente quieren ganar tiempo para explicarlo pasados unos días o para que la explicación recaiga en otro compañero o compañera del partido.  

¿Tengo yo alguna explicación a lo ocurrido? 

Tras esa primera conclusión, que asoma en cada elección, ya que los escenarios dibujados por los resultados no son infinitos y los equipos de los partidos deberían disponer de esa mínima capacidad de análisis, lanzo esta segunda: en términos de dialéctica derecha - izquierda, nada se ha movido. Esta apreciación confronta con la manifestada por Ana Pontón, única candidata que ha ultrapasado el temor a explicar lo sucedido, afirmando que algo nuevo empezaba en Galicia tras el 18F. 

Comparación diversas elecciones gallegas. / JM Peña
Comparación diversas elecciones gallegas. / JM Peña

Intentaré explicar las razones de mi desacuerdo. 

Por una parte, si agrupamos el voto en dos grandes bloques, el conservador y el progresista, vemos que significativamente, nada ha cambiado. Pero no en relación con las elecciones autonómicas de 2020, sino con relación a la historia de las elecciones democráticas de Galicia en el sistema de las autonomías. Galicia ha celebrado doce elecciones autonómicas desde 1981, y es la única comunidad donde el PP siempre ha sido la fuerza más votada. En 1981 y 1985, lo fue con sus antecesoras Alianza Popular y Coalición Popular. Además, desde otro punto de vista, en el 18F, el PP ha dominado, sin discusión, el mapa de Galicia, siendo la fuerza más votada en 295 de las 313 municipalidades. Solo ha cedido 18 victorias municipales: el BNG ha ganado en 13 poblaciones y el PSOE en 5.

En el ámbito conservador, el PP consigue en Galicia lo que no es capaz de lograr en casi ningún otro lugar de España: acoger a cualquier elector desde el centro político hasta las posiciones más netamente derechistas, acotando a VOX a un espacio realmente residual. Para entender cinco mayorías absolutas consecutivas, es muy importante entender que el PPdeG no deja apenas espacio a la extrema derecha y tampoco, y esto es fundamental, a la eclosión de una derecha nacionalista o identitaria (tipo PNV o Junts x Cat). 

Es decir, el PP de Galicia, es una maquinaria electoral de amplio espectro: es un partido conservador, pero también es moderado y centrista, y ha incorporado tintes "identitarios y/o regionalistas" sin aparente contradicción o conflicto interno. Es verdad que la citada configuración deja un hueco, pero muy pequeño, a opciones como VOX. Además, el PPdeG es un partido definido como “acomodaticio” (ciertamente flexible) y esa característica le faculta para ser “poco molesto” y nada vergonzante para un “galaico estándar”.

El PP no dispone de un candidato arrollador ni es la alegría de la huerta. Digamos que da para un cartel y ya va bien. La fuerza del PPdeG está en su militancia. Es un partido cohesionado e inasequible al desaliento y lo muestra en cada confrontación electoral. En esta ocasión: 40 diputados y quinta mayoría absoluta consecutiva. 

En la izquierda se produce un efecto "suma cero"

Intento explicarlo, aunque un simple vistazo al cuadro de la conformación del Parlamento de Galicia, desde 2005 hasta la actualidad, parece suficientemente elocuente. 

En 2012, tras la asamblea de Amio, el BNG se fractura. Nace Anova, la pata nacionalista de la coalición que formarían los escindidos del Bloque con Esquerda Unida (EU) y con la que, meses más tarde, se presentarían a las autonómicas bajo el nombre de Alternativa Galega de Esquerda (AGE). Esta candidatura logró nueve diputados, dos más que el BNG, 16 en total. Sin embargo, el grupo de AGE acabó fracturado porque en aquella alianza había un problema de fondo: la convivencia de no nacionalistas y nacionalistas, y sobre todo las propias diferencias de estrategia entre estos últimos, entre los nacionalistas que querían consolidar las alianzas con las fuerzas estatales (Podemos y Esquerda Unida), y los que apostaban por ir del brazo de manera instrumental sin renunciar a un perfil propio. 

En 2015 eclosionaron las Mareas municipalistas y sus confluencias. Posteriormente, conformaron En Marea como “partido instrumental”. Obtuvieron 14 diputados en 2016. El peor resultado del BNG, seis diputados. 20 si sumamos los resultados de ambas formaciones. 

En 2024, tras las elecciones generales del 23J, se escenifica, por una parte, el fiasco interno de la izquierda estatal: SUMAR versus PODEMOS. Por otra parte, se produce la “vuelta” de los de Beiras y Noriega a la casa común del nacionalismo (BNG). Finalmente, una excelente candidata y una muy buena campaña hizo que todo ese voto volviera a una opción ahora ganadora: el BNG. Una opción a la que “ayudaron” a consolidar el PSdG-PSOE y SUMAR al asumir -sin razón aparente alguna- un rol de muleta en un posible gobierno de coalición a tres. El propio PP, con un error no forzado ya habitual en el desarrollo de la segunda semana de campaña, culminó la consolidación de la opción BNG al establecer una desafortunada equiparación de este con Bildu y el filo terrorismo que acabó por volverse a favor del propio BNG, que obtuvo un muy buen resultado, pero insuficiente. Será necesaria una buena gestión de ese caudal de voto o habrá resaca y volverá buena parte al PSdG-PSOE. 

El PSOE. Creo que el efecto de la política estatal es el menos acertado de los argumentos para explicar la caída del voto al PSdG-PSOE. Es verdad que ha habido una clara sobre presencia de Pedro Sánchez, y del aparato estatal del partido y del gobierno, en la campaña y eso hizo bastante más “fácil” la campaña de los adversarios. Escuchamos y leemos que la ley de amnistía ha podido jugar un papel muy negativo. Sinceramente, no lo creo. Y no lo creo porque es el BNG es quién ha subido y se trata de un grupo político favorable a la ley y que, indudablemente, ha recibido voto transferido del PSOE. 

Creo que hay, en el PSdG-PSOE, factores de su propia idiosincrasia e inercia política que explican sus propios males y son esos males los que lo llevan al peor de los escenarios políticos: la irrelevancia. 

En primer lugar, el PSdG-PSOE es presa de una gran desconexión con la sociedad gallega y ello es así porque destina la mayor de sus energías a embelesarse en sus líos internos. Luchas intestinas que, básicamente, consisten en acumular razones para “cargarse” a este, a aquél o aquella (siempre compañeros/as de partido o próximos, claro). Recuerdo que en la noche electoral de 2009 y después de obtener 25 diputados, “mataron” a Emilio Pérez Touriño pidiéndole que ni siquiera recogiera su acta de diputado. Cainismo, se llama. 

En segundo lugar, el PSdG-PSOE tiene una secular desconexión neuronal con la parte “organizada de la sociedad” gallega. Y esto se debe a que, realmente, en el PSdG-PSOE no hay nadie dispuesto a “picar piedra” (como sí hizo Ana Pontón desde 2016 con 6 diputados) yendo a ver a las gentes organizadas en Galicia, en la cultura, en el deporte, en el campo, en las empresas o en las fábricas, con ese otro instrumento que se llama sindicato (pregúntenle a Ana Pontón por la CIG o las CCLL).

En tercer lugar, señalaría, como algo propio de esta última campaña una indefinición programática muy preocupante y fruto de la desconexión antes reseñada, una posición claramente subordinada al BNG, junto con un candidato “paracaidista” (para nada malo, pero sí desentrenado, porque llevaba fuera de la escena política unos años) al que el escondido aparato de la dirección del PSdG-PSOE tiró a los pies de los caballos o se pusieron de perfil ante ocurrencias de Ferraz o de la Moncloa. Por otra parte, lo del “candidato conseguidor” no es muy de 2024. Eso de “conmigo todo” y “sin mí, nada” del debate en CRTVG no rueda bien en estos años. Tampoco ayuda mucho que una alcaldesa manifieste su preferencia por una silla en el Pazo do Hórreo y abandone su alcaldía. Escuchen: igual no pintamos mucho en O Hórreo y perdemos una alcaldía. 

SUMAR Galicia ha resultado una especie de espejismo. Quizá nunca tuviera opciones reales de entrar en O Hórreo, pero la sensación que trasmiten, desde el 18F, es que, por venir precipitadamente a Galicia, son un lastre, una rémora para lanzar el proyecto a nivel estatal de cara a las europeas de junio. SUMAR llegó sin programa, insistiendo en la transversalidad y el derecho a decidir, llegó sin candidata y se encontró con la decisión de confrontar adoptada por el resto de los grupúsculos de la izquierda a la izquierda del PSOE. Ahí ha destacado la actuación política de PODEMOS con una coherencia impecable: desde Pablo Iglesias pidiendo el voto para el BNG hasta el mismo personaje apareciendo en un mitin con la candidata-activista, Isabel Faraldo. Resultado, similar a las elecciones municipales de mayo: una catástrofe. 

La verdad es que salvo en el PP y en el BNG, hay una característica común que explica, en parte, los resultados del PSdG-PSOE, de SUMAR Galicia y de PODEMOS: sus candidatos y candidatas optan por dejarlo todo para una última entrevista, para un programa de la TV o para “darlo todo” en un insulso y frustrante debate televisivo (en el que, además, los tertulianos y tertulianas le dan, de forma sistemática, la vuelta a todo). Así, siempre llegan tarde o, mejor dicho, y tal y como lo ve mucha gente normal que transita por la vida en Galicia, simplemente nunca están. Salvo para pedir confianza en el último minuto, para asegurar que ellos sí, ellos cumplirán con sus promesas a cambio del disputado voto. Claramente: el PP y el BNG se lo curran y no tienen vergüenza en presentarse en cualquier metro cuadrado de la Galicia rural o de la Galicia urbana. El resto, de verdad, no se lo curran, son tibios y timoratos y me atrevería a decir que tienen algo de vergüenza en “estar” con la gente. 

Finalmente, me queda por decir que, además, en estas elecciones no se puede (poder sí, pero no explica casi nada) hablar de la sobre representación existente de Lugo y Ourense, del mínimo del 5% o del efecto del sistema d'Hont. La izquierda tiene, en diputados y diputadas, lo que "mereció " en las urnas. Ni más, ni menos. Que, insisto, es casi lo mismo desde hace un montón de años. 

Lo pasmoso, lo realmente asombroso, es que desde la izquierda derrotada no se explique nada de todo lo realmente ocurrido. No hace falta tanta ciencia política para darse cuenta de lo que ocurre. Quizá con escuchar un poco, sería suficiente. Es que, si no se entiende y no se explica, no se corrige y si no se corrige el rumbo, para bien o para mal, los gallegos y las gallegas seguirán siendo “estables”. No sé si me entienden. 

Claro que, ¿Quién necesita ganar cuando puedes sorprender a todos con una derrota sin paliativos? @mundiario

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