Las guerras olvidadas (y 9): La inmigración y la acumulación originaria del capital

Inmigrantes llegados a Canarias en cayucos. / RR SS.
Inmigrantes llegados a Canarias en cayucos. / RR SS.
Las condiciones en que llega la mayoría hace que sean mano de obra dócil y muy barata para empresarios europeos de la agricultura, la hostelería, el turismo y el comercio minorista o el servicio doméstico.
Las guerras olvidadas (y 9): La inmigración y la acumulación originaria del capital

Seguramente los que me lean, si es que me lee alguien, se preguntaran que relación hay entre las guerras, la inmigración y la acumulación originaria del capital. Seguramente que mientras entre las dos primeras, guerras e inmigración, la cosa esta fácil (la gente emigra escapando de las guerras), resulta más complicado ver la relación entre estas dos y la acumulación originaria del capital. Intentaré explicarlo para que se entienda.

Empezaré señalando que uno de mis objetivos a la hora de escribir en este diario sobre las guerras olvidadas era, y sigue siendo, ayudar a comprender cómo la inmigración que viene de África (que se lanza a cruzar el Mediterráneo y el Atlántico jugándose la vida: cerca de 2.000 son los emigrantes africanos ahogados en lo que va de año) es fruto del papel que ocupa este continente en el sistema mundial capitalista: un papel periférico de suministrador de mano de obra y materias primas a los estados del Norte (Estados Unidos, Europa) y a potencias en ascenso (China, Países Árabes), así como de comprador tanto de productos manufacturados como de armamento. Un papel en el que las guerras, los conflictos internos e inter-países juegan un papel relevante.

Guerras y conflictos a los que no son ajenas, sino en muchos casos agentes activos, tanto las grandes multinacionales  como sus  respectivos países (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia, China….). Un papel en el que también ocupan un lugar estratégico tanto las deudas externas (como transferencia de capital de la periferia al centro) para lo que el oficio de las grandes instituciones financieras (FMI, BM) es decisivo, como el propio cambio climático (está comprobado que la subida de temperaturas empuja los vientos y las lluvias hacia el norte, provocando la desertización en el sur).

Centrándonos exclusivamente en las guerras en África (recoger todos los citados mecanismos de explotación de este continente exigiría escribir un libro), hagamos memoria histórica y pensemos en cómo, por ejemplo, se desarrolló el capitalismo en Gran Bretaña o Estados Unidos. El papel que, en el primer caso, desempeñaron las políticas de cerramientos que expulsaron por la fuerza a los campesinos de sus tierras y sus casas, viéndose obligados, bien a ofrecerse como siervos a los grandes terratenientes, bien a emigrar a las ciudades, donde el hambre, la miseria y las leyes (que castigaban duramente el estar sin trabajo y el pedir limosna) los obligaban a ofrecerse como mano de obra muy barata a una industria británica que estaba en ascenso.

En el segundo, ese papel lo desempeñó la mano de obra de color que era arrancada por la fuerza de sus países en África para, la que llegaba  viva luego de una cruel travesía, trabajar bajo la forma de esclavitud en las grandes explotaciones sureñas de algodón. Ese papel lo están desempeñando ahora las guerras en África, a las que se suman los efectos del cambio climático, que expulsan de sus territorios a millares de hombres, mujeres y niños, que huyen desesperados buscando en Europa lo que no pueden tener en sus países de origen. Las condiciones en que llega la mayoría (clandestinos, sin papeles, utilizados por mafias sen escrúpulos, hambrientos, enfermos, golpeados y perseguidos por las autoridades europeas) hace que sean mano de obra dócil y muy barata para empresarios europeos de la agricultura, la hostelería, el turismo y el comercio minorista o el servicio doméstico… La mayoría trabajando en lo que se da en llamar “economía informal”, donde por carecer en muchos casos de permiso de trabajo están sin derecho, o con menos derechos de acceso a protección y seguridad social, en muchos casos con salarios de miseria (cuando los tienen) y jornadas sin límite.

Es lo que K. Marx describió magistralmente como “acumulación originaria del capital” (El Capital, capítulos XXIV y XXV) que según aquél “viene a desempeñar en economía política el mismo papel que desempeña en teología el pecado original. Al morder la manzana, Adán engendró el pecado y lo transmitió a toda la humanidad. Los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse relatándoos como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos (se nos dice) había de una parte, una minoría trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra un tropel de descamisados, haraganes que derrochaban cuanto tenían y aún más, mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pellejo. De este pecado original arranca la pobreza de la gran mayoría, que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabajan no tienen nada que vender más que sus personas, y la riqueza de una minoría, riqueza que no cesa de crecer, aunque haga ya muchísimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar. Sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la esclavización, el robo y el asesinato: la violencia en una palabra”.

“El proceso que engendra el capitalismo” continúa Karl Marx “solo puede ser uno: el proceso de disociación entre el obrero y la propiedad sobre las condiciones de su trabajo” (entre los inmigrantes africanos y el trabajo en sus tierras): “proceso que de una parte convierte en capital los medios sociales de vida y producción, mientras que de otra parte convierte a los productores directos en obreros asalariados” (como está pasando actualmente con los inmigrantes africanos en Europa). “La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción” (que en el caso que nos ocupa provocan las guerras y el cambio climático expulsando, de forma violenta, a las familias africanas, mayoritariamente campesinas, de sus tierras y sus países). “Se llama originaria porque forma la prehistoria del capital y del régimen capitalista de producción”.

Un proceso que sigue hoy en día formando parte de la prehistoria de la mundialización capitalista, del capitalismo mundial. @mundiario

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