La guerra en Ucrania y las consecuencias de persistir en los dogmas

Estados Unidos y la Unión Europea, que están pagando caro sus dogmas ideológicos y sus errores de cálculo.
Emmanuel Macron, presidente de Francia y Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. / Consejo Europeo
Emmanuel Macron, presidente de Francia y Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. / Consejo Europeo

Los años transcurridos desde la criminal invasión de Ucrania por el ejército ruso (febrero del 2022) y la situación sobre el terreno debieran ser suficientes para que la Unión Europea se planteara la vigencia de sus iniciales análisis sobre el conflicto, y muy especialmente sobre lo acertado de su estrategia. 

            Si hacemos memoria recordaremos que las autoridades de la Unión Europea, y también de Estados Unidos, defendían que el conflicto sería corto y acabaría con la derrota inapelable de Rusia. La realidad es que va para cuatro años, que Ucrania soporta una guerra contra el invasor de la que -si siguen así las cosas- no se ve un final próximo, y en la que la derrota de Rusia tampoco parece lo más probable, sino que el asedio final a Kiev es el escenario que aparece como más posible. 

            ¿Qué ha pasado para que se llegara a esta situación? Que las autoridades de la Unión Europea y de los Estados Unidos no acaban de entender que estamos entrando en un nuevo orden mundial, con protagonistas nuevos en ascenso y protagonistas viejos en declive. Entre los primeros incluiría a los BRIC, liderados por China, entre los segundos a Occidente bajo el liderazgo de los Estados Unidos. Un nuevo orden mundial que está marcando la marcha de la guerra en Ucrania, donde el viejo orden pierde ante el nuevo.

            Las pruebas son concluyentes. Empezaría señalando que la estrategia de Occidente   -ayuda militar a Ucrania, sanciones y aislamiento a Rusia- está resultando ser un rotundo fracaso, y basta para confirmarlo con ver sobre el terreno cómo va la guerra. Si atendemos a las informaciones que suministra el ISW (Instituto para el Estudio de la Guerra), a finales de diciembre de 2025 Rusia tenía bajo control cerca de un 20% del antiguo territorio ucraniano y la progresión sobre el terreno, aunque lenta y muy costosa, sigue. Un territorio ocupado que incluye el 100% de las regiones de Crimea y Sevastopol, un 70% de Donetsk, Zaporiya y Jersón, un 5% de Járkov y un 1% de Sumy. Aunque la situación es volátil con estos datos hablar de derrota rusa no deja de ser un cruel sarcasmo.

            Se podría hablar también de las bajas humanas que las fuentes más fiables cifran en 1.500.000 soldados -según el New York Times, 1 millón serían rusos y 500.000 ucranianos-: un dato que deberíamos comparar con la población respectiva para tener una idea exacta del enorme desastre humano en cada país: Rusia (146,3 millones de habitantes), Ucrania (39,6 millones). La pregunta sería: ¿cuánto tiempo más puede soportar Ucrania esta sangría humana?

            En relación con el efecto económico del aislamiento y las sanciones que, según las élites europeas y estadounidenses iban a provocar la quiebra de la economía rusa, basta simplemente con analizar las evidencias para entender que no provocaron los efectos que se esperaban y que se puede hablar de un rotundo fracaso o, si se quiere utilizar un lenguaje más amable con Occidente, decir que hubo una evaluación incorrecta.

            En relación con las sanciones, señalar que, si acudimos a la Historia, comprobaremos que prácticamente todas fueron un fracaso y así está sucediendo ahora con Rusia. Podemos, por ejemplo, fijarnos en el caso de Cuba que lleva décadas sometida a un bloqueo y unas sanciones criminales sin que estas obtengan el resultado esperado, pues ahí está el régimen castrista luego de 67 años: lo están pasando mal, o muy mal, pero ahí están. Lo mismo sucede actualmente con Rusia: las sanciones no están dando el resultado esperado, pues Vladimir Putin parece estar hoy más fuerte que nunca.

            En relación al aislamiento que buscaba quebrar la economía rusa al frenarle las exportaciones de petróleo y gas, señalar que Europa y Estados Unidos ignoraron una realidad que se llama los BRICS, que acudieron en ayuda de Rusia (que fue uno de sus fundadores) y así ésta pudo cambiar el destino de sus exportaciones que ahora se dirigen a países más al este: China, India, Indonesia, y otros países del Sur global que cubren con holgura la oferta rusa y que, al dejar al dólar al margen de las transacciones que ahora se hacen en las respectivas monedas nacionales, provocan grandes superávits en la balanza de pagos rusa -con una tasa de cobertura en constante aumento-. Nada más lejos de una quiebra: según reconoce el propio FMI -al que no se le puede acusar de pro ruso- la economía rusa está creciendo a niveles superiores a la media mundial con cifras de récord – 4,1% en el año 2024 (200 billones de rublos, récord histórico)-; y por otra parte la guerra ha puesto a la industria armamentística rusa a trabajar a tope -las 24 horas del día y muy centrada en la fabricación de misiles-, con un efecto enormemente positivo en el empleo -el desempleo cayó al 2,25% a diciembre de 2025- y en los salarios -donde también se alcanzaron valores históricos en 2025: el salario medio con una cifra muy cercana a los 100.000 rublos/mes, con un crecimiento medio anual que se mueve entre el 4,5% y el 6,1%. Datos que indican que la economía rusa está muy lejos de la quiebra que vaticinaban los expertos occidentales. Por cierto, el rublo tampoco se desplomó como auguraban desde Occidente.

            No se puede decir lo mismo de la situación económica, incluso política, en la Unión Europea. Presa de sus dogmas (ordo liberalismo en lo económico, guerra fría en política exterior) no parece capaz de superar una onda larga de bajo crecimiento. Con unos niveles desconocidos de desigualdad (el 10% más rico de la eurozona posee el 57,3% de la riqueza neta total) y de pobreza (el 21% de la población sigue viviendo en la pobreza), un desempleo juvenil -que parece crónico- muy elevado (15%), unas deudas públicas incontroladas (87,4% del PIB en la eurozona, 81% en el total de la UE), y un gran atraso a nivel tecnológico (Europa está perdiendo la batalla tecnológica mundial. “Superar la brecha tecnológica de la eurozona se ha vuelto más urgente que nunca” (BCE), la Unión Europea no solo pierde peso en la economía mundial (si en 2011 era la primera potencia económica mundial en la actualidad es la tercera -14,8% del PIB- claramente superada por China y los Estados Unidos), sino que camina a nivel externo por una senda de dependencia creciente de los Estados Unidos (véase, por ejemplo, el acuerdo comercial firmado entre ambos) y de irrelevancia a nivel mundial.

            Éstas son, a grandes rasgos, las consecuencias más visibles, y seguramente relevantes, de la guerra en Ucrania y que tienen su explicación en los errores de análisis de Occidente. Errores que dejan al descubierto cómo los BRIC aparecen, hoy por hoy, más preparados que la Unión Europea y los mismos Estados Unidos para afrontar con garantías el nuevo orden mundial que se está creando que es diferente al que existía hasta hace unos años. Un nuevo orden que impactó en la guerra en Ucrania, quien paga las consecuencias de la persistencia de los dogmas que, al tiempo, impulsan el declive de la Unión Europea. Un nuevo orden que los BRICS parecen entender mejor que Estados Unidos y la Unión Europea, que están pagando caro sus dogmas ideológicos y sus errores de cálculo. @mundiario

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