El fraude fiscal y la corrupción se combaten con el euro digital

La próxima llegada del euro digital que trabaja el BCE promete controlar el dinero negro, la economía sumergida y el fraude fiscal. En España se calcula que el 25% del PIB está fuera de control.

Euro digital. / Mundiario
Euro digital. / Mundiario

Es una pena que en las próximas elecciones nadie se haga cargo ni le pase factura la muerte de más de 120.000 españoles por covid. Tenemos muy corta y mala memoria, aunque para lo que queremos. Por contra, todo son promesas. Cada cual promete más dinero, que se nota que “el dinero público no es de nadie” como dijo una antigua vicepresidenta de gobierno en un antojo. Debemos ser uno de los pocos países de Occidente que en las elecciones parece que valoramos más las promesas de futuro (incluso falsas), que el balance de las acciones de gobierno para captar el voto.

De igual forma que nadie se acuerde de las víctimas de COVID, y que se disputen e imputen a comunidades autónomas, o mejor dicho solo a una Autonomía (obviando las competencias centralizadas en materia de residencias de mayores), tampoco nadie se acuerda del dinero negro.

La próxima llegada del euro digital que trabaja el Banco Central Europeo (BCE) en sustitución del dinero en metálico, promete también controlar el dinero negro, la  economía sumergida y el fraude fiscal. Sólo en España se calcula que la economía informal representa el 25% del PIB.

Estamos como al principio. Muchas promesas para controlar desde hacienda el dinero negro de la corrupción, delincuentes y pagos en B, y no solo hemos avanzado más bien poco sino que se añade a la deuda histórica que ya acumula el país del orden de 1,5 billones de euros. La UE, que ha hecho la vista gorda sobre nuestro endeudamiento durante el COVID, ha vuelto a la carga y alerta a España sobre la falta de austeridad. De momento, a nadie preocupa en campaña porque seguro heredarán los que vengan detrás.

Entre la deuda y el dinero negro, hagan cuenta si esto no es falta de gestión económica. Algunos presumen de saber gestionar la economía mejor que los partidos del ala contraria. Lo cierto es que gastar y gastar no es gestionar. Eso lo sabe hacer casi cualquiera. Recortar gastos innecesarios y atajar el fraude fiscal que resta fondos al Estado es una tarea pendiente tanto de progresistas como de conservadores.

El euro digital tiene en teoría la virtud de controlar el dinero en efectivo en circulación y de vigilar los cobros y pagos que ya no podrán hacerse sin dejar rastro. Los pagos digitales en las plataformas online no hacen sino reforzar estas nueva realidad. Por eso, es de presuponer que el sistema de pagos digital mitigará los pagos en B y combatirá la economía sumergida con una bolsa actual difícil de meter mano pese a tantas falsas promesas. Además el euro digital estrechará el cerco a  la corrupción desbocada, el crimen organizado y  otras actividades ilícitas como la falsificación de billetes. 

A estas alturas, uno se pregunta por qué se refuerza el área de asesores de distintos altos cargos, y sin embargo no se contratan más inspectores fiscales para combatir el fraude. No será por falta de presupuesto sino de voluntad política. 

Pese a todo, la llegada del euro digital de hecho no será muy traumático para la mayoría de los ciudadanos que durante el COVID nos acostumbramos a sustituir el dinero en efectivo por la tarjeta de plástico o el Bizum. El Euro digital no evitará las policrisis, como la última de la sequía sin los deberes hechos, pero al menos facilitará y asegurará los pagos sin llevar tanto efectivo encima.

El euro digital cambiará algún paradigma que ya nos hace falta. También se dijo que los fondos europeos harían cambiar el paradigma del modelo productivo español. Y sin embargo, seguimos a la espera, porque aunque llegan esos 140.000 millones de Europa a cuentagotas, lo que está haciendo es recordar al nefasto Plan E con aceras y rotondas mientras se cuestionan  proyectos disruptivos que no sean de la cuerda ideológica en los sectores del futuro: economía verde y digital.

De ahí las quejas de CCAA ajenas al  gobierno de coalición que sufren por la falta de transparencia en  esos fondos al ver  bloqueadas las ayudas europeas por la burocracia del caciquismo político. 

El modelo productivo que se sepa sigue siendo el de antaño: el turismo de masa, la hostelería y el ladrillo aunque paradójicamente nos falten más de 1 millón de viviendas. El paradigma sigue innato aunque la digitalización afecte a todos los órdenes de la vida salvo el político y, la descarbonización llame a la puerta para combatir la sequía. La negación a  combatir el cambio climático con vehemencia no será por falta de fondos sino de ingenio. 

Lamentablemente el fraude fiscal está descontrolado si nos atenemos a la corrupción institucional, de partidos así como a la falta de transparencia y como no llegue pronto el euro digital, me temo que nos degradaremos como democracia. Ahora que todas las promesas cuestan dinero, que los responsables empiecen por hacer aflorar al menos 250.000 millones de euros anuales que esquivan el fisco. No me cuesta repetirme: no somos pobres, sino mucho dinero (negro) descontrolado. @mundiario

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