Los excesos de una instrucción

La instrucción que lleva realizando el juez Peinado en el llamado caso Begoña, que afecta a la esposa del Presidente del Gobierno, no se puede calificar de modélica y ejemplar.
Juan Carlos Peinado.
Juan Carlos Peinado.

Siempre se ha considerado la función del juez de instrucción como esquizofrenia, pues, en efecto tiene que llevar a cabo una labor profundamente contradictoria: indagar los indicios de culpabilidad del investigado, y, al mismo tiempo, garantizar sus derechos fundamentales, entre ellos, principalmente, el derecho a la presunción de inocencia.

En este sentido, la instrucción que lleva realizando el juez Peinado en el llamado caso Begoña, que afecta a la esposa del Presidente del Gobierno, no se puede calificar de modélica y ejemplar, sino de errática y, en ciertos supuestos, evidentemente equivocada: como tuvo que pronunciarse la Audiencia Provincial de Madrid.

La última diligencia acordada por el instructor de requerir todos los correos desde el año 2018 del servidor de Begoña Gómez, está viciada de exorbitancia, desproporción y abuso, lo cual la convierte así en contraria a Derecho.

Los excesos de la instrucción pueden conducir al desmantelamiento de un proceso que en líneas generales podría presentar indicios racionales de criminalidad y que por este modo de actuar del juez, pierde esta sustancial consideración. @mundiario

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