Europa a merced de suplantadores de los cuatro jinetes del Apocalipsis
Ahora que han pillado a Putin, Xi Jinping y Kim Jong-Un, practicando la masturbación mental con la biolongevidad, se alegra uno más que nunca del escaso número de telediarios que le quedan aquí para seguir viendo, oyendo, esperando cualquier aleteo de mariposa en Asia, en Moscú, en United States of America, de esos que todo indica que pueden acabar provocando terremotos en la vieja, cansada y decadente Europa.
Con todos los defectos que ha ido acumulando, a través de la historia, este continente icono de lo que se proclamaba como El Occidente: santo y seña cultural, intelectual, filosófico, científico, artístico, revolucionario, regicida, colonizador y exportador impenitente de virtudes y vicios por todos los rincones del planeta, se enfrenta ahora, en clara desigualdad de condiciones, a un tsunami de globalidad económica, pandemónica, polifémica, atómica (ustedes ya me entienden), en la que ya no pintamos nada, oye, por mucho que, subconscientemente, mantengamos la vana ilusión de ser el ombligo del mundo.
En el sentido de la palabra bárbaros , acuñado en la antigua Roma, estamos cercados por Atilas, Trump, Putins, Xi Jiinpings, reyes de los Hunos, de los otros y de los de más allá que, con una sola palabra suya (y ¡hay de alguno o alguna que no la obedezca!) movilizan a sus pueblos y no hay forma de evitar que, por donde pasen, no crezca la hierba, la economía, la Comunidad Europea, la democracia, la vida tal como se concibe por estos europagos.
La civilidad, el pacifismo, el existencialismo de brazos caídos que se ha impuesto en una Europa, comprensiblemente escarmentada de tanta sangre, tanto sudor y tantas lágrimas, derramadas en la cruenta tarea de regar nuestra historia hasta recoger la cosecha, todavía no consolidada, de la paz, de los derechos y libertades humanos, de esa diplomacia de poner siempre la otra mejilla, de encomendarnos, exclusivamente, a soldados de profesión y civiles con intolerancia al uniforme, expuestos y dispuestos a estar de mirones de hipotéticos cielos en los que pueden llover misiles, drones, artefactos de esos que no dejan piedra sobre piedra y sueño sobre sueño, nos puede enorgullecer como sociedad, pero nos deja a los pies de los caballos de desaprensivos jinetes del Apocalipsis, Putins, Xi Jinpings, Kim Jong -Uns, Trump, Polifemos de esos que alimentan de carne humana.
POSDATA.- Sin tener nada que ver con la reflexión que acabo de dejar al criterio del lector, no puedo evitar añadir algo que me pide imperiosamente el cuerpo: si en este país existiese un Presidente con vocación de servicio a los ciudadanos, hoy mismo saldría en el BOE el decreto de cese de Óscar Puente como Ministro de Transportes y la cosa. A Juan Tenorio, El Burlador de Sevilla y su “cuan largo me lo fiáis”, se le puede perdonar en la ficción, pero a este burlador de Valladlid, que tan largo nos ha fiado la normalización del transporte a distancia y de cercanías en el mundo real, hay que despedirlo como estrambótico maquinista de la general. @mundiario


