Plato del día

El ventrílocuo Pedro Sánchez y sus muñecas y muñecos

La célebre Mari Carmen, que en paz descansa, ya no puede. Pero José Luis Moreno, con su Monchito, su Macario y cuervo Rockefeller, que dieron tanto juego, debe estar poseído por la envidia contemplando a su colega en Moncloa que dispone de 17 marionetas parlanchinas para ofrecer al público un peculiar espectáculo.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. / La Moncloa.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. / La Moncloa.

Cada vez que aparece Pilar Alegría, a la sazón Ministra Portavoz del Gobierno, a informar de los contenidos de los Consejos de Ministros a las resignadas chicas y chicos de la prensa, resulta imposible evitar una evocación a Doña Rogelia, oye: esa venerable muñeca anciana cuya voz, cuyas ironías, cuyos retorcidos y amenos mensajes al público presente y al público televidente, salían de las entrañas de una célebre y celebrada ventrílocua. A esta Doña Rogelia de ahora, tan rubia ella, tan modosita, tan predecible a la hora de marcarse un malévolo meme (siempre a continuación de un educadísimo y reiterativo tic oratorio: si me lo permiten), se le nota mucho más que a la original que, su voz, sus ideas, sus oscuras intenciones, salen del estómago de un nuevo modelo de ventrílocuo, Pedro y sus muñecos, que han eclipsado los espectáculos del mismísimo y ya retirado Jose Luís Moreno.

Al señor Sánchez, que al margen de funestas manías de hacer odiosas comparaciones, ha convertido La Moncloa en un búnker, La Mareta en una especie de Guarida del lobo, el Falcon en su Junker Ju 52 y su posible porvenir en un guión actualizado de El Hundimiento que recientemente ha triunfado en las taquillas y  pantallas de cine, hay que reconocerle un mérito al que no tuvieron acceso ni Mari Carmen y sus personajes, ni José Luis y los suyos: la cantidad de muñecas y muñecos, con el más difícil todavía de ser de carne y hueso, a los que ha conseguido hacerles hablar con su estómago, repitiendo palabra por palabra sus ideas, sin salirse en ninguna ocasión del guión preestablecido.

Mismamente, el martes posterior al inolvidable lunes en el que el Presidente del Gobierno de todas y todos los españoles levantó un muro, otro más, entre jueces como dios manda y jueces que, como se dice en mi tierra, ¡manda carallo!, en tan solo 24 horas Doña Rogelia Alegría, perdón, Doña Pilar, volvió a las andadas, memorizó el argumentario y señaló a juezas y jueces que, por lo visto, se dejan llevar por la política en vez de atenerse a las leyes. Ni una sola palabra sobre políticas y políticos, algunos de ellos sentados en banquillos de los acusados que, casualmente, descubren su oculta vocación de dedicarse a impartir justicia.

En realidad, no tenemos en España un gobierno de eso que llamamos, con grandilocuencia institucional, ministras y ministros, sino un variado muestrario de muñecas y muñecos, manejados como marionetas por hilos y convertidos en papagayos (con cartera y coche oficial), eso si, a condición de ser las voces de su amo, o sea, del ventrílocuo de Moncloa que, paradójicamente, manejan por hilos desde Waterloo, desde Euskadi y desde Cataluña.

Cada uno de ustedes es muy libre de llamarle a esto Estado. Pero permítanme que me tome la licencia de considerarlo un circo que, a diferencia de aquel de los payasos de la tele, no alegra casi nunca el corazón… @mundiario

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