España apenas alcanza el 80% de la productividad media por hora trabajada en Europa
Acaba de celebrarse el Día Internacional de los Trabajadores. En el debate sobre el modelo laboral y económico español, uno de los temas más esquivos y menos confrontados públicamente –pero también uno de los más determinantes– es el bajo crecimiento de la productividad. Esta debilidad estructural no solo limita el potencial de aumento de la renta, sino que lastra también la competitividad, las oportunidades de empleo de calidad y, en definitiva, el bienestar de las generaciones futuras. Mientras Estados Unidos consolida su ventaja y la Unión Europea intenta no quedarse atrás, España parece cómodamente instalada en una zona de confort improductiva. Una comunidad como Galicia, aunque parte de una posición aún más rezagada, ha conseguido ciertos avances en la última década, pero su trayectoria también depende del rumbo general del país.
La productividad no es una entelequia técnica. Es, en esencia, la relación entre lo que se produce y los recursos que se emplean para ello: trabajo, capital, energía, tecnología, talento. Es el termómetro que mide cuán eficientemente funciona un sistema económico. Su impacto es directo en el crecimiento del PIB, la competitividad internacional y la capacidad de generar empleos dignos. A mayor productividad, mayores sueldos, más margen para reducir las jornadas laborales y más músculo para sostener el Estado del bienestar.
El panorama actual, sin embargo, es poco alentador. Según los últimos datos de la OCDE y Eurostat, España apenas alcanza el 80% de la productividad media por hora trabajada en Europa. Esa brecha no se cierra, y lo que es peor: no muestra signos de querer cerrarse. En paralelo, la UE se distancia de Estados Unidos, cuya economía es capaz de combinar jornadas más largas con una productividad que ronda los 80 dólares por hora trabajada, frente a los 42 de España o los 55 de la media europea. Es decir, Estados Unidos no solo trabaja más, sino mucho mejor.
Una observación superficial podría achacar el problema a una supuesta falta de esfuerzo. Pero los datos lo desmienten con claridad. En 2023, los trabajadores españoles registraron una media de 1.577 horas trabajadas, más que los alemanes (1.340) o los daneses, y por debajo de la media de la OCDE. Por tanto, el problema no radica en cuánto se trabaja, sino en cómo se trabaja. Grecia, con más de 1.930 horas anuales por trabajador, es un ejemplo de que el exceso de horas no garantiza mayor eficiencia ni riqueza.
Claves de un problema estructural
Entonces, ¿dónde está el núcleo del problema? La respuesta es incómoda: en la estructura económica. España depende en gran medida de sectores de baja productividad como el turismo, la hostelería o la agricultura tradicional, mientras que los países con mayor productividad concentran su actividad en sectores de alto valor añadido, como la industria tecnológica o los servicios avanzados. Es aquí donde la brecha se convierte en abismo.
La falta de inversión sostenida en tecnología y en investigación y desarrollo (I+D) es otro factor clave. Años de inversión por debajo de la media europea y muy lejos de países como Alemania, Países Bajos o Estados Unidos condenan a España a competir con ventaja mínima y márgenes estrechos. Y sin innovación, no hay productividad posible. A esto se suma una política educativa con déficits persistentes, escasa formación continua, y una desconexión preocupante entre el sistema educativo y las necesidades del mercado laboral. El capital humano está desaprovechado.
La cultura empresarial también tiene su parte de responsabilidad. En demasiadas pymes sigue imperando el presencialismo sobre los objetivos. La eficiencia del trabajo está mal medida y peor gestionada. En este contexto, plantear una reducción de la jornada laboral, como ha propuesto el Gobierno, puede ser una oportunidad para modernizar la economía. Pero también puede ser una trampa si se aborda sin una estrategia de fondo. Reducir horas sin elevar la productividad solo incrementa los costes laborales y debilita la competitividad.
El país necesita una transformación profunda y transversal
El propio presidente del Consejo de la Productividad, Juan Francisco Jimeno Serrano, lo ha advertido: el bajo crecimiento de la productividad es un obstáculo insalvable para el aumento de la renta. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, suele estar atento a que en un entorno de competencia global feroz, los pasos en falso pueden desembocar en deslocalización de empresas, pérdida de empleos y más precariedad. Por su parte, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, insiste en que trabajar menos puede ir de la mano de producir más, como demuestran algunos países europeos. Pero se olvida de que esos países han invertido intensamente en innovación, reorganizado el trabajo y apostado por la cualificación continua. Sin eso, no hay milagro posible. No hay atajos, ministra.
Galicia, por ejemplo, con una estructura productiva aún más dependiente de sectores de baja productividad, ha logrado avanzar en los últimos diez años. Pero sigue por debajo de la media española, que a su vez está por debajo de la europea. El progreso no será sostenible si el país no acomete un cambio de rumbo serio. El norte y centro de Europa, al igual que Estados Unidos, ya han entendido que el futuro pasa por la economía del conocimiento, la digitalización, la inteligencia artificial y la transición verde. España, por ahora, sigue mirando hacia otro lado.
La transformación que necesita el país es profunda y transversal. Exige reformas educativas de calado, estímulos fiscales a la innovación, una nueva cultura empresarial basada en la confianza y los resultados, y un compromiso político sostenido con la productividad como palanca de progreso. Solo así podremos aspirar a una economía donde trabajar menos sea compatible con ganar más y vivir mejor.
No se trata de resignarse al modelo actual, ni de rechazar la reducción de jornada por dogma. Se trata de hacer los deberes. La clave no está en trabajar menos sin más, sino en trabajar mejor. Y ese reto, hoy por hoy, sigue pendiente. @J_L_Gomez en @mundiario


