Galicia crece, pero sin suficiente reparto: luces y sombras del impulso económico gallego en 2024
En un contexto europeo marcado por el estancamiento y la incertidumbre, Galicia cierra 2024 con un dato macroeconómico que invita al optimismo: el Producto Interior Bruto (PIB) gallego creció un 2,8%, superando ampliamente el 1% de la Unión Europea y el 0,9% de la zona euro, e incluso dejando en evidencia la contracción por segundo año consecutivo de la locomotora alemana (-0,2%). Aunque el dato queda cuatro décimas por debajo del crecimiento español, refleja un vigor económico notable, sobre todo si se atiende al entorno.
Este dinamismo, subrayado en el último Informe de Conxuntura Socioeconómica del Foro Económico de Galicia, merece ser destacado. La recuperación ha encontrado impulso tanto en la demanda externa como en la interna, con un protagonismo ligeramente superior del sector exterior, responsable de 1,5 puntos del crecimiento del PIB. Las exportaciones gallegas crecieron un 3,6% en el año, muy por encima del 0,9% de las importaciones. Galicia consolida así su vocación exportadora, concentrada geográficamente en la UE y sectorialmente en el textil y el automóvil.
Desde la óptica de la oferta, la construcción lidera el crecimiento sectorial con un avance del 4,1%, seguida de cerca por la industria manufacturera (3,8%) y los servicios (3,3%). Son datos que apuntan a una economía que no solo aguanta el tipo, sino que parece encontrar nuevos motores de crecimiento.
Pero no todo lo que reluce es oro. El tejido productivo gallego sigue arrastrando una asignatura pendiente: la productividad. Galicia continúa cuatro puntos por debajo de la media española, y la brecha se acentúa en el sector primario, cuya productividad es un 24% inferior a la estatal. Este lastre limita la capacidad de crecimiento sostenible y competitivo a medio plazo.
Ralentización en empleo
Hay algo más preocupante: el dinamismo económico no se está traduciendo en una mejora clara del mercado laboral. Las principales variables del empleo –ocupación, afiliaciones, puestos equivalentes y horas trabajadas– muestran síntomas de ralentización. Aunque las afiliaciones a la Seguridad Social crecen un 1,7%, y la población ocupada un 1,4%, ambas tasas están por debajo de las registradas en 2023. Se suma a esto una recuperación desigual en términos de calidad y acceso al empleo: avanza el empleo indefinido, sí, pero no de forma suficientemente inclusiva ni con un ritmo que alcance a toda la población.
Además, el crecimiento del empleo se concentra en colectivos concretos: mujeres, población extranjera y perfiles con formación profesional o superior. La población activa crece por cuarto año consecutivo, pero lo hace fundamentalmente gracias al tirón del colectivo inmigrante, que crece un 10,7% frente al escueto 0,3% de los nacionales.
Galicia, en definitiva, está creciendo. Lo hace a buen ritmo y en comparación con el entorno europeo, de forma muy meritoria. Pero es un crecimiento que no termina de permear al conjunto de la sociedad, ni corrige las debilidades estructurales de su modelo productivo. El reto ahora es evidente: hacer que ese crecimiento se traduzca en más y mejor empleo, en una mayor productividad y en un desarrollo económico más justo y equilibrado. Porque de poco sirve que Galicia corra más si lo hace dejando atrás a demasiada gente. @mundiario


