Galicia, la nueva frontera del lujo inmobiliario discreto

Galicia tiene ante sí la posibilidad de construir un modelo propio de acogida al nuevo lujo inmobiliario, uno que no imite fórmulas ajenas, sino que potencie lo que la hace única: paisaje, cultura y calidad de vida.
Una casa de piedra a la venta en Brión (A Coruña). / Gexpa
Una casa de piedra a la venta en Brión (A Coruña). / Gexpa

Durante años, cuando se hablaba de ricos extranjeros comprando casas en la costa española, Galicia ni aparecía en la conversación. Marbella, Ibiza o la Costa del Sol se llevaban todas las miradas, con sus villas deslumbrantes y urbanizaciones de postal. Pero los vientos del mercado inmobiliario de lujo están cambiando, y Galicia empieza a situarse en el mapa de las grandes fortunas internacionales. Lo hace, eso sí, con un perfil muy diferente: más íntimo, más natural, más auténtico. Y esa puede ser su mayor fortaleza.

Según varias firmas de referencia en el sector consultadas por El País, desde el verano de 2024 se ha disparado el interés por propiedades de alto nivel en el norte peninsular, Galicia incluida. El caso gallego es especialmente singular, porque muchos de estos compradores no llegan por casualidad: tienen lazos familiares con la comunidad, o quedaron enamorados tras hacer el Camino de Santiago. Pero también se detecta un fenómeno nuevo: millonarios —alemanes, estadounidenses, canadienses— que buscan refugio frente al calor extremo del Mediterráneo o que huyen de la inestabilidad política de sus países.

Se trata de un lujo diferente al de Marbella o Ibiza: aquí triunfa la casa tradicional de piedra frente a la arquitectura ostentosa, el terreno amplio y verde en lugar de la piscina infinita, la privacidad frente a la ostentación. Galicia, sin pretenderlo, encarna ese “lujo silencioso” que tanto valoran quienes desean disfrutar de su riqueza sin estar rodeados de turistas o de otros millonarios. Es la antítesis del resort, y precisamente por eso empieza a ser deseado.

Además, el atractivo precio del metro cuadrado en Galicia —muy por debajo del de otros destinos de costa— multiplica la rentabilidad de la inversión, aunque, de momento, el porcentaje de compradores extranjeros siga siendo bajo (apenas un 2,19% en 2024, frente al 32,6% en Baleares o el 28,9% en la Comunidad Valenciana). Pero eso puede cambiar, y rápido. La compraventa de viviendas subió un 22,3% en Galicia el último año, la mayor subida del país. Y Pontevedra ha visto cómo el precio medio del metro cuadrado en el mercado prime se disparaba un 44%.

¿Está Galicia preparada para gestionar este cambio?

La pregunta, entonces, es clara: ¿está Galicia preparada para gestionar este cambio? Porque no hablamos solo de un fenómeno inmobiliario. Esta llegada progresiva de grandes fortunas puede suponer una oportunidad de desarrollo económico —revitalización rural, recuperación patrimonial, atracción de talento—, pero también entraña riesgos: gentrificación, presión sobre el acceso a la vivienda, pérdida de identidad local.

Galicia tiene ante sí la posibilidad de construir un modelo propio de acogida al nuevo lujo, uno que no imite fórmulas ajenas, sino que potencie lo que la hace única: paisaje, cultura, calidad de vida. Pero ese modelo debe planificarse desde ya, con visión y con cautela, para que el auge del interés internacional no arrase con lo que hoy la hace atractiva.

Porque si Galicia empieza a atraer a los ricos que no quieren parecerlo, no debería olvidarse nunca por qué quieren venir, y qué se debe proteger para que sigan viniendo.


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