¿Es justo culpar solo a Biden por los errores de los demócratas en 2024?
Tras la derrota frente a Donald Trump en las presidenciales de 2024, el Partido Demócrata enfrenta un momento de introspección necesario y, al mismo tiempo, complejo. Para algunos sectores, la explicación es clara: Joe Biden, al insistir en postularse a un segundo mandato a pesar de los cuestionamientos sobre su salud y edad, selló la suerte del partido. Sin embargo, otros actores dentro de la misma coalición política advierten que culpar exclusivamente al expresidente podría ser un ejercicio cómodo que impida una autocrítica más profunda y necesaria.
Uno de los juicios más contundentes provino del exasesor de Kamala Harris, David Plouffe, quien en el libro Original Sin no titubeó al señalar: “Nos jodió totalmente. Nos arruinó Biden como partido.” Esta afirmación resume el sentir de varios líderes demócratas que, como la expresidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, ven en la obstinación de Biden un error estratégico con consecuencias devastadoras.
Ciertamente, el deterioro cognitivo del presidente —insinuado durante meses y confirmado para muchos con su desempeño en el debate frente a Trump en junio de 2024— terminó precipitando su retiro de la contienda. Pero ese retiro ocurrió tarde: la vicepresidenta Kamala Harris tuvo que asumir la candidatura con apenas 107 días para organizar una campaña presidencial desde cero. Incluso figuras del entorno del exmandatario como el exsecretario de Transportes, Pete Buttigieg, han admitido, con el beneficio de la retrospectiva, que Biden no debió haberse postulado.
El problema, no obstante, va más allá del momentúm político. Si bien Biden tenía la posibilidad de ser un puente generacional, como alguna vez prometió, nunca se concretó una transición política clara ni se preparó a Harris —ni a otro liderazgo emergente— para asumir el protagonismo en caso de una eventualidad. Fue una omisión tanto del propio Biden como de su equipo más cercano, incluidos asesores y dirigentes del partido que lo respaldaron desde el inicio de su campaña de reelección.
Los errores estructurales del partido
Chris Korge, presidente de finanzas del Comité Nacional Demócrata, ofreció durante una entrevista con NBC News una perspectiva distinta y más amplia. “Echarle la culpa a Biden ahora es desviar la responsabilidad de los verdaderos responsables: los consultores, los gurús de campaña.” Con 1.400 millones de dólares recaudados, una convención bien ejecutada y una buena actuación de Harris en el debate, los recursos estaban allí. Lo que faltó fue una estrategia eficaz para capitalizarlos.
Esta visión encuentra eco en otros sectores del partido que ven fallas más profundas: una campaña desorganizada, una profunda desconexión con las preocupaciones económicas reales de la ciudadanía y una imagen del partido como una élite política cerrada. Para muchos demócratas lejos de la cabeza del partido la situación es clara: la dirigencia demócrata ha fallado en ofrecer una alternativa transformadora al modelo dominante al que tanto atacaba Trump.
En ese sentido, culpar únicamente a Biden, aunque tenga fundamentos, puede servir como cortina de humo para evitar cuestionar el enfoque general del partido. No solo hubo errores de liderazgo presidencial, sino también de visión política y estrategia electoral.
¿Qué sigue para los demócratas?
La publicación de libros críticos como Original Sin o Fight ha abierto el debate en público, detallando cómo figuras del entorno de Biden contribuyeron a ocultar sus limitaciones. Pero la conversación ahora debe girar en torno a los líderes que definirán el rumbo del partido en los próximos años. Trump ya ha cambiado el tablero político y el nueva oposición de EE UU debe adaptarse a esa nueva realidad.
La reflexión parece inevitable: ¿hasta qué punto el Partido Demócrata está dispuesto a renovarse internamente? ¿Se limitará a ajustar su estrategia electoral o replanteará sus prioridades programáticas? El riesgo de no hacerlo es evidente: repetir errores en los comicios de mitad de mandato o en las presidenciales de 2028.
La figura de Joe Biden es, sin duda, central en la narrativa de la derrota de 2024, pero es míope decir que su candidatura fue responsable de la derrota en las urnas. Su decisión de postularse, a pesar de las advertencias, tuvo un alto coste político, pero esa elección fue respaldada por gran parte del aparato demócrata que no estuvo listo para ofrecer una alternativa que atraiga a moderados y olvidados, por lo que ahora deben asumir su parte de responsabilidad.
La autocrítica debe ir más allá del líder saliente y apuntar a las estructuras y visiones que guiaron la campaña. Si el Partido Demócrata quiere evitar futuras derrotas, deberá cuestionar no solo quién lidera, sino también cómo y para qué.@mundiario

