Si Trump se hace con Groenlandia, ¿se lo va a impedir alguien?

El presidente Trump sabe muy bien lo que busca. La pregunta es: ¿sabrán todos los demás lo que están dispuestos a permitir?
Donald Trump, asomado sobre Groenlandia. / Mundiario
Donald Trump, asomado sobre Groenlandia. / Mundiario

Donald Trump vuelve a poner a Groenlandia sobre la mesa, no como una curiosidad geográfica ni como un posible socio estratégico, sino como un territorio que, si hace falta, podría ser tomado por la fuerza. Lo ha insinuado en una reciente entrevista en la cadena NBC News, donde, ante la pregunta de si descartaría una acción militar para hacerse con Canadá, respondió con cautela. Pero cuando se le preguntó por Groenlandia, fue mucho más claro: “Eso podría ocurrir”.

La excusa, una vez más, es la seguridad nacional. Un argumento elástico que ha servido para justificar desde guerras convencionales hasta políticas de injerencia. Según Trump, necesita Groenlandia “con urgencia”, y no duda en poner en cuestión la capacidad de Dinamarca para proteger adecuadamente este territorio autónomo. Para Washington, Groenlandia está desatendida y, por tanto, disponible. Para Trump, es un espacio vacío que se puede ocupar. Ley física de obligado cumplimiento.

¿Quién podría impedirlo? ¿Los 56.000 habitantes de Groenlandia? ¿Dinamarca, su metrópoli? ¿La Unión Europea? ¿La OTAN? ¿El derecho internacional? ¿La ONU? La pregunta suena retórica, pero encierra una inquietud real: ¿existe hoy un marco efectivo que pueda frenar las ambiciones de una gran potencia cuando decide actuar al margen de las normas?

No es la primera vez que el presidente estadounidense muestra interés por esta isla. Durante su primer mandato, intentó comprarla directamente a Dinamarca. Ante la negativa, aumentó la presión política y el discurso sobre la "necesidad estratégica" de su control. Ahora, en su segundo paso por la Casa Blanca, vuelve a sacar el tema, pero esta vez con un matiz aún más preocupante: ya no habla de comprar, sino de intervenir.

Los atractivos de Groenlandia

¿Qué es lo que hace tan valiosa a Groenlandia? Su importancia no reside únicamente en su posición geopolítica en el Ártico, sino en lo que esconde bajo su hielo: tierras raras, uranio, hierro. Recursos estratégicos esenciales en la carrera tecnológica y energética global. Y aquí aparece el telón de fondo de todo este asunto: la rivalidad con China. Trump sabe que Pekín domina el mercado mundial de tierras raras, y Groenlandia representa una vía para reducir esa dependencia.

Pero la cuestión va mucho más allá de una competencia entre superpotencias. Estamos ante una prueba más de que el orden internacional liberal, basado en reglas, está perdiendo peso frente a la lógica del poder crudo. Que un presidente estadounidense se permita siquiera deslizar públicamente la posibilidad de usar la fuerza contra un territorio perteneciente a un aliado occidental debería encender todas las alarmas.

El primer ministro groenlandés, Mute Bourup Egede, ha sido rotundo: “Groenlandia pertenece a los groenlandeses”. Pero sus palabras, tan dignas como necesarias, necesitan algo más que eco mediático: requieren respaldo político real, institucional, internacional. No puede ser que la autodeterminación de un pueblo dependa de su relevancia para las grandes potencias.

Si la comunidad internacional no toma en serio estas advertencias, si no refuerza el principio de integridad territorial, si no se planta ante el desprecio de las normas por parte de líderes poderosos, entonces no solo Groenlandia estará en peligro. Lo estará también el frágil equilibrio sobre el que se sostiene la legalidad internacional.

Trump sabe muy bien lo que busca. La pregunta es: ¿sabrán todos los demás lo que están dispuestos a permitir? @mundiario

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