¿Dónde está mi higuera?

Esos días de olas, en los que la palabra miedo no se encontraba en el diccionario y que hacía que nuestros padres desde la orilla, con dos voces, nos pusieran firmes.
Verano. / Archivo.
Verano. / Archivo.

Ahora que la estación del invierno terminó y la primavera comienza su curso anunciando la siguiente estación, con días más largos, subiendo poco a poco las temperaturas y muriendo cada vez antes para dar paso al siguiente escalón.

El verano, con los días más largos y propicios para el descanso, aparte de las vacaciones, hace que alguna vez recuerdes lo que fueron tus veranos.

No porque fuese ese tiempo, no porque fuese una época pasada, sino porque cómo sin tener otras obligaciones y otras miras, la vida se veía de otra forma.

Aquellos días en los que casi sin obligaciones el salir con los amigos era la única constante y mira que se tenía. Salir, la bicicleta, la playa con su cámara grande de camión incluida, donde el mayor peligro era darse con la válvula, que desde luego si te cogía te rajaba mejor que una navaja albaceteña.

Salir a pescar en tiempos en los que no se hablaba de cambio climático y con una simple caña de azúcar, sacada directamente de la tierra para este propósito, con un hilo y un anzuelo se traía un cubo de salmonetes, herreras, sargos y alguna que otra vieja, que picaba el anzuelo sin darse cuenta.

Esos años en los que salir a coger higos, chumbos, algarrobas, que por aquel entonces como ahora, sirven para alimentar a los cerdos y nosotros les dábamos el mismo uso, a modo de chicle, higos y brevas cogidos en la misma higuera y alguna vez comidos a la sombra del árbol, con la consiguiente diarrea por comerlos calientes y que todo se tornaba como una aventura más en un día más en el que no había nada más que pensar, ni asuntos por hacer.

Alguna novia de verano culminaba la estación y por supuesto, el cine al aire libre, ese cine que ya se ha perdido en la mayor parte de los pueblos y en los que se escuchaba la máquina mover las cintas y cuando se cortaba hacía que el respetable comenzase a organizar los escándalos.

Explorar cinco amigos una cueva con dos linternas, creo que ahí fue el germen de la prevención de riesgos, enviar notitas a la niña que nos gustaba, sin que nadie nos las interceptara.

Disparar con la escopeta de balines, algo que hoy en día desde luego sería imposible e inviable, así como así.

El paso del tiempo hace que todo eso lo recuerde uno con añoranza, e intente que los demás disfruten de la misma manera, como uno vivió sus tiempos.

Esos días de olas, en los que la palabra miedo no se encontraba en el diccionario y que hacía que nuestros padres desde la orilla, con dos voces, nos pusieran firmes.

De la misma manera me imagino que el lector tendrá sus propias historias y aventuras que contar, pero lo recordará de la misma manera que lo hacemos la gran mayoría y que ahora mismo les relato, con cariño y una sonrisa en la cara.

Aprovechen este verano difícil para algunos, complejo para otros pero, en definitiva, un verano más de nuestras vidas y debemos vivirlo de una manera responsable y utilizando todos los medios que tenemos a nuestro alcance, recuperar la lectura, recuperar la charla, recuperar el parchís, las cartas, que nos ofrece la brisca, el cinquillo y las siete y media, recurso final para un buen día.

Escuchar a nuestros mayores sus historias y hacérselas recordar, no sólo para escucharlo nosotros, sino porque ellos las vuelvan a vivir, que es un gran recurso para hacerles charlar y pasen un buen rato disfrutando nosotros de ellos y ellos de nosotros.

Visitar lo que tengamos más cerca, que ya durante todos estos meses lo hemos estado haciendo, pero ¿por qué no lo hacemos en todas nuestras provincias? Donde hay lugares interesantes, asequibles y algunos con historia, que cuando se habla de historia no debe de ser aburrida.

Y por mi parte siempre pensaré, ¿dónde estará mi higuera? que por tantos momentos me hizo feliz. @mundiario

Comentarios