Delcy Rodríguez y María Corina Machado se disputan la bendición de Washington
La política venezolana atraviesa una fase tan fluida como imprevisible. En cuestión de horas tras la caída de Nicolás Maduro, el país quedó sumido en un vacío de liderazgo que abrió una competición feroz entre Delcy Rodríguez, presidenta interina, y María Corina Machado, principal figura de la oposición. El terreno de disputa es evidente: convencer al presidente Donald Trump de cuál de las dos es la candidata adecuada para encabezar la transición.
Trump, cuya capacidad para virar de opinión es legendaria entre sus asesores, ha sido colocado en el centro del tablero por ambas lideresas. La Casa Blanca —donde sus colaboradores vigilan quién cruza la puerta del Despacho Oval como quien controla un tablero de inteligencia— se ha convertido en el escenario decisivo.
Unas horas antes de que Machado pusiera un pie en Washington para su reunión oficial, Delcy Rodríguez ya había conseguido una conversación telefónica con Trump gracias a la mediación del diplomático Félix Plasencia. Para el entorno de la presidenta interina, la llamada fue “excelente”; para ella, “cortés”. Pero, sobre todo, fue un golpe de efecto que evidenció su capacidad de adelantarse a la oposición.
Machado, por su parte, llegó a la capital estadounidense con la promesa de ofrecer a Trump compartir simbólicamente su Premio Nobel de la Paz, un gesto calculado para captar la atención de un mandatario que no oculta su fascinación por ese tipo de reconocimientos internacionales.
Sin embargo, la ofensiva diplomática de la opositora tropezó con un obstáculo inesperado: una rueda de prensa en la que Trump descartó su ascenso inmediato. “Sería muy difícil que ella liderara. No tiene el apoyo ni el respeto del país”, declaró. Venezuela quedó desconcertada: muchos daban por hecho que Machado sería la figura natural para la sucesión.
Detrás de ese giro había factores determinantes. Un informe de la CIA alertaba del riesgo de una sublevación militar si Machado asumía el poder, dado que los mandos siguen bajo la influencia del chavismo. A ello se sumaron las recomendaciones de Richard Grenell, asesor cercano a Trump y con vínculos fluidos con Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y artífice político del oficialismo. Esa combinación inclinó temporalmente la balanza hacia la presidenta interina.
Una Delcy Rodríguez atrapada entre Trump y el ala dura del chavismo
La posición de Rodríguez, pese a ser momentáneamente privilegiada, es extremadamente delicada. Debe simultáneamente satisfacer las condiciones de Washington —que incluyen negociaciones sobre petróleo, liberación gradual de presos políticos y apertura de la embajada estadounidense— y evitar que el chavismo más ortodoxo, encabezado por Diosdado Cabello, la acuse de claudicar.
Cabello, que domina los aparatos de seguridad e inteligencia, ve con recelo cualquier acercamiento a Estados Unidos, y su influencia puede convertirse en un factor desestabilizador dentro del propio oficialismo. La cohabitación entre los Rodríguez y los militares es precaria, y cualquier movimiento en falso podría fracturar al chavismo en un momento decisivo.
Trump disfruta la ventaja estratégica
El mandatario estadounidense, fortaleciendo por la intervención militar y por la desorientación regional generada, parece disfrutar del rol de árbitro absoluto. La Casa Blanca ha difundido incluso vídeos de carácter propagandístico, presentando a Maduro esposado y ridiculizando sus amenazas previas. Trump no oculta que se siente “a cargo” de Venezuela y alienta esa percepción mediante gestos provocadores, como una imagen editada en la que aparece como presidente interino del país.
Su postura, cuando menos ambigua, mantiene a ambos bandos venezolanos en estado de alerta permanente.
El ascenso imparable de Machado… pese al revés inicial
Aun así, descartar a María Corina Machado sería un error estratégico. Su capacidad de articulación, su presencia internacional y su liderazgo dentro del antichavismo la mantienen como una figura central. Incluso dentro de la oposición que opera desde Caracas —y que en ocasiones la tacha de radical— pocos disputan hoy su influencia.
Machado reafirma su posición con el respaldo explícito de Marco Rubio, secretario de Estado y figura clave en la política latinoamericana de Washington. Rubio ha apostado buena parte de su capital político en el debilitamiento del chavismo y ahora se enfrenta a un pulso interno con Grenell por definir quién controla la narrativa sobre Venezuela dentro de la Casa Blanca.
Un futuro abierto y lleno de incógnitas
Mientras tanto, opositores como Antonio Ecarri insisten en que solo una transición pactada, con acuerdos internos y garantías económicas reales, evitará que las próximas elecciones desemboquen en más conflicto. A su juicio, la oposición debe presentar un frente unido —dentro y fuera del país— para aprovechar el momento político y construir un consenso viable.
Pero Machado y su entorno consideran que cualquier transición asociada al chavismo está condenada al fracaso, un punto en el que coinciden también las petroleras estadounidenses, preocupadas por las deudas acumuladas y la falta de garantías jurídicas.
En ese escenario, la pugna Rodríguez–Machado por el favor de Trump no es solo una cuestión diplomática: se ha convertido en la clave que determinará quién emerge como líder legítimo en el día después del chavismo. @mundiario


