Crónica | El mundo se tambalea y España toma el pulso al vértigo

Los mercados siguen en caída libre y enlazan ya tres jornadas consecutivas de desplomes, con pérdidas que se extienden desde las bolsas asiáticas hasta los futuros de Wall Street. 

Una ilustración sobre la caída de las bolsas internacionales. / Mundiario
Una ilustración sobre la caída de las bolsas internacionales. / Mundiario

La incertidumbre ya no se mide en titulares, sino en sacudidas. Lo que parecía un sobresalto pasajero en los mercados globales se ha convertido en una hemorragia constante, con epicentro en Europa y réplicas inmediatas en los índices asiáticos y estadounidenses. España, como el resto del continente, observa el derrumbe con una mezcla de impotencia y ansiedad. El Ibex 35 ha encadenado su tercera jornada consecutiva de desplomes, perdiendo más de un 5% en una sola sesión. El sector bancario, una vez más, ha sido el epicentro del temblor: el Sabadell se deja casi un 9% y el Santander, un 7%.

El tsunami bursátil ha barrido sin contemplaciones los principales parqués europeos. El Euro Stoxx 50 cae un 6% y el DAX alemán, un 6,5%. El mensaje que mandan los mercados es inequívoco: miedo a una recesión provocada, esta vez, no por una pandemia ni una guerra en Europa del Este, sino por una vieja conocida: la guerra comercial.

El retorno de los aranceles y la doctrina Trump

Donald Trump, en su nueva ofensiva como inquilino de la Casa Blanca, ha reactivado uno de sus fetiches: los aranceles como arma política. En su punto de mira, de nuevo, Europa. Y entre las dianas, España. Un reciente informe elaborado por Estados Unidos enumera hasta 23 referencias a obstáculos comerciales con origen español, desde el sector audiovisual hasta la tasa Google, pasando por medidas regulatorias que Washington considera discriminatorias.

El efecto inmediato ha sido devastador: los inversores descuentan no solo un repunte de la inflación en EE UU, sino una ralentización del comercio global que amenaza con abortar cualquier atisbo de recuperación. El llamado “lunes negro” se cierne ya sobre Wall Street mientras Asia anticipa su propia caída en cadena.

Entre la defensa y la desconfianza: el espejo de la opinión pública

En este contexto de inestabilidad, la sociedad española parece haber interiorizado que el mundo ha entrado en una etapa de peligro crónico. Una encuesta de 40dB que publica El País revela que una mayoría clara de los ciudadanos apoya la creación de un ejército europeo y un aumento del gasto en defensa, una postura impensable hace apenas unos años.

La desconfianza es transversal. Rusia encabeza la lista de países que amenazan la paz mundial, seguida de cerca por Estados Unidos e Israel. Solo un 10% de los encuestados cree que el mundo será más próspero dentro de cinco años. Lo demás es miedo.

Cuatro de cada diez españoles están considerando seriamente preparar un kit de emergencia para resistir 72 horas sin ayuda externa. No es paranoia: es respuesta racional a una incertidumbre demasiado concreta. Jóvenes y mujeres lideran esta tendencia, según los datos del sondeo, en un giro sociológico que revela una profunda transformación en la percepción del riesgo.

El pulso político: auge reaccionario y refugios ideológicos

Mientras tanto, en el tablero político nacional, el descontento y la desazón encuentran cauces diversos. La extrema derecha, en su versión más institucional (Vox) y más contestataria (la marca de Alvise Pérez), ha alcanzado su techo demoscópico desde las últimas elecciones. Vox se mantiene por encima del 14% en intención de voto y Alvise roza ya el 3%.

El PP saca ventaja al PSOE por tres puntos, según el mismo barómetro, aunque la lectura más interesante la ofrece la socióloga Belén Barreiro: “quienes más sufren se refugian bajo el paraguas del partido socialista, mientras que quienes no padecen lo hacen en el PP”. Un país partido por la línea del dolor.

España ante el vértigo global

La fotografía es la de un país que observa cómo el mundo se desliza hacia una nueva era de inestabilidad estructural. La economía se tambalea, la geopolítica se encona, la ciudadanía se repliega y los extremismos escalan. Y, como telón de fondo, el regreso del trumpismo, no como anécdota, sino como amenaza sistémica.

España no es una isla, aunque a veces lo parezca. Su futuro inmediato depende tanto de los vaivenes del parqué como de las decisiones que se tomen en Washington, Bruselas o Moscú. Y lo que reflejan hoy los mercados, las encuestas y los discursos es una sola cosa: vivimos un tiempo que no entiende de certezas. Solo de vértigos. @mundiario

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