PLATO DEL DÍA

El confuso caso Ábalos y sus reskoldos

No creo que Joaquín Sabina, al escuchar a José Luís Ábalos declarar ante los periodistas: ¡Lo niego todo!, haya emprendido acciones legales para denunciarlo por plagio. Solo intuyo que, entre Ferraz, Ábalos y Koldo, están reproduciendo un Triángulo de las Bermudas en el que se arriesgan a desaparecer los intrépidos navegantes por los procelosos mares de la información.        
José Luis Ábalos, exministro de Transportes, y Koldo García. / RR SS
José Luis Ábalos, exministro de Transportes, y Koldo García. / RR SS

Ha cogido José Luís Ábalos, se ha sentado ante un juez del Tribunal Supremo y ha concentrado su derecho a la presunción de inocencia en tres palabras: Lo niego todo. Para mí que le ha hecho oídos sordos a su abogado de la defensa, a los abogados de la acusación, a los informes de la UCO, a los oficialmente proclamados bulos de los medios de comunicación que, casualmente, solo cojean del pie derecho (circunstancia que, según Pedro Sánchez, se ha extendido por los tribunales), y ha debido pasarse las vísperas de su calvario judicial escuchando, una y otra vez, la canción del mismo nombre de Joaquín Sabina: Lo niego todo: aquellos polvos y estos lodos.

Qué casualidad que el exministro y el prolífico cantante, cada uno de ellos en sus respectivos ocasos político y musical, hayan escogido el mismo camino para borrar las huellas de sus respectivos pasados, oye. Ambos saben que, en España, solo se tarda en olvidar las cosas del querer 19 días y 500 noches, pero, lo demás, o sea, por ejemplo las cosas del trincar, una semana mediática y como mucho dos docenas de sesiones parlamentarias, salvo que Feijóo y sus chicas y chicos del coro no cambien de disco rayado, claro.

Total: que ha sido escuchar el solemne alegato del señor exministro, y no he podido evitar trasladarme a los tiempos oscuros de la España machista, en blanco y negro, cuando uno de aquellos machos ibéricos, en aquellos casinos provincianos, si a un colega le había pillado su señora con las manos en la masa, ustedes ya me entienden, paliaba su angustia conyugal con un infalible bálsamo de fierabrás: ¡niégalo todo!. O sea, una especie de vergonzante “solo no es no”, cuyos resultados fallaban en una proporción similar al ahora antagónico y edificante “solo sí es sí” con el que, Irene Montero, cometió uno de esos fallos que se le atribuyen a las escopetas de feria.

Ahora, como te digo una cosa te digo la otra. Justo es reconocerle al señor exministro Ábalos su lícito derecho a proclamar a los cuatro vientos que, en realidad, no ha hecho nada. Ni como comisionista, mientras no se demuestre lo contrario, ni como ministro de Transportes, como muy bien pueden atestiguar los gallegos que han criado telarañas esperando el AVE; o los asturianos ante el dilema de si se tenían que ampliar los túneles o estrechar los vagones; o los extremeños, ¡pobrecitos míos!, que han llegado tantas veces antes a Madrid andando que en ferrocarril; o su sucesor, Óscar Puente, que se ha encontrado su despacho si el mínimo rastro (eso dice él), de ningún plan, ni lícito ni ilícito, de su antecesor en el cargo.

Progresa adecuadamente el acercamiento entre Moncloa y Ábalos; va tomando forma la figura de un escudo humano; se vislumbra en el horizonte un indulto a la medida de una posible víctima propiciatoria y, entre los rescoldos o reskoldos, vayan ustedes a saber, igual descubrimos un nuevo Triángulo de las Bermudas: Ferraz-Abalos-Koldo. @mundiario

Comentarios