Hay carencias del liderazgo de Feijóo que quedan al descubierto tras el caso Mazón

El recorrido político de Alberto Núñez Feijóo desde 2022 revela las debilidades de su proyecto nacional y su incapacidad para imponer autoridad dentro del PP.

Alberto Núñez Feijóo y Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana. / LaSexta
Alberto Núñez Feijóo y Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana. / LaSexta

Las peripecias vividas alrededor de Mazón en los últimos meses sintetizan bien las carencias más significativas que concurren en el liderazgo de Feijóo. Considerando lo acontecido desde el año 2022 y observando las cifras que están ofreciendo los últimos estudios demoscópicos, alguien podría reciclar la reciente afirmación dirigida por Sánchez a Feijóo en el Congreso y trasladar una contundente observación: "Alberto, nunca debiste atravesar los límites geográficos del territorio gallego".

Resulta indiscutible que el nivel de ambición política que encarna Alberto Núñez no entraba en el traje que venía utilizando desde el año 2009. Después de alcanzar cuatro mayorías absolutas en los comicios gallegos tenía pocos incentivos para seguir instalado en esa rutina. Deseaba llegar a la Moncloa antes de su jubilación y vio el cielo abierto cuando Isabel Díaz Ayuso y M. A. Rodríguez decidieron que Pablo Casado no era el dirigente títere que pensaban. Llamaron a San Caetano y constataron rápidamente que su inquilino estaba dispuesto a hacer aquello que había rechazado en el año 2018: entrar en la calle Génova por la puerta grande, aclamado, sin pasar por unas incómodas e inciertas primarias.

Feijóo llegó al centro de la política estatal con poca o nula experiencia en la gestión de tres asuntos de mucha relevancia en la agenda de la derecha política española: 1) cómo neutralizar el crecimiento electoral de Vox; 2) qué hacer para reducir o minimizar la capacidad de influencia de Díaz Ayuso en el electorado del PP; y 3) cómo conseguir la complicidad de la derecha mediática sin poseer la llave de los recursos públicos asociados al gobierno de una comunidad autónoma.

El expresidente de la Xunta estaba mal acostumbrado: Vox no existía en la Galicia institucional que él conoció; las peleas internas que mantuvo con la familia Baltar tuvieron un desenlace cómodo en el que ganaron las dos partes y, en el plano mediático, Núñez engrasó a los medios privados con generosas ayudas procedentes de los Presupuestos y controló con mano de hierro la CRTVG.

Perspectivas para el PP

Pasados tres años desde su instalación en la sala de máquinas del PP estatal, la evolución de los problemas antes citados no permite pronosticar una solución que sea satisfactoria para el político de Os Peares. El partido de Abascal sigue consolidando su espacio electoral porque, entre otras cosas, no está dando el resultado deseado la orientación de diluir numerosas líneas fronterizas entre las dos formaciones de la derecha (en el ámbito de la inmigración, en el territorio de la memoria democrática, en el tratamiento de las lenguas propias que son cooficiales en algunas comunidades autónomas, en la temática de los derechos LGTBI, en el posicionamiento respecto a la lógica que está aplicando Trump en las relaciones internacionales...).

Vox no debería ser considerado como un fenómeno pasajero al que solo se le apliquen juegos tácticos destinados a propiciar mejores cifras electorales en el corto plazo. Si Feijóo tuviera una solvencia política acorde con la teórica tarea que debería enfrentar —construir una fuerza política inspirada en las mejores tradiciones de la derecha democrática europea de las últimas décadas— tendría que definir una línea ideológica y política claramente diferenciada de lo que representa hoy Vox y hacer un trabajo de persuasión en aquellos segmentos de la población que tienen una mayor predisposición a conectar con las ofertas formuladas desde el PP.

Las peripecias vividas alrededor de Mazón en los últimos meses —incluido el reciente abandono de su puesto institucional— sintetizan bien las carencias más significativas que concurren en el liderazgo de Feijoo: incapacidad para demostrar su autoridad frente a un destacado dirigente territorial e inexistencia de una orientación táctica inequívoca que impida el seguidismo practicado con Vox desde el año 2023.

Alberto Núñez puede llegar a la Moncloa por la conjunción de dos factores: la existencia de una poderosa corriente internacional —que también opera en el interior de los sistemas políticos occidentales— favorable a las formaciones conservadoras e involucionistas (Trump, Meloni, Le Pen...) y la persistencia de importantes defectos que padecen las fuerzas que habitan en el universo de la izquierda. En cualquier caso, no alcanzará la presidencia del Gobierno estatal por méritos propios ni dispondrá de una mayoría absoluta semejante a la que obtuvieron, en su momento, Aznar y Rajoy. Tendrá que aguantar una hipotética —y conflictiva— alianza con Abascal que le hará recordar —con nostalgia— el "paraíso" político galaico que despreció por su insaciable ambición. @mundiario

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