Bergoglio criticó sin matices al país que construyó las catedrales de América
Es incuestionable que, al margen de otros sentimientos, el argentino de origen italiano, el Papa Bergoglio presenta con ser humano un perfil de sencillez y compromiso personal que ha marcado todo su pontificado, abriendo las puertas y, sobre todo los brazos de la Iglesia a sectores marginados, hasta ahora sin la menor posibilidad de ser acogidos, aparte de sus desvelos por los pobres, los emigrantes y los pueblos oprimidos. Se ha lamentado que a lo largo de su estancia al frente del Vaticano España no figure, entre sus viajes, especialmente, Santiago de Compostela, entre los 66 países visitados, teniendo en cuenta que en Galicia se encuentra uno de los tres faros de la Cristiandad con Jerusalén y Roma. Pero ese es otro asunto. Pero precisamente con respecto a España, aunque ya lo hiciera sus dos Papas precedentes, Bergoglio conectó muy expresivamente con el actual ambiente de crítica a la conquista de América, en sintonía con la exigencia de perdón que exigían personajes como el mexicano López Obrador o el mismísimo Evo Morales, quien, a llegar a Bolivia, le entregó un Cristo clavado en la hoz y el martillo. Era su noveno viaje a Hispanoamérica. Este hecho fue criticado por el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, por su manipulación de la religión con el fin de exaltar la ideología comunista. El Papa recogió tan insólito regalo no precisamente expresivo de la fe que iba a predicar.
Pero aparte de estas incidencias, la postura del Papa, sin otros matices, mereció algunas críticas precisamente de historiadores prestigiosos, quienes señalaron el contraste de sus palabras sobre el fondo de las catedrales e iglesias que hoy constituyen parte esencial de las naciones hispanas, de su historia y tradición. Si bien, los antepasados italianos de Bergoglio que emigraron a la Argentina no tienen relación personal alguna con la conquista, se consideró que quizá el Papa argentino debería haber matizado más sus palabras. Francisco fuera más allá de lo que hicieran el polaco Juan Pablo II y el alemán Benedicto XVI, pero de forma más reiterada. En 2021 entre el 27 y el 28 de septiembre que el Papa Francisco "pide perdón" a México en una carta difundida con ocasión del Bicentenario de la Independencia del que una vez fue el virreinato de la Nueva España. Fue él quien respondió a la petición del entonces presidente de México (descendiente de emigrantes santanderinos) Andrés Manuel López Obrador, tanto al Santo Padre como al rey de España, Felipe VI, quien obviamente no respondió. Es como si ahora los españoles exigiéramos a Meloni que nos pida perdón por la romanización de Hispania.
Aquella carta de Bergoglio provocara diversas reacciones en España. entre ellas la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que dijo que "a mí me sorprende que un católico que habla español hable así, a su vez, de un legado como el nuestro, que fue llevar, precisamente el español, y a través de las misiones el catolicismo, y por tanto, la civilización, la libertad, al continente americano". En su crítica al comportamiento de España a los pueblos originarios, en el caso concreto de México, ¿se refería también a la supresión de los sacrificios humanos y la antropofagia? ¿Y las Leyes de Indias, de Isabel la Católica, y el mestizaje y esas catedrales que dejó España como elementos visibles de la propia evangelización? La famosa carta, respuesta a López Obrador, publicada en el sitio web de la Conferencia del Episcopado Mexicano y leída en un video por su presidente, Mons. Rogelio Cabrera López, Bergoglio decía "para fortalecer las raíces es preciso hacer una relectura del pasado, teniendo en cuenta tanto las luces como las sombras que han forjado la historia del país. Esa mirada retrospectiva incluye necesariamente un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos. En diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización". ¿Y dónde queda todo lo positivo, las catedrales, las universidades, las leyes proyectoras de los nativos, el mestizaje, el idioma común, la propia expansión de la religión de la que el Papa es cabeza, etc...?
Palabras subordinadas a un clima político
Aunque, en ningún caso anterior, las palabras de un Papa se subordinaban a determinado clima político, desatado en algunos países que hablan español en América, como en éste, es cierto, como precedente, que Juan Pablo II (que ahora es santo) pidió perdón en 1992, desde República Dominicana, por "los abusos cometidos debido a la falta de amor de aquellas personas que no supieron ver en los indígenas hermanos e hijos del mismo Padre Dios". Pero le faltó precisar que la propia Reina de España de entonces quería otra cosa y estableciera las correspondientes leyes protectoras. También Benedicto XVI, en 2007. tras volver de Aparecida (Brasil), dijera que "el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano: no es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, a menudo pisoteadas en sus derechos humanos fundamentales". Y como todo humano, el Papa yerra, pues en todo caso, el continente sería Iberoamericano. Y como queda dicho y el Papa Francisco, en 2015 en Bolivia, pidió "humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América". Pero a nadie dio tanta satisfacción como al mexicano de origen santanderino, dejando en evidencia al Rey de España como en su carta pastoral a México. Nadie. @mundiario.