El avance del M-23 en el Congo: la importancia estratégica de la región de Kivu Norte
El grupo armado del movimiento del 23 de marzo, conocido como M-23, fue fundado en 2012 y tiene relación directa con el genocidio de la etnia tutsi provocado durante la Guerra Civil de Ruanda (1990-1994). Tras el derrocamiento del Gobierno genocida hutu, muchos ciudadanos ruandeses fueron desplazados a países vecinos, principalmente a la República Democrática del Congo (RDC).
Tanto hutus como tutsis se asentaron en campamentos de refugiados en la región congoleña de Kivu Norte, en la frontera con Ruanda, y formaron milicias encargadas de defender a sus respectivos pueblos, generando un ambiente de hostilidad y tensión en la región.
En este sentido, en 2004 nace el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), organización formada por tutsis congoleños en respuesta a las amenazas de guerrillas hutus como las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR).
Tras años de disputas entre las milicias hutus y tutsis, el ejército congoleño intervino en los enfrentamientos con el fin de acabar con la desestabilización de la región, lo que dio lugar en 2009 a la firma de un tratado de paz entre el Gobierno de la RDC y el CNDP.
A raíz de estos acuerdos de paz surge el grupo M-23 (2012), articulado por exmiembros del CNDP que consideraban que el Gobierno congoleño no estaba cumpliendo con las bases establecidas en el tratado de 2009, en concreto, defender los intereses de la etnia tutsi congoleña.
Desde su creación, el M-23 se ha ido expandiendo progresivamente por la región de Kivu Norte debido a su importancia geoestratégica para las relaciones comerciales y la movilidad entre la RDC y sus países vecinos (Ruanda y Uganda). Además, el territorio cuenta con una importante presencia de recursos mineros, principalmente coltán, clave para la elaboración de baterías y otros componentes tecnológicos y, por tanto, muy cotizado en la actualidad.
El 28 de enero, el M-23 tomó Goma, capital de Kivu Norte, gracias al apoyo del ejército ruandés. Mediante un comunicado oficial horas después de la caída de la ciudad, el presidente de la RDC, Félix Tshisekedi, incitó a la población congoleña a defender el país ante las tropas guerrilleras ruandesas.
Asimismo, desde el país congoleño se acusa a Francia de financiar al grupo M-23 debido a la buena relación entre Macron y Paul Kagame, presidente de Ruanda, quien se encuentra estrechamente vinculado a los intereses de Occidente en África. Estas acusaciones han desembocado en el incendio de la embajada de Francia en la RDC y otros actos vandálicos contra la figura del presidente francés.
La inexistente regulación de la demanda de minerales en el país da lugar a que se produzca su venta a Occidente de forma ilícita. Este hecho, junto con el apoyo del Gobierno ruandés al M-23, y la conexión entre Macron y Kagame, ha provocado la ira de la población congoleña, cuyo presidente no puede asegurar que no se produzca una escalada del conflicto. @mundiario.


