El auge del alquiler turístico estival: beneficios y riesgos
Cada vez más propietarios recurren al alquiler turístico estival, atraídos por unas ganancias superiores a las de cualquier otra época del año, sostiene Sandra López Letón, periodista de El País especializada en el sector inmobiliario, del que informa desde hace más de dos décadas. “El ingreso puede triplicar o cuadruplicar el de una semana en temporada baja”, subrayan propietarios que alquilan solo en verano.
Ahora, en pleno agosto, mientras el mercado inmobiliario tradicional levanta el pie del acelerador, hay un segmento que vive su temporada alta: el alquiler turístico. La demanda de segundas residencias en zonas de playa y destinos exclusivos se dispara y los propietarios encuentran en estos meses una oportunidad de oro para maximizar ingresos. Sin embargo, este fenómeno, cada vez más extendido, plantea también un debate necesario sobre su impacto en la vivienda habitual, la fiscalidad y la sostenibilidad del modelo.
Los datos son elocuentes. Según el Observatorio del Alquiler, España pasa de unos 418.000 apartamentos turísticos en enero a más de 610.000 en agosto. La razón es sencilla: la rentabilidad es muy superior. En destinos como Ibiza, Marbella o Mallorca, una semana puede superar los 3.300 euros y alcanzar los 25.000 en villas de lujo. Sanxenxo, a este paso, no tardará en igualar esas cifras. Para muchos propietarios, estos ingresos suponen en tres meses lo que sería improbable conseguir en el resto del año. No es casual que cada vez más propietarios –sobre todo con segundas residencias– se sumen a este modelo estacional.
Detrás de las cifras hay distintas motivaciones. Hay quien alquila su chalé solo en agosto y logra ingresos suficientes para mantener la vivienda durante todo el año. Otros, como los propietarios de villas en Baleares, ven el arrendamiento estival como parte de una estrategia financiera: generan ingresos elevados, mantienen el uso personal del inmueble el resto del año y delegan casi siempre la gestión a empresas especializadas. Claro que, a la vez, la falta de vivienda para temporeros agrava la crisis de personal en la hostelería de poblaciones como Sanxenxo. Los precios del alquiler turístico, disparados, y el miedo de los propietarios a arrendar por temporada agravan la falta de personal en la hostelería que debe desplazarse a su destino de trabajo.
El fenómeno, sin embargo, va más allá del negocio individual. La proliferación de alquileres turísticos tensiona la oferta residencial y encarece la vivienda en muchas zonas costeras y urbanas. En municipios como Torrevieja, donde solo un tercio de las viviendas están registradas como residencia habitual, la presión sobre los precios es evidente. Además, la necesidad de inscripción en el Registro Único de Alquiler Turístico, las comisiones de las plataformas, los costes de limpieza y la tributación obligan a profesionalizar la gestión y asumir que no todo son beneficios netos.
Un motor clave dentro del mercado inmobiliario español
El mercado del lujo también se ha sumado a la fiebre estival. Entre julio y septiembre, los ingresos en villas de muy alto nivel pueden superar los 150.000 euros brutos. En Denia o Jávea, las rentas mensuales en plena temporada alcanzan hasta 40.000 euros. “Alquilar únicamente en verano permite una alta rentabilidad sin renunciar al disfrute personal”, aclaran desde Sotheby’s International Realty. No obstante, incluso en estos segmentos exclusivos, la competencia es cada vez mayor y la gestión exige experiencia para maximizar resultados.
Mientras tanto, el mercado inmobiliario tradicional empieza a diluir su estacionalidad. Según la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias, cada vez hay más operaciones de compraventa en verano y muchos compradores aprovechan las vacaciones para visitar propiedades con más calma. Las agencias de lujo en Marbella o Ibiza confirman un incremento notable de clientes extranjeros, interesados tanto en pasar sus vacaciones como en invertir. Sanxenxo se perfila como una importante alternativa desde Galicia.
El alquiler turístico estival ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en un motor clave dentro del mercado inmobiliario español. Sin embargo, su consolidación obliga a replantear estrategias públicas y privadas para evitar desequilibrios: es necesario compatibilizar el aprovechamiento turístico con el acceso asequible a la vivienda, evitar la especulación y garantizar transparencia fiscal. Si la rentabilidad es el gran atractivo, la regulación será, tarde o temprano, el gran desafío. @mundiario



