Las abogadas de As Conchas: justicia frente a la impunidad ambiental
Dos abogadas impulsan la primera sentencia en Europa que vincula la contaminación del agua por ganadería industrial con la vulneración de derechos fundamentales, al lograr una histórica condena a la Xunta y a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil por el caso del embalse de As Conchas.
La sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) sobre el caso de As Conchas define, en términos jurídicos y ecológicos, un antes y un después en la lucha contra la contaminación provocada por la ganadería industrial. Pero lo que realmente marca la diferencia en esta historia es el papel de dos mujeres que se negaron a mirar hacia otro lado: Nieves Noval y María Victoria Hormigos. Dos abogadas que, con determinación y un compromiso poco común, han logrado sentar en el banquillo no a una empresa, sino al propio sistema.
Lo han hecho desde dos organizaciones ecologistas –ClientEarth y Amigas da Terra–, conscientes de que, en los pueblos más afectados por este tipo de contaminación, acudir a los tribunales no es solo un camino incierto, sino directamente imposible. Las comunidades rurales, como las de Lobeira, carecen de recursos para emprender batallas legales que exigen años de preparación, peritajes científicos complejos y una estrategia jurídica sofisticada. Lo ocurrido en As Conchas es el resultado de casi tres años de trabajo minucioso, durante los cuales se reunieron pruebas, se escuchó a los vecinos, se consultó a expertos y se diseñó una demanda sin precedentes.
La clave de la estrategia fue apuntar a las administraciones por inacción, no a las empresas ganaderas directamente. Noval y Hormigos sabían que la vía más transformadora era la de los derechos fundamentales. Y acertaron. El tribunal ha reconocido que los vertidos tóxicos al embalse vulneran derechos básicos de las personas que viven en la zona. No se trata solo de olores insoportables durante meses, ni de la imposibilidad de abrir una ventana en verano, sino de una amenaza constante para la salud y la dignidad de los vecinos, que han estado respirando bacterias resistentes a antibióticos y viviendo junto a un ecosistema colapsado.
La sentencia es histórica: obliga a la Xunta y a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil y Limia a reparar el desastre ecológico y a indemnizar a los vecinos con hasta 30.000 euros mensuales mientras persista la vulneración de derechos. Y, aunque aún no es firme –las administraciones ya han anunciado recurso al Supremo–, el precedente está ahí: por primera vez en Europa, un tribunal vincula de forma directa la ganadería industrial y la contaminación del agua con la violación de derechos fundamentales.
Sin embargo, en lugar de asumir la responsabilidad y actuar con diligencia, las administraciones prefieren estirar el proceso judicial, negar lo evidente y perpetuar la indefensión de los afectados. Es un patrón demasiado conocido en los conflictos ambientales: la burocracia se convierte en trinchera y el ciudadano en rehén. Las palabras de Hormigos en una entrevista concedida al diario El País son demoledoras: “En vez de decir ‘tenemos un problema, hay que arreglarlo’, dilatan lo que puedan que estas personas vean restablecido su derecho”.
Mientras tanto, el impacto del caso se extiende. Las abogadas están recibiendo llamadas desde decenas de pueblos europeos con problemas similares. La polución provocada por las macrogranjas no es una excepción gallega, sino un modelo industrial insostenible que amenaza la salud pública, el medio ambiente y el futuro del mundo rural. Lo que ha pasado en As Conchas podría ser solo la primera ficha de un dominó legal que cambie las reglas del juego en Europa.
Nadie lo diría al verlas ahora, emocionadas, tras recibir la sentencia, pero Noval y Hormigos no eran expertas en bacterias ni en contaminación hídrica cuando empezaron. Aprendieron. Se rodearon de científicos. Estudiaron hasta entender cada componente tóxico, cada impacto sobre la salud, cada grieta legal que podían aprovechar. Lo hicieron por los vecinos, pero también por convicción. “Cuando ves lo que hay, haces el caso tuyo”, dice Noval. Y ese es probablemente el mayor valor de su trabajo: que no se limitaron a ejercer como abogadas, sino como defensoras de un territorio, de una comunidad, de un derecho esencial a vivir sin miedo ni pestilencia.
Las abogadas de As Conchas recuerdan que el Derecho, cuando se pone al servicio del bien común, puede ser una herramienta poderosa para desafiar al poder. Pero también que la justicia, para llegar, necesita valentía, empatía y perseverancia. Ojalá cunda el ejemplo. @mundiario



