El cafetal

Café. / Pixabay
Café. / Pixabay

El primer país productor de café es Brasil, aunque la agencia neoyorquina Doyle Dane Bernach inventó el personaje de Juan Valdés para la televisión.

 

El recolector acababa de acceder a la ladera, donde las cerezas del aquel cafeto convivían con algunos árboles frutales, como los platanales. Después, aquellas cerezas adquirirían los matices de los árboles adyacentes, dando un sabor matizado al consumidor de toda humeante taza de café de selección.

Aquel día era un día caluroso y el recolector se pasó una mano por la frente sudorosa. Su visión estaba acostumbrada a diferenciar con facilidad los granos maduros de los verdes, y cogía uno a uno los granos rojos, dada la variedad de ese cafetal. Pasó toda la larga jornada de sol a sol mirando y recogiendo, recogiendo y mirando, y cuando cargó en su mula todo el trabajo calculó que allí habría al menos unos cien kilos.

Sonrió por el trabajo hecho y emprendió el descenso de la ladera, rumbo a su casa, a través de cuyo descenso iba aumentando de tamaño, hasta hacerse bien visible la sonrisa de su mujer, en la puerta de su hogar.

Según un interesante libro sobre el café, titulado El arte del café algunas hipótesis apuntan que "el café tiene su origen en Etiopía, en las altas mesetas, en la época del antiguo reino de Abisinia (…) Cruzó el mar Rojo en el S.X y fue apreciado por sus efectos estimulantes en el mundo arabo- musulmán, donde el consumo de alcohol estaba prohibido”. De Bolivia a Ruanda el café se cosecha durante todo el año (de enero a diciembre), aunque según el país concreto solo durante algunos meses.

"La cosecha de las cerezas es, sobre todo, manual. Los recolectores cosechan únicamente las cerezas maduras, no dañadas, rojas o amarillas, según la variedad, y dejan las cerezas que están demasiado maduras o no lo suficiente (oscuras o verdes). Como no todas las cerezas maduran a un tiempo hay que repetir la operación varias veces, lo que garantiza una mejor selección. Por lo general, a los recolectores se les paga al peso, y pueden recoger entre 50 y 120 kg de cerezas al día. En la cosecha mecánica, las máquinas sacuden las ramas de los cafetos y hacen que caigan solo las cerezas maduras, pero estas máquinas solo existen en plantaciones de altitud modesta y laderas poco escarpadas."

El libro al que me he referido antes, y del que he extraído toda esta información es una auténtica monografía sobre el café, tanto para el gourmet, como para el interesado en saber algo de su interesante proceso antes de degustarlo.

A grandes rasgos, las fases posteriores son secado, limpieza y selección. Dentro de la selección hay, a su vez, cuatro etapas. “En la primera se separan mecánica o manualmente los granos densos de buena calidad de los ligeros (de mala calidad) Los granos defectuosos no terminan en la basura. Existe un mercado para los granos malos (mezcla de expreso, café instantáneo…)”.

En este punto desearía detenerme. Toda mi vida me ha fascinado el olor del café, pero difícilmente encontraba un café cuyo sabor me satisficiera, ni de lejos como su olor, y no distinguía tampoco el café malo del bueno, por así decirlo. El café de selección. Un café gourmet, bastante más caro, pero de un sabor inigualable. Si eres cafetero no puedes dejar de visitar dos lugares cuyo café me ha conquistado.

Uno de ellos se llama Waco, y está en un callejón del centro de la ciudad donde ahora resido, famosa porque alberga la Torre de Hércules. Tomo nota de sus huevos benedictinos para ver si se igualan a su café.

A esta cafetería acudí a su vez por otra que me encanta en todos los sentidos y se llama Doña Bárbara.

Aunque pudiera parecer que homenajea a un culebrón (en” Santa Bárbara” comenzaba a actuar una jovencísima Robin Wright Penn, casada en su día con Sean Penn, ex marido de Madonna, pero no quiero salirme del tema de hoy) y es que este sábado hizo exactamente un año que sus dueños, dos jóvenes muy amables, iniciaron su andadura abriendo este local. Es muy pequeñito, coqueto y huele siempre fenomenal, no solo por su café- estoy abonada al flat White, con doble carga de café- sino por la repostería que ofrecen, desde brownies hasta cookies, pasando por bizcochos de pistacho y canela, y trenzas de canela o chocolate y avellanas.

Cierto que en 2008 hubo una telenovela con ese nombre, Doña Bárbara, pero los dueños de este lugar le pusieron ese nombre pues en su país natal Doña Bárbara es una obra  literaria -escrita por Rómulo Gallegos- de lectura obligada en el colegio como aquí lo pueda ser El Quijote. Así que nada de culebrones.

SUNRISE TO SUNSET

Una joven parisina acababa de entrar en la cafetería, con su vestido último modelo, sunrise to sunset, el color del verano por sus degradaciones de luz.

Se lo habían hecho a medida en una maison francesa. Cuello halter, color degradado de una salida a una puesta de sol. Declinado de amarillo a naranja intenso, muriendo en intensidad al final de su falda tableada. Septiembre anticipaba el final del verano, pero como no quería desprenderse de la plácida sensación de la estación más cálida, optó por un cold brew, mezcla de café y tónica, combinación explosiva en paladar, tanto por su sensación burbujeante como por el toque exótico de la bebida.

Era una chica extranjera y como todos los "guiris" en cualquier ciudad visitó los principales monumentos; uno de ellos no podía dejar de ser el faro vivo más antiguo de la actualidad. La torre de Hércules.

El monte de San Pedro era otra visita obligada. Cuando se cansó de las vistas aéreas de la ciudad, emprendió el difícil descenso hacia el centro, pero por el camino reparó en una cafetería coqueta con un je ne sais quoi. Por algo se llamaba La Provenza, pero ya no le apetecía un café, sino un dulce. La encargada le propuso un croissant o un trozo de bizcocho de Nutella y nueces.

Pese a estar de vacaciones y como no quería renunciar a sus orígenes, se decantó por el primero y mientras bajaba la cuesta, concluyó que había merecido la pena.

La Provenza es otra cafetería digna de mención por sus riquísimos cruasanes de mantequilla- no son de este mundo-o por su espectacular bizcocho de Nutella y nueces, este para paladares más resistentes por su alto poder saciante. La persona que regenta La Provenza es de las pocas personas que conozco que te llama por tu nombre y se sabe todos los nombres de los asiduos a su tienda, algo que es muy de agradecer hoy en día donde parece dominar la prisa para cualquier tipo de conversación, o incluso de cortesía en las relaciones.

Entre café y café, estos días los noticiarios han proporcionado hasta la saciedad datos sobre la muerte de la reina Isabel II, especulando sobre si el rey emérito Juan Carlos I debería o no asistir, dados los acontecimientos de los últimos tiempos que rodearon a su persona. Pero su asistencia no debería estar rodeado de polémica, pues se trata de una muerte- acto privado, en donde hay un ligero parentesco y había buena relación entre ambos- según algunos diarios él se dirigía a ella como querida tía Lilibeth- aunque en este caso el funeral esté revestido de todo el boato que corresponde a un rey (reina) que ha gobernado durante la friolera de setenta años.

Si doña Bárbara fuera Lady Bárbara, acudiría al sepelio de la reina madre sin grandes aspavientos y le ofrecería un café de selección que Isabel II acogería con sus enguantadas manos.

Isabel II deja en su lugar a su hijo, que es rey a la edad de 72 años; según varios articulistas de La Voz de Galicia, Carlos III está lleno de manías: debe ducharse con agua tibia, la pasta dentífrica debe estar colocada en el cepillo de dientes, pues no la puede tocar antes de cepillárselos, e incluso en su desayuno debe haber siempre dos ciruelas (si mal no recuerdo creo que esa era la fruta) pero solo desayuna una, y se incomoda si pese a comer solo una no hay las dos de rigor. Probablemente hayan saltado las alarmas cuando el mismo rey, ante las cámaras, ha obligado a retirar la bandeja de plumas que estaba a su lado con una mueca de grima en el rostro.

Esta semana hemos asistido a tres muertes significativas, la segunda, la del famoso cineasta Jean Luc Godard, que falleció de muerte asistida en Suiza, decisión que pese a su avanzada edad, todavía me sorprende y en cierto modo entristece.

A sus 91 años ya había vivido lo suficiente y la libertad era la máxima de este cineasta, a juzgar por sus palabras: “El cine es lo único que nos ha dado un signo. Los demás nos han dado órdenes …”. Sin embargo, yo sigo creyendo en el sol de la vida. La muerte de propios y extraños nos sorprende cuando es inesperada, como en el reciente fallecimiento por muerte natural del escritor Javier Marías a la edad de 70 años, una gran pérdida para la literatura según los que lo han leído; yo no, aunque he leído varias de sus entrevistas y me parecía un hombre cabal, que como curiosidad anecdótica seguía usando máquina de escribir.

En mi reciente artículo, Día de sol, intentaba poner por escrito la conmoción por la muerte inesperada de una vieja compañera de mi anterior trabajo, y dado que este artículo versa sobre el café, un café disfrutado sin prisas puede ser también un instante de sol. A ello me refiero en mi libro Palabras luminosas para tiempos inciertos, bajo el epígrafe La taza de café.

La siguiente novela que espero vea la luz no dentro de mucho contiene una escena referida a este agradable placer de beber café en una taza. Como suele suceder a todos los que escriben, las impresiones y experiencias personales se intercalan en las vidas de los personajes, contribuyendo a darles forma real; por eso, la protagonista disfruta de una taza de café, lo que le hace rememorar otros cafés disfrutados en el pasado, llegando a la conclusión de que el aroma del café es muy superior a su sabor. Ahora, gracias a las cafeterías de selección eso ya no me ocurre. @mundiario

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