La UE busca un papel político en el nuevo orden en Gaza: la proyección de Europa en el mundo
La Unión Europea intenta recuperar protagonismo en Oriente Próximo tras haber quedado al margen de las negociaciones encabezadas por Washington para alcanzar el alto el fuego en Gaza. Bruselas reclama ahora un asiento en la llamada Junta de la Paz, el órgano internacional de supervisión propuesto por el presidente de EE UU, Donald Trump, dentro de su plan de 20 puntos para el futuro de la región. La UE no quiere limitarse a financiar la reconstrucción, sino garantizar que su voz tenga peso político en el rediseño del equilibrio postconflicto.
El plan de Trump, que ha propiciado un frágil cese de hostilidades, contempla la creación de una autoridad tecnocrática que gestione Gaza bajo tutela internacional. Este esquema estaría supervisado por la Junta de la Paz, presidida por el propio mandatario estadounidense y con el ex primer ministro británico Tony Blair como miembro confirmado. Bruselas aspira a formar parte de este organismo antes de que finalice el año, aunque diplomáticos europeos reconocen que todavía se desconocen los detalles concretos de su estructura y funciones.
El interés europeo en incorporarse a la Junta responde a un doble propósito: ejercer influencia política en las decisiones clave y evitar quedar relegada al papel de mero financiador de la reconstrucción. Sin embargo, esa ambición contrasta con la falta de consenso entre los Veintisiete, evidenciada por la reciente decisión de no activar sanciones contra Israel por sus acciones en Gaza, pese a las violaciones de derechos humanos documentadas durante la ofensiva.
El documento interno de trabajo de la UE, al que tuvo acceso El País, deja clara la estrategia europea: reforzar los lazos diplomáticos con Washington, apuntalar a la Autoridad Palestina y defender la viabilidad de la solución de los dos Estados. Bruselas considera que el plan de Trump menciona este principio de forma “demasiado vaga” y busca ahora “reforzar un relato positivo” que preserve la idea de un Estado palestino soberano.
El poder de la UE no se traduce en influencia real
Los ministros de Exteriores de la UE también debatieron medidas para desbloquear las transferencias financieras retenidas a la Autoridad Palestina y contener la expansión de los asentamientos israelíes, en especial el polémico proyecto E1 en Cisjordania, que amenaza con fragmentar el territorio palestino y aislar Jerusalén Este. Estas cuestiones, subraya el informe, “socavan directamente la viabilidad de la Autoridad Palestina”.
En paralelo, Bruselas prepara un plan económico de largo alcance para la reconstrucción de Gaza. Entre las propuestas figuran la participación del Banco Europeo de Inversión (BEI), la movilización de capital privado y la creación de una zona económica especial con facilidades comerciales. Todo ello se articularía a través del futuro Grupo de Donantes para Palestina, que contará con participación de países del Golfo y otras potencias internacionales.
Pese a los esfuerzos diplomáticos, la UE enfrenta un dilema estructural: su capacidad económica no se traduce en influencia política real. La congelación de las sanciones a Israel y la división interna entre los Estados miembros debilitan su posición frente a EE UU y las potencias regionales. En este contexto, el asiento en la Junta de la Paz no solo simboliza el intento de recuperar relevancia, sino también la necesidad de redefinir la política exterior europea ante un escenario donde Washington impone las reglas del juego.
La UE busca así volver al centro del tablero en Oriente Próximo. Pero para lograrlo, deberá demostrar que su compromiso con la paz va más allá de los fondos: requiere coherencia política, unidad interna y la capacidad de dialogar de tú a tú con una Casa Blanca que, bajo Trump, parece decidida a gestionar el futuro de Gaza bajo su exclusiva supervisión. @mundiario





