Trump arremete contra la OTAN y exige a Irán el desbloqueo del estrecho de Ormuz sin condiciones

El presidente de EE UU intensifica su estrategia frente al régimen de los ayatolás al exigir la reapertura inmediata del paso estratégico en el Golfo Pérsico, mientras desdeña la falta de entusiasmo de los aliados para sumarse a sus operaciones.

Europa se planta ante Trump. / @realDonaldTrump en X
Europa se planta ante Trump. / @realDonaldTrump en X

La guerra en Oriente Próximo sigue un curso totalmente incierto. Por un lado, EE UU transmite confianza en el avance de sus operaciones militares y negociaciones con Irán; pero a la vez acumula señales de que el conflicto está lejos de resolverse. En ese equilibrio inestable, la figura de Donald Trump vuelve a situarse en el centro de la escena, con un cóctel retórico de presión, advertencia y cálculo político.

El eje más acuciante de la crisis gira en torno al estrecho de Ormuz, una arteria clave por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. La exigencia de Washington es que Teherán debe reabrirlo sin condiciones. La advertencia también es rotunda porque, de no hacerlo, Trump está dispuesto a escalar la presión hasta límites aún mayores, con el despliegue de soldados de élite en Irán.

La Casa Blanca echado mano de una caja de herramientas que deja en evidencia tanto su poderío militar como sus dilemas de cómo usarlo. Mientras Trump asegura que en la campaña bélica “llevamos dos semanas de adelanto respecto al cronograma inicial”, el conflicto se aproxima a su quinta semana sin un desenlace claro.

El despliegue militar es una de las principales palancas. Estados Unidos ha reforzado su presencia en la región con miles de soldados adicionales, incluyendo unidades aerotransportadas y fuerzas expedicionarias de marines. Este movimiento responde a una lógica disuasoria, pero también deja entrever que el Pentágono no descarta escenarios más agresivos, incluida una eventual intervención terrestre. Sin embargo, esa opción sigue siendo políticamente delicada. El propio Trump ha construido parte de su narrativa sobre evitar nuevas guerras largas, lo que convierte cualquier decisión en un equilibrio entre credibilidad internacional y coste interno.

La fractura con la OTAN: aliados en entredicho

Uno de los elementos más significativos del momento actual es el deterioro del vínculo transatlántico. Trump ha expresado abiertamente su decepción con aliados clave de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como Francia, Alemania y Reino Unido, a quienes acusa de no respaldar la iniciativa para garantizar la seguridad en Ormuz.

Cuando llegan estos tiempos, uno aprende quiénes son sus verdaderos amigos”, ha dicho ante la audiencia de inversores estadounidenses, latinoamericanos y árabes del Golfo Pérsico en el FII Priority Miami Summit. El presidente estadounidense ha recalcado que se siente “muy decepcionado” con sus socios europeos de la Alianza Atlántica, a quienes acudió para formar una coalición que desbloqueara el paso de buques.

Siempre hubiéramos estado ahí para ellos, pero ahora, basándonos en sus acciones, supongo que no tenemos que estarlo, ¿verdad?”, dijo el mandatario republicano. “¿Eso suena a noticia de última hora? Sí, señor. ¿Es noticia de última hora? Creo que acabamos de tener noticias de última hora. ¿Por qué estaríamos ahí para ellos si ellos no están ahí para nosotros?”, inquirió Trump.

Al mismo tiempo, Europa insistió este viernes en la desescalada y en una solución diplomática, a través del comunicado final de la cumbre de ministros de Exteriores del G7 en Francia, evidenciando una divergencia estratégica que podría tener consecuencias que trasciendan el conflicto actual.

Irán entre la presión y la negociación

Desde la perspectiva de Irán, la situación es igualmente compleja. Mientras el régimen de los ayatolás está sujeto presión militar directa y sanciones, también envía señales ambiguas de apertura al diálogo. Washington interpreta estos gestos como una muestra de debilidad, pero no existe aún una base sólida para una negociación efectiva.

El estrecho de Ormuz se convierte así en un instrumento de presión mutua: para Teherán, una palanca geoeconómica; para Estados Unidos, una línea roja. El principal desafío para la Administración estadounidense es ser coherente con su propia narrativa inicial de una operación rápida, limitada y efectiva. Sin embargo, los hechos apuntan a una dinámica más compleja.

El envío de refuerzos, las prórrogas en los ultimátums antes de volver a atacar infraestructuras energéticas y la insistencia en mantener todas las opciones abiertas reflejan que Washington no ha logrado aún consolidar una salida clara. La retórica de victoria contrasta con la necesidad de seguir presionando. En este contexto, la estrategia parece orientarse a forzar una negociación desde una posición de fuerza, evitando al mismo tiempo el coste político y militar de una invasión terrestre. Pero, con Trump, cualquier cosa puede pasar. @mundiario

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