Trump asegura que las negociaciones “van bien” y extiende hasta el 6 de abril el ultimátum contra Irán
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido extender hasta el 6 de abril el ultimátum para atacar infraestructuras energéticas iraníes, mientras asegura que las negociaciones con Irán “van muy bien”. Sin embargo, más allá del optimismo declarado, el desarrollo de los contactos revela una realidad mucho más ambigua.
Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, la estrategia de Washington ha combinado presión militar directa con intentos de forzar una salida negociada. El ultimátum inicial de 48 horas para reabrir el estrecho de Ormuz —clave para el comercio energético mundial— fue rápidamente ampliado, primero en días y ahora en una prórroga de más de una semana. Esta sucesión de aplazamientos sugiere que, pese a la retórica agresiva, la Casa Blanca percibe margen para la negociación.
En términos formales, existen contactos en marcha. El enviado especial Steve Witkoff ha confirmado que el plan estadounidense de 15 puntos fue transmitido a Teherán a través de mediadores, principalmente Pakistán. Según Washington, hay “señales fuertes” de disposición iraní al diálogo. Sin embargo, desde el lado iraní, representado por su ministro de Exteriores Abbas Araqchi, el discurso es mucho más frío: niegan estar “suplicando” un acuerdo y califican la propuesta como “unilateral e injusta”.
Esta divergencia narrativa es uno de los elementos clave para entender el estado real de las negociaciones. Mientras Trump proyecta una imagen de victoria —este jueves llegó a afirmar que “en cierto sentido, ya hemos ganado la guerra”—, Teherán insiste en que su prioridad sigue siendo la resistencia y la defensa nacional.
En el fondo del desacuerdo están las condiciones del posible acuerdo. Estados Unidos exige la reapertura total del estrecho de Ormuz, la limitación del programa nuclear y el debilitamiento de la capacidad militar iraní. Irán, por su parte, plantea exigencias que incluyen el fin de los ataques, reparaciones de guerra y el reconocimiento de su soberanía sobre esa vía estratégica.
La distancia entre ambas agendas explica por qué los avances, si existen, son todavía frágiles.
A ello se suma el contexto militar, que sigue deteriorándose. Los ataques aéreos, las represalias con misiles y la eliminación de altos mandos iraníes —como el comandante naval vinculado al bloqueo de Ormuz— incrementan la presión sobre Teherán, pero también complican el clima necesario para una negociación sostenida. En paralelo, el impacto económico global, especialmente en los precios del petróleo, añade urgencia a una resolución del conflicto.
For the second time this week, President Trump extended an ultimatum for Iran to completely open the Strait of Hormuz to international shipping traffic, saying peace talks "are going very well."
— ABC News (@ABC) March 26, 2026
ABC News' Selina Wang reports. https://t.co/kmYU4CSpYx pic.twitter.com/a5hIMsOTFw
La decisión de Trump de extender el ultimátum puede interpretarse, por tanto, como un movimiento táctico. Por un lado, mantiene la amenaza creíble de una escalada —el ataque a infraestructuras energéticas—; por otro, concede tiempo a una vía diplomática que, aunque incierta, sigue abierta. Este equilibrio entre coerción y negociación ha sido una constante en su estrategia.
En términos geopolíticos, el escenario sigue abierto. La implicación indirecta de múltiples actores regionales y la mediación de terceros países indican que el conflicto ha superado el ámbito bilateral. Además, la volatilidad del liderazgo político y las declaraciones cambiantes desde Washington añaden un componente de imprevisibilidad que condiciona tanto a aliados como a adversarios.
Aunque la Casa Blanca insiste en que las conversaciones avanzan positivamente, los hechos apuntan a una negociación en fase inicial, marcada por profundas desconfianzas y objetivos incompatibles. @mundiario


