Rubio insinúa al G7 el fin de la guerra de Irán en dos semanas “sin tropas en el terreno”

El secretario de Estado de EE UU anticipa una salida rápida, limitada y sin implicación terrestre, al tiempo que pide a sus socios que colaboren para “impedir” que el régimen de los ayatolás establezca un “sistema de peaje” en el Estrecho de Ormuz.
Marco Rubio y Kaja Kallas con los ministros de Exteriores del G7. - @SecRubio
Marco Rubio y Kaja Kallas con los ministros de Exteriores del G7. - @SecRubio
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha asegurado que EE UU tiene pensado poner fin a las operaciones militares en Irán “en las dos próximas semanas”, y que sería “sin desplegar tropas en el terreno”. El jefe de la diplomacia estadounidense, al final de la cumbre de ministros de Exteriores del G7 celebrada en Vaux-de-Cernay, Francia, ha insinuado una salida rápida, limitada y sin implicación terrestre, pero sí ha pedido a sus socios que colaboren para “impedir” que el régimen de los ayatolás establezca un “sistema de peaje” en el Estrecho de Ormuz.

En términos estratégicos, supone un intento de marcar un punto de cierre antes de que el conflicto derive en una espiral que termine por arrastrar aún más al resto de Oriente Próximo. Sin embargo, las declaraciones de Rubio plantean una cuestión clave: ¿puede una campaña militar de esta naturaleza alcanzar sus objetivos en un plazo tan breve y sin presencia sobre el terreno?

La hoja de ruta planteada por Washington responde a una lógica de intervención quirúrgica, en la que buscaba degradar las capacidades estratégicas iraníes —especialmente en el ámbito militar y nuclear— y retirarse antes de asumir costes prolongados. En paralelo, Israel siempre ha sostenido que su objetivo es propiciar un “cambio de régimen” en Teherán.

El propio Rubio ha insistido, en las escalerillas del avión que lo regresaría a Washington, que EE UU cumplirá sus objetivos sin desplegar soldados en tierra iraní y que, cesen las hostilidades, el poderío militar de Irán será “el más débil de su reciente historia”. Pero este planteamiento contrasta con la experiencia, las campañas sin despliegue terrestre suelen limitar su impacto estructural, especialmente frente a Estados con capacidad de resiliencia como Irán.

Ormuz como eje de presión geopolítica

Uno de los puntos centrales del discurso de Rubio en el G7 ha sido el estrecho de Ormuz, una arteria por la que transita cerca del 20 % del petróleo mundial. De hecho, la cumbre del grupo de los países más industrializados concluyó con un llamamiento a “la necesidad absoluta de restablecer la navegación libre y segura en el Estrecho de Ormuz” y con una declaración “para el cese inmediato de los ataques contra la población civil y la infraestructura” en Oriente Próximo.

Este enfoque deja en evidencia que, más allá del campo de batalla, la preocupación de Occidente es que la prolongación de la guerra tenga graves consecuencias en el terreno económico. Controlar o garantizar la navegación en Ormuz equivale a influir directamente en los precios energéticos y, por extensión, en la estabilidad global.

Sin embargo, la unidad formal no oculta las divergencias de fondo. Los ministros de Exteriores de Francia, Reino Unido, Alemania, Japón, Italia y Canadá cerraron filas a favor de una “desescalada” y se adhirieron a la búsqueda de una salida diplomática al conflicto. Ucrania, que estuvo invitada a la reunión en la que también se abordaron el levantamiento parcial de las sanciones petroleras a Rusia, denunció que se había convertido en “víctima colateral” de la guerra en Irán.

Europa pide claridad y apuesta por la desescalada

A la cumbre también asistieron los titulares de Exteriores de Brasil, Arabia Saudí, India y Corea del Sur, así como la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, quien insistió en que “los dos conflictos están relacionados y, si EE UU quiere poner fin a la guerra de Irán, tendrá que poner presión sobre Rusia”.

Los socios europeos —entre ellos Francia, Alemania y Reino Unido— han reclamado a Washington una mayor transparencia sobre su estrategia. La preocupación no es solo militar, sino política. Temen verse arrastrados a un conflicto cuyo desenlace no controlan.

El presidente francés, Emmanuel Macron, impulsa una misión naval de carácter defensivo para proteger el tráfico marítimo, pero condiciona su despliegue a una desescalada real. En la misma línea, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha advertido de la dificultad de sostener cualquier operación sin una reducción de las hostilidades.

Rubio ha reconocido que Irán ha enviado “señales” de disposición al diálogo, aunque sin concretar avances. El posible papel del vicepresidente J.D. Vance como interlocutor apunta a un canal político paralelo que podría activarse tras la fase militar. No obstante, las dudas sobre la capacidad de decisión en Teherán y la falta de respuesta a propuestas concretas reflejan un escenario diplomático aún inmaduro. En este contexto, el calendario de dos semanas parece más una declaración de intenciones que una previsión cerrada. @mundiario

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