Trump bromea con Pearl Harbor frente a Takaichi y presiona a Japón para implicarse en Ormuz

El presidente de EE UU desliza elogios y críticas veladas a la primera ministra japonesa, y bromea con el ataque a Pearl Harbor, por la falta concreción de Tokio para incorporarse en la coalición naval internacional que rompa el bloqueo de Irán.
Donald Trump, presidente de EE UU y Sanae Takaichi, primera ministra de Japón. / @W.
Donald Trump, presidente de EE UU y Sanae Takaichi, primera ministra de Japón. / @WhiteHouse

La reunión en la Casa Blanca entre el presidente de EE UU, Donald Trump, y la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, ha dejado una postal de cordialidad en las formas y divergencias de fondo. El republicano elogió a la dirigente ultraconservadora japonesa, a quien calificó como una líder “fuerte y popular”, y aseguró que Tokio está “dando un paso al frente” en la crisis con Irán.

Sin embargo, ese reconocimiento convive con la presión que ejerce Washington, que busca que Tokio asuma un papel más activo en la protección del estrecho de Ormuz, la arteria clave para el suministro energético global bloqueada por Irán y que es especialmente crítica para las economías asiáticas, incluyendo la japonesa.

El trasfondo de la reunión recae en el equilibrio de los intereses de Japón. EE UU intenta articular una coalición internacional para garantizar la seguridad en el Golfo Pérsico, pero se ha encontrado con reticencias entre sus aliados por involucrarse en su guerra con Israel contra el régimen de los ayatolás, incluido el Ejecutivo de Takaichi. Trump ha insistido en que gran parte del petróleo que consume Japón transita por el estrecho de Ormuz, lo que, a su juicio, debería traducirse en una mayor implicación por su parte. La lógica es geoeconómica, pero la respuesta japonesa está condicionada por sus propios factores políticos y jurídicos.

La Constitución pacifista de Japón, que limita el uso de la fuerza a la autodefensa, eleva el coste interno de cualquier decisión que implique despliegues militares en un conflicto como el de Irán. Este marco convierte cada paso en una negociación compleja entre compromiso internacional y restricción jurídica.

La controversia de Pearl Harbor

El momento más delicado de la comparecencia llegó cuando Trump recurrió a una referencia histórica para justificar por qué no había informado a sus aliados de que iba a atacar a Irán el 28 de febrero. “No conviene dar demasiadas señales. Al entrar en acción y lo hemos hecho con gran contundencia, no se lo contamos a nadie, porque buscábamos el factor sorpresa”, aludió Trump.

¿Y quién sabe más de sorpresas que Japón? ¿Por qué no me avisaron de lo de Pearl Harbor?”, inquirió el presidente estadounidense en tono de broma, frente a la primera ministra japonesa en el Despacho Oval. “Sabéis más de sorpresas que nosotros”, remató, en alusión al bombardeo de la Armada Imperial Japonesa a la base naval estadounidense en Hawái, en 1941, que arrastró a EE UU a entrar en la II Guerra Mundial.

Aunque el comentario no alteró el desarrollo formal del encuentro, después Trump dijo a los periodistas que discutirían la implicación de Japón en el estrecho de Ormuz. “De verdad están dando un paso al frente”, dijo, pero no ofreció detalles del contenido del encuentro. El republicano argumentó que el flujo de petróleo del estrecho de Ormuz crucial para Japón es “una gran razón para dar un paso al frente”, así como el gasto de EE UU por mantener a sus tropas destinadas allí. “Espero que Japón dé un paso al frente, ya saben, porque tenemos ese tipo de relación”, sentenció.

Japón: entre la alianza y la cautela

Por su parte, Takaichi optó por una estrategia de equilibrio. Reafirmó la alianza con Estados Unidos, endureció su discurso contra el programa nuclear iraní y expresó su voluntad de cooperar con Washington. Pero, al mismo tiempo, evitó compromisos concretos sobre una participación militar directa. “Solo tú, Donald, puedes conseguir esto (…) por eso estaré encantada de conseguir otros aliados en la región para lograr juntos el objetivo”, elogió la primera ministra.

Este posicionamiento responde a una lógica pragmática para mantener la relación estratégica con Estados Unidos, evitar una implicación que desborde los límites constitucionales y preservar el foco en las prioridades del Indopacífico, donde Japón percibe a China como su principal amenaza.

La tensión en torno a Irán no puede analizarse de forma aislada. Para Japón, el riesgo de una implicación excesiva en Oriente Próximo es desatender su entorno regional, especialmente ante la creciente asertividad de Pekín y la cuestión de Taiwán. @mundiario

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