¿Qué consecuencias enfrenta Irán tras la caída de Bachar el Asad en Siria?
La caída del régimen de Bachar el Asad en Siria, tras más de una década de guerra civil, marca un punto de inflexión para Irán, uno de sus principales aliados. Este desenlace supone no solo la pérdida de un socio estratégico, sino también un revés significativo en un año que ha sido catalogado como uno de los más complejos para la República Islámica desde la década de 1980.
El Gobierno iraní, que durante años describió a Bachar el Asad como un "héroe del mundo árabe", invirtió decenas de miles de millones de dólares en su defensa. Sin embargo, tras el colapso del régimen sirio, Teherán ha optado por entablar conversaciones con los grupos rebeldes que lo derrocaron, intentando preservar parte de su influencia en la región.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, destacó recientemente que “el pueblo sirio debe decidir el futuro de su país sin injerencias extranjeras”. Aunque el mensaje busca proyectar neutralidad, resulta paradójico viniendo de un país que desempeñó un papel crucial en la supervivencia del régimen de el Asad durante tanto tiempo.
La pérdida de Siria representa un duro golpe para el llamado "eje de resistencia", la red de aliados impulsada por Irán para contrarrestar la influencia de Israel en la región. Este eje incluye a Hezbolá en el Líbano, las milicias chiítas en Irak y a los rebeldes hutíes en Yemen, quienes ahora enfrentan una notable debilidad estratégica.
El puente terrestre que conectaba Irán con Hezbolá, pasa por Siria, esta ruta fue clave para el suministro de armas, recursos y personal para la milicia libanesa durante años. Con el nuevo panorama político en Siria, mantener estos canales será significativamente más difícil, pues los cambios en el control territorial en Siria podrían debilitar esta conexión, afectando la capacidad de Irán para suministrar a Hezbolá de manera efectiva.
Según analistas citados por la BBC, la caída de el Asad no solo debilita la posición geopolítica de Irán, sino que también pone en riesgo los inmensos recursos invertidos. Algunas estimaciones sitúan el apoyo económico y militar iraní a Siria entre 30.000 y 50.000 millones de dólares, una cifra que difícilmente podrá ser recuperada.
Además, el colapso del régimen sirio también amenaza con fortalecer a otros grupos insurgentes, como el Hayat Tahrir al Sham (HTS), los rebeldes sirios que derrocaron a el Asad. Su creciente influencia preocupa tanto a Teherán como a otros países de la región, e incluso a Occidente.
La enemistad entre ambos se basa en profundas diferencias ideológicas y estratégicas. El HTS, que tiene raíces en el islamismo sunita y una ideología salafista, se opuso firmemente al régimen de el Asad, que contó con el apoyo de Irán, un país chiita. Esta rivalidad se intensifica por el contexto sectario de la región, ya que el HTS ha llevado a cabo operaciones militares en el pasado contra las fuerzas del derrocado régimen y las milicias iraníes, declarando su intención de eliminar esta influencia chiita en Siria.
Ambos actores compiten por el control territorial, político religioso y el apoyo de la población local, lo que agrava aún más su rivalidad.
No ha sido un buen año para Irán
Este revés en Siria se suma a un año particularmente difícil para el régimen de los ayatolás. Las tensiones con Israel, el regreso de un crítico Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, el debilitamiento de sus aliados en Gaza y el Líbano, y la muerte del expresidente iraní Ebrahim Raisí en un accidente de helicóptero han complicado aún más la posición de Teherán en el escenario internacional y han afectado la gobernanza interna.
Por otro lado, la rápida ofensiva de los grupos rebeldes desde Idlib y el sur hacia Damasco tomó por sorpresa a Irán. Abbas Araghchi, el ministro de Exteriores iraní, admitió que, aunque estaban al tanto de las tensiones en el norte de Siria, no esperaban que el ejército sirio colapsara tan rápidamente frente al avance insurgente.
Esta falta de preparación también revela un posible distanciamiento entre Irán y el régimen de el Asad, que ya mostraba señales de desgaste en los últimos años debido a su inflexibilidad política.
¿Qué sigue?
Ray Takeyh, analista del Council on Foreign Relations y citada por la BBC, explicó que con la pérdida de Siria como un socio clave, Irán enfrenta dos posibles caminos: intensificar su programa nuclear como una herramienta de disuasión o buscar una mayor apertura diplomática, tanto con potencias occidentales como con sus vecinos árabes.
Lo que supone que la aceleración del enriquecimiento de uranio por parte de Irán podría ser una estrategia para reforzar su posición en medio de un escenario de creciente aislamiento.
Hasta entonces, el desenlace en Siria deja a Irán en una posición delicada. Mientras que la caída de Al Assad debilita el alcance estratégico de Teherán, también podría empujar al país hacia una reconfiguración de su política exterior, buscando un enfoque más pragmático con sus vecinos. @mundiario


