Qatar convoca a más de 50 países para coordinar una respuesta común al ataque israelí en Doha
Qatar ha dado un paso al frente en el tablero diplomático regional tras el bombardeo israelí que sacudió su capital el pasado martes. Más de 50 ministros de Exteriores de países árabes e islámicos se reunieron en Doha para construir una respuesta conjunta que frene lo que consideran una escalada peligrosa de Israel en Oriente Próximo. La cita ha reunido tanto a los 22 miembros de la Liga Árabe como a los 57 de la Organización de la Cooperación Islámica, la tercera de este tipo desde el inicio de la guerra en Gaza.
El titular de Exteriores y primer ministro qatarí, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, abrió la reunión con un discurso inusualmente duro contra Israel. Calificó el ataque que mató a seis personas —entre ellas cinco miembros de Hamás y un agente de seguridad qatarí— como un “acto de terrorismo de Estado” y una agresión contra el propio principio de la mediación internacional. “Este ataque fue cometido mientras Qatar acogía negociaciones oficiales con conocimiento de la parte israelí. Su objetivo fue sabotear el alto el fuego”, afirmó, subrayando que la comunidad internacional no puede permanecer en silencio ante estas acciones.
Las declaraciones de Al Thani marcan un punto de inflexión en la política exterior qatarí, históricamente centrada en la mediación entre actores enfrentados. Desde 2023, Doha ha sido anfitrión de líderes de Hamás a petición de Washington para facilitar las conversaciones con Israel, por lo que el ataque genera inquietud no solo en el emirato, sino también entre los socios árabes que dependen de Qatar como puente de negociación.
La Liga Árabe, a través de su portavoz Jamal Rushdi, reforzó el mensaje y adelantó que el encuentro buscará redactar una resolución que proteja a los Estados mediadores en los conflictos armados, una figura clave en el derecho internacional. “No se puede permitir que un país bombardeé a otro que está facilitando negociaciones de paz”, afirmó, advirtiendo que la falta de respuesta podría alentar futuras agresiones similares.
El contexto añade complejidad a la posición de Estados Unidos, que mantiene en el país su mayor base militar en Oriente Próximo y ha sido su socio estratégico desde 1972. Sin embargo, la falta de reacción inmediata de Washington ha generado incomodidad en la región y alimenta el temor de que el paraguas de seguridad estadounidense ya no sea suficiente para disuadir a Israel. Algunos gobiernos ven en este silencio una señal de debilitamiento del papel de la Casa Blanca como garante del equilibrio en el Golfo.
Mientras Doha buscaba apoyos diplomáticos, en Jerusalén el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, reafirmaba el compromiso de Washington con la seguridad de Israel en una visita al Muro de las Lamentaciones. Su presencia en territorio israelí, que coincidió con la cumbre en Qatar, envía un mensaje claro sobre la prioridad de la relación bilateral con Tel Aviv, lo que podría profundizar la desconfianza en el mundo árabe.
La situación es tan tensa que incluso Irán fue invitado. La República Islámica, que mantiene una rivalidad histórica con varios de los países del Golfo, también ha aprovechado la coyuntura para proponer la creación de una “sala de operaciones conjunta” que monitorice las acciones israelíes. La presencia de Teherán en la cumbre es significativa, pues ha sido durante mucho tiempo la principal amenaza para los emiratos de la región.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, defendió la operación y volvió a acusar a los líderes de Hamás de sabotear los esfuerzos de paz. “Eliminar a estos jefes es la única vía para liberar a nuestros rehenes y poner fin a la guerra”, escribió en X. Sus declaraciones reafirman la postura de su Gobierno de mantener la presión militar incluso a costa de tensiones diplomáticas con actores que hasta ahora habían facilitado la negociación.
El trasfondo de la cumbre en Doha va más allá de la condena al ataque: refleja un esfuerzo coordinado para evitar que Israel establezca un precedente que legitime operaciones similares en otros países de la región. La decisión de convocar a tantos ministros de Exteriores sugiere que las capitales árabes e islámicas están dispuestas a elevar el costo político de futuras ofensivas contra mediadores.
El resultado de esta reunión podría redefinir el papel de Qatar en el proceso de paz y la correlación de fuerzas en Oriente Próximo. Si la cumbre logra articular una posición común y trasladarla a foros internacionales, aumentará la presión sobre Israel en el plano diplomático. @mundiario


