El ataque de Israel contra Hamás en Qatar: claves de una operación que compromete a Netanyahu
La ofensiva israelí contra dirigentes de Hamás en Doha, capital de Qatar, ha marcado un giro inesperado y de gran impacto en el conflicto de Oriente Próximo. El bombardeo, bautizado como Operación Cumbre de Fuego, buscaba descabezar a la cúpula política del grupo islamista que permanecía refugiada en un país mediador y estrecho aliado de EE UU. La decisión del primer ministro Benjamín Netanyahu no solo eleva la tensión regional, sino que también abre la puerta a las consecuencias diplomáticas, estratégicas y políticas que podrían derivarse.
Hamás se encontraba en Doha bajo la protección de un Estado soberano que actuaba como mediador en las negociaciones para liberar rehenes y alcanzar un alto el fuego en Gaza. El bombardeo no solo vulnera esa mediación, sino que amenaza con dinamitar cualquier posibilidad de acuerdo a corto plazo.
El ataque ha dividido a la sociedad israelí. Para muchos, representa un golpe necesario contra los responsables del 7-O. Sin embargo, para las familias de los cautivos en Gaza, la operación ha sido recibida con pánico.
El Fórum de Familias de Secuestrados y Desaparecidos advirtió de que el bombardeo podría desencadenar represalias directas contra los rehenes y reclamó un plan claro para su liberación. Testimonios como el de Einav Zangauker, madre de un secuestrado desde hace más de 700 días, acusan al Gobierno de “torpedear” la negociación, mientras otros familiares aplauden la ofensiva como vía para acelerar la caída de Hamás.
Trump se desmarca del ataque
El ataque sorprendió a Washington. Aunque circulan rumores sobre un aviso previo, la Administración estadounidense negó haber dado luz verde. El presidente Donald Trump fue tajante al dejar claro que “bombardear unilateralmente dentro de Qatar, aliado de EE UU, no sirve ni a los intereses de Israel ni a los de América”. Si bien reconoció que la eliminación de líderes del grupo islamista palestino es un objetivo legítimo, recalcó que la forma de actuar de Netanyahu pone en riesgo las alianzas estratégicas en el Golfo.
Trump aseguró al emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al-Thani, que un hecho así “no volverá a repetirse” en suelo qatarí. La diplomacia estadounidense, que había respaldado los esfuerzos de Doha como mediador, teme ahora perder un socio clave en las negociaciones de paz.
La operación israelí altera el delicado equilibrio en Oriente Próximo. Qatar, que mantenía un rol central en los contactos indirectos entre Israel y Hamás, podría replegarse y dejar el encargo a Egipto como mediador principal. Esto, a su vez, complica la posibilidad de avanzar hacia un alto el fuego o hacia la liberación de los rehenes.
Además, el ataque envía un mensaje de que Tel Aviv está dispuesto a golpear en cualquier territorio, lo que pone sobre la mesa el respeto a las soberanías regionales y sobre el margen de tolerancia de Washington. La condena de países árabes ha sido inmediata, y el riesgo de un aislamiento diplomático creciente para Israel es evidente.
Netanyahu entre la presión interna y la condena internacional
Para Netanyahu, la operación tiene una doble lectura. En el plano interno, puede reforzar su imagen como líder decidido a vengar el 7-O y a garantizar la seguridad nacional. Sin embargo, la falta de resultados concretos —como el rescate de rehenes o el fin de Hamás—alimenta las críticas de quienes le acusan de priorizar su supervivencia política sobre el interés del país.
En el ámbito internacional, el coste político es considerable. El distanciamiento con Washington y el malestar de aliados clave en el Golfo debilitan la posición israelí en plena guerra en Gaza. El desafío para Netanyahu será demostrar que la ofensiva no solo tuvo un valor simbólico, sino también estratégico, y que no pone en peligro a los cautivos ni a la estabilidad regional.
El ataque en Qatar marca un antes y un después en el conflicto. En cualquier caso, el mensaje enviado es que Netanyahu está dispuesto a cruzar fronteras en su ofensiva. La incógnita ahora es si esa estrategia acercará la paz o, por el contrario, empujará a la región hacia una nueva espiral de inestabilidad. @mundiario





