Le Pen sentencia al Gobierno de Bayrou y presiona a Macron para convocar elecciones anticipadas
La política francesa atraviesa un nuevo punto de inflexión que podría derivar en la parálisis. El primer ministro François Bayrou se encuentra en la cuerda floja tras anunciar un severo plan de recortes sociales por valor de 43.800 millones de euros, que incluye la congelación de las pensiones y la supresión de dos días festivos. La iniciativa, presentada como necesaria para reducir el déficit y contener la crisis de la deuda pública, ha desatado un terremoto político y social que amenaza con derribar al Ejecutivo.
En este contexto, la ultraderechista Marine Le Pen y su delfín Jordan Bardella han movido ficha con contundencia. La líder de Reagrupamiento Nacional (RN) sentenció la suerte del Gobierno tras reunirse con Bayrou en Matignon. “El milagro no ha tenido lugar”, dijo la excandidata presidencial. Su partido votará en contra en la moción de confianza del próximo lunes, una decisión que reduce prácticamente a cero las opciones del primer ministro de salvar su cargo. Con ello, Francia se aproxima a una nueva crisis institucional y a la posibilidad real de elecciones legislativas anticipadas.
Le Pen no dejó lugar a dudas que la vía de escape pasa por las urnas. “Lo que debe haber es una disolución ultrarrápida de la Asamblea Nacional”, declaró la líder ultraderechista ante las dificultades del Gobierno para gestionar la crisis fiscal. “El coste exorbitante de la inmigración, el aumento de la contribución de Francia al presupuesto de la Unión Europea, y la lucha contra el fraude fiscal y social... no se puede pedir todos los días esfuerzos a los franceses que trabajan. Esta reunión no hará que el RN cambie de opinión”, insistió la jefa del RN.
“La realidad es que la nueva mayoría surgida de estas elecciones debe poder elaborar un presupuesto. (...) esa es la única solución verdaderamente democrática”, señaló Le Pen. Bardella fue más incisivo aún al afirmar que “Bayrou ha elegido el asiento eyectable”.
Ambos dirigentes cuestionaron no solo la viabilidad de los recortes, sino también la legitimidad del Gobierno para imponerlos. Su mensaje conecta con un electorado cansado de ajustes que percibe como injustos, mientras que las encuestas ya sitúan al Reagrupamiento Nacional como primera fuerza política con un 31 % de intención de voto, muy por encima de los bloques centrista y socialista.
Bayrou, un primer ministro sin margen de maniobra
Bayrou, en el cargo desde diciembre y octavo primer ministro de la era Macron, enfrenta una tormenta casi imposible de contener. En apenas ocho meses ha resistido varias mociones de censura, pero la batalla de los presupuestos ha precipitado el escenario más adverso. Su decisión de someterse a una moción de confianza se interpreta como una huida hacia adelante: consciente de que la oposición tiene los votos suficientes para tumbarlo, busca forzar una salida política que lo libere de la parálisis parlamentaria.
El problema para Bayrou es que no solo la extrema derecha rechaza su plan. La izquierda socialista de Olivier Faure también ha marcado distancias, proponiendo un recorte alternativo de menor envergadura y reclamando encabezar un nuevo Ejecutivo en el que haga parte el bloque progresista que ganó la mayor cantidad de votos en las elecciones legislativas (con verdes, comunistas y la extrema izquierda de La Francia Insumisa). Por su parte, sindicatos y movimientos sociales ya han convocado una huelga general para el 10 de septiembre, en rechazo a lo que califican de “guerra social”.
El presidente Emmanuel Macron observa el derrumbe de su primer ministro en un escenario en el que cada movimiento es un riesgo. Su respaldo explícito a Bayrou —calificando el plan presupuestario de “audaz y valiente”— lo ata políticamente a un proyecto que parece condenado. Si el Gobierno cae, Macron deberá decidir entre nombrar a otro primer ministro de su coalición centrista o disolver la Asamblea y convocar elecciones anticipadas.
El expresidente Nicolas Sarkozy ya anticipó lo inevitable en una entrevista con Le Figaro “no habrá ninguna otra solución” y calificó la maniobra de Bayrou como un “suicidio político”. Incluso sugirió a su partido Los Republicanos, la derecha tradicional hermanada al PP que forma parte del Gobierno de coalición liberal con el bloque macronista, que se debería abstener en la moción de confianza para acelerar la convocatoria de elecciones.
Le Pen, la gran beneficiada del colapso
Aunque inhabilitada por un tribunal en marzo pasado y a la espera de que se resuelva su recurso, Le Pen emerge como la gran vencedora moral de esta crisis. Su estrategia pasa por desgastar a Macron aunque pierda su escaño en la Asamblea Nacional, bloquear cualquier salida intermedia y forzar elecciones que podrían consolidar a su partido como primera fuerza. Mientras tanto, Bardella asume un protagonismo creciente, perfilándose como el relevo natural de Le Pen y eventual candidato a primer ministro si el RN alcanza una mayoría suficiente.
La paradoja es que la propia Le Pen no podría asumir un escaño ni un cargo público de inmediato, pero el capital político que acumula en este pulso la acerca a su objetivo mayor: la presidencia de la República en 2027.
La negativa de Le Pen a sostener al Gobierno de Bayrou no es solo una maniobra táctica. Es un golpe directo al corazón del proyecto político de Macron, que atraviesa una de sus fases más frágiles desde que llegó al poder. Francia se enfrenta a la posibilidad de unas elecciones legislativas anticipadas, apenas un año después de las últimas, con el riesgo de mayor fragmentación y de un ascenso imparable de la extrema derecha. @mundiario





