Francia ante el pulso social: los recortes de Bayrou despiertan el fantasma de nuevas protestas
El anuncio del primer ministro francés, François Bayrou, de un paquete de recortes por 43.800 millones de euros y la supresión de dos días festivos ha desencadenado una tormenta política y social en Francia. Bajo el lema “Bloquons tout!” (“¡Bloqueémoslo todo!”), el malestar se extiende por redes sociales, con llamamientos a una huelga general el próximo 10 de septiembre que evocan los días más tensos de los chalecos amarillos.
Aunque la medida se presenta como un esfuerzo imprescindible para reducir un déficit que en 2024 alcanzó el 5,8 % del PIB —muy por encima de la media europea del 3,2 %—, la oposición política, los sindicatos y buena parte de la opinión pública la perciben como una ofensiva contra trabajadores y pensionistas. Tanto la extrema izquierda como la extrema derecha coinciden en su rechazo, un fenómeno poco habitual que refleja la amplitud del descontento.
La inestabilidad política se agravó tras las elecciones anticipadas de julio de 2024, que dejaron a la coalición de centroderecha macronista sin mayoría y una Asamblea Nacional fragmentada en tres bloques equivalentes. Bayrou ha sobrevivido a ocho mociones de censura en seis meses gracias, en parte, a la abstención estratégica del Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen. Sin embargo, incluso este apoyo tácito podría evaporarse si el Ejecutivo insiste en lo que la oposición califica como “ataque contra el modelo social francés”.
La valoración ciudadana de la dupla Macron-Bayrou es la más baja desde la creación de la V República, con ambos por debajo del 20 % de aprobación. En este contexto, el primer ministro ha lanzado FB Direct, un canal en YouTube para defender directamente sus medidas. Allí insiste en que el sacrificio es “soportable y elegido” y advierte de que, de no aceptarse en este momento, “cualquier Gobierno futuro” se verá obligado a aplicarlo.
La supresión de días festivos: el detonante simbólico
Si bien los presupuestos de 2026 incluyen congelaciones de gasto y recorte de 3.000 empleos públicos, la medida más incendiaria es la eliminación del Lunes de Pascua y el 8 de mayo (Día de la Victoria sobre la Alemania nazi). Bayrou justifica este recorte con un argumento productivista: “Francia produce menos que sus vecinos europeos… producir más implica trabajar más”. Aunque ofrece negociar cuáles serían los días afectados, su propuesta ha avivado un sentimiento de agravio cultural y laboral.
Francia tiene una larga tradición de movilizaciones capaces de hacer retroceder al Gobierno. Los chalecos amarillos en 2018, las protestas contra la reforma de pensiones en 2023 y las huelgas históricas contra recortes previos son recordatorios de que la calle puede ser determinante.
La Confederación General del Trabajo (CGT) y Fuerza Obrera (FO) ya han anunciado un calendario de protestas desde el 1 de septiembre hasta finales de noviembre. Aunque el Ministerio del Interior reconoce que la actividad veraniega suele enfriar las protestas, la convocatoria digital y la memoria reciente de movilizaciones masivas elevan el riesgo de un otoño caliente.
El Gobierno carece de mayoría parlamentaria y su margen para aprobar el presupuesto es mínimo. La tentación de recurrir al artículo 49.3 de la Constitución, que permite aprobar leyes sin votación, es evidente, pero también arriesgada: el último Ejecutivo que lo hizo, el de Michel Barnier, cayó en diciembre de 2024. Bayrou es consciente de que cualquier paso en falso podría precipitar el final de su mandato e incluso forzar nuevas elecciones. @mundiario





