Le Pen, clave para tumbar al Gobierno de Bayrou por el giro de Francia a la austeridad
El primer ministro francés, François Bayrou, ha colocado a su Gobierno en el filo de la navaja política con el anuncio de uno de los planes de austeridad más ambiciosos —y polémicos— de las últimas décadas en Francia. Con un recorte previsto de 43.800 millones de euros en el presupuesto de 2026, Bayrou pretende contener el déficit y estabilizar una deuda pública que supera los 3.3 billones de euros. Sin embargo, su hoja de ruta ha provocado una reacción virulenta en todos los frentes, y su permanencia en Matignon podría depender ahora, paradójicamente, del apoyo o la oposición de Marine Le Pen.
La líder del Reagrupamiento Nacional (RN), el partido más votado del país en las últimas europeas y primera fuerza en la Asamblea Nacional, ha amenazado con apoyar una moción de censura si Bayrou no rectifica antes del otoño. Le Pen no solo ha criticado el fondo del plan, sino que ha puesto sobre la mesa una alternativa ideológica de calado: rebajar la contribución de Francia a la Unión Europea como vía para evitar los recortes sociales. “François Bayrou pretende imponer un ‘año en blanco’ (congelación de los gastos sociales), que es como si dijéramos una purga fiscal estimada en siete mil millones de euros”, argumentó en su cuenta de X”.
“Ese es exactamente el coste del aumento de la contribución de Francia a la UE”, dijo la líder de la oposición gala. “Este Gobierno ha preferido atacar a la gente, a los trabajadores y a los pensionistas, en vez de atajar el dispendio”, señaló Le Pen, que amenazó a Bayrou con una moción de censura si no da marcha atrás al polémico paquete de recortes.
El posicionamiento de Le Pen convierte al RN en un actor determinante. En una Asamblea Nacional profundamente fragmentada, sin mayoría oficialista, la extrema derecha puede inclinar la balanza en una eventual moción de censura. Ya lo hizo anteriormente al abstenerse estratégicamente para permitir la supervivencia del gabinete Bayrou. Esta vez, sin embargo, parece dispuesta a forzar su caída, lo que colocaría a Francia en un nuevo escenario de inestabilidad institucional.
La propuesta de suprimir dos festivos nacionales —el Lunes de Pascua y el 8 de mayo, Día de la Victoria en Europa— ha catalizado el rechazo social y político. Desde la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon ha calificado el gesto como un “símbolo de la violencia social del plan Bayrou”, y ha subrayado que el ahorro que se busca con estas medidas equivale a los ingresos que podría generar un impuesto sobre el patrimonio a los superricos, como el propuesto por el economista Gabriel Zucman. La izquierda en su conjunto también respalda una moción de censura, lo que aumenta la presión sobre el Gobierno.
La ultraderecha podría aliarse con la izquierda en Francia, otra vez
El calendario juega en contra del primer ministro. Aunque las medidas no se debatirán oficialmente hasta después del verano, el contexto es cada vez más desfavorable. Los sindicatos ya preparan movilizaciones para septiembre, mientras la opinión pública se muestra mayoritariamente contraria a los recortes. Según el instituto Harris, el 70 % de los franceses rechaza la supresión de los días festivos, y un 60 % se opone a la congelación de pensiones y ayudas sociales.
El Gobierno ha intentado abrir espacios para la negociación. El ministro de Economía, Éric Lombard, ha insistido en que las medidas “no están escritas en piedra”, y la ministra de Trabajo, Astrid Panosyan-Bouvet, ha señalado que las fechas concretas de los festivos a suprimir son “negociables”. Aun así, el propio Bayrou ha reconocido que el Ejecutivo está “a merced de la oposición” y podría no ser capaz de sacar adelante su plan.
Bayrou, en una rueda de prensa marcada por un tono solemne y el cartel de “Un momento de la verdad” de fondo, explicó que el “año en blanco” busca ganar productividad y reducir gastos sin subir impuestos. Para compensar parcialmente, se contempla una “contribución solidaria” puntual a las rentas altas, mientras el gasto militar —en línea con los compromisos de la OTAN— aumentará en 6.500 millones.
La amenaza de Le Pen, en este contexto, no es retórica. Si finalmente RN decide apoyar la moción de censura impulsada por la izquierda, Bayrou podría convertirse en otro primer ministro derrocado por un Parlamento sin mayoría. Sería, además, una muestra del creciente peso de la extrema derecha en la política francesa y del carácter bisagra que empieza a ejercer en los momentos clave.
La crisis del déficit ha abierto una nueva crisis de gobernabilidad. Bayrou se juega no solo su proyecto de ajuste fiscal, sino su propia supervivencia política. Y en el horizonte, se perfila una paradoja inquietante: que la segunda caída de un Gobierno centrista termine siendo facilitada por una alianza táctica reeditada entre la izquierda radical y la extrema derecha, con Marine Le Pen como árbitro inesperado del futuro inmediato de Francia. Hace un año así fue cómo la oposición tumbó al Ejecutivo del primer ministro Michel Bernier, por presentar unos presupuestos incluso menos recortados. @mundiario





