El primer ministro de Francia pone en jaque a su propio Gobierno por los recortes
El primer ministro de Francia, François Bayrou, ha decidido jugarse el todo por el todo: someterá a su Gobierno a un voto de confianza el próximo 8 de septiembre, en plena tormenta política y social desatada por su plan de recortes de 44.000 millones de euros. La decisión, que llega a pocas semanas de movilizaciones masivas contra el paquete económico, abre un escenario en el que el Ejecutivo podría caer antes incluso de la votación de los Presupuestos de 2026.
El trasfondo es crítico: Francia afronta un déficit del 5,4 % del PIB y una deuda que supera los 3,3 billones de euros, cifras que colocan al país en el punto de mira de Bruselas. Bayrou ha enmarcado el debate en términos existenciales. “Nuestra libertad y soberanía están en juego”, advirtió el centrista líder del partido MoDem (Movimiento Democrático) en una rueda de prensa solemne, comparando la situación con las dolorosas crisis vividas en Grecia, España y Portugal tras 2008.
El movimiento de Bayrou es arriesgado pero calculado. Al someterse a una moción de confianza antes de la discusión presupuestaria, busca forzar una clarificación política: que los diputados se pronuncien primero sobre la “urgencia de sanear las finanzas públicas, dejando para un segundo tiempo el debate de las medidas concretas. Sin embargo, tanto la izquierda radical liderada por Jean-Luc Mélenchon en La Francia Insumisa (LFI) como la ultraderecha de Marine Le Pen ya han anunciado su voto en contra.
El Reagrupamiento Nacional (RN), que hasta ahora se había abstenido en varias mociones de censura, ha cerrado filas contra el primer ministro. “Reagrupamiento Nacional nunca votará a favor de la confianza en un Gobierno cuyas decisiones causan sufrimiento al pueblo francés”, señaló Jordan Bardella. LFI, los comunistas y los verdes han hecho lo propio. Con este panorama, cada escaño cuenta, y la aritmética parlamentaria no juega a favor del Ejecutivo.
Un otoño caliente en las calles
Más allá de la ingobernabilidad de la Asamblea Nacional, la presión se intensifica en la calle. Para el 10 de septiembre ya está convocada una movilización nacional bajo el lema “Bloqueemos todo”, impulsada desde redes sociales y respaldada por los principales partidos de izquierda y sindicatos. La medida más polémica —la supresión de dos festivos, con la mira en el Lunes de Pascua y el 8 de mayo, día de la victoria sobre el nazismo— ha encendido un rechazo transversal: según encuestas recientes, el 84 % de los franceses se oponen.
Bayrou ha intentado contrarrestar la ola de críticas mediante una campaña de comunicación directa, con vídeos semanales en YouTube en los que explica los detalles del viraje económico. Pero el descontento social parece desbordar cualquier intento de pedagogía política.
El riesgo de un vacío de poder
El voto de confianza no solo pone en juego la estabilidad del Gobierno, sino que amenaza con abrir un nuevo vacío político en un momento de fragilidad económica. Si Bayrou fracasa, Francia podría quedar atrapada en un ciclo de mociones, protestas y bloqueo institucional en vísperas de un 2026 en el que Bruselas exige disciplina fiscal.
Para el presidente francés Emmanuel Macron, que ha respaldado a su primer ministro tras un encuentro en Brégançon, el reto es doble: sostener a un jefe de Gobierno que no cuenta con mayoría y evitar que el malestar social se convierta en un catalizador para la extrema derecha de Le Pen, que lidera las encuestas con miras a 2027 con su líder inhabilitada por una condena por corrupción.
Lo que está en juego no es solo la gobernabilidad de Francia, sino la credibilidad de la segunda economía de la eurozona en su compromiso con la disciplina fiscal. Con Italia e incluso Alemania enfrentando sus propios dilemas presupuestarios, un tropiezo de París alimentaría la percepción de que la UE carece de herramientas para contener la deuda de sus principales miembros.
La pregunta clave es si un Gobierno sin mayoría, enfrentado a protestas masivas y con la oposición alineada en su contra, podrá imponer un plan tan drástico sin romper del todo el contrato social francés. @mundiario





