Pánico en Beirut: la guerra entre Israel, Hezbolá e Irán empuja al Líbano hacia un nuevo colapso

Bombardeos sobre la capital, evacuaciones masivas y tropas israelíes en el sur del país desatan un éxodo en pleno Ramadán mientras el conflicto regional amenaza con arrastrar de nuevo al Líbano a una guerra devastadora.
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. / @netanyahu
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. / @netanyahu

La guerra regional entre Israel, Irán y sus aliados ha abierto un nuevo frente que vuelve a situar al Líbano al borde del colapso. La entrada directa de Hezbolá en la contienda ha desencadenado una ofensiva israelí que combina bombardeos continuos sobre Beirut, incursiones terrestres en el sur del país y órdenes de evacuación masivas que han provocado escenas de pánico entre la población civil. En pleno Ramadán, cientos de miles de personas abandonan sus hogares mientras la capital libanesa revive los fantasmas de sus guerras pasadas.

Salven sus vidas, evacúen sus casas inmediatamente”. El mensaje, difundido en redes sociales por el portavoz militar israelí Avichay Adraee, llegó la tarde del jueves y marcó el inicio de una huida masiva en los suburbios del sur de Beirut.

La advertencia se dirigía a los residentes de Dahiye, bastión político y social de la milicia islamista chií en la capital, así como a barrios cercanos. El aviso concedía apenas dos horas para abandonar la zona antes de que comenzaran los bombardeos.

El resultado fue carreteras colapsadas, familias huyendo a pie y miles de personas intentando escapar de barrios densamente poblados donde viven cerca de 700.000 residentes. En cuestión de minutos, el tráfico en la capital se convirtió en un embotellamiento interminable. Muchos conductores abandonaron sus vehículos al quedar atrapados en las avenidas. Otros se refugiaron en parques, hospitales o mezquitas sin saber dónde pasar la noche.

Tropas israelíes avanzan en el sur del Líbano

La ofensiva israelí se ha concentrado especialmente en los suburbios chiíes del sur de Beirut, donde se encuentran estructuras militares y políticas de Hezbolá. Sin embargo, la magnitud de los ataques ha superado la escala de operaciones anteriores. El ministro de Finanzas israelí Bezalel Smotrich advirtió públicamente que la zona de Dahiye podría terminar “como Jan Yunis”, en referencia a la ciudad del sur de Gaza devastada durante la campaña israelí en la Franja.

La advertencia reflejó la determinación del Gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu de golpear la infraestructura de Hezbolá con una intensidad inédita desde la guerra del año anterior. Poco después de las órdenes de evacuación, los bombardeos comenzaron a sacudir la capital libanesa. Las explosiones iluminaron el cielo nocturno mientras enormes columnas de humo se elevaban sobre los barrios del sur.

La ofensiva aérea coincide con una nueva fase terrestre del conflicto. Israel ha desplegado tropas adicionales en el sur del país, donde sus fuerzas ya mantenían posiciones desde el alto el fuego de 2024. La Fuerza Provisional de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) confirmó los primeros combates directos entre soldados israelíes y milicianos de Hezbolá cerca de la localidad fronteriza de Kfar Kila. También se registraron ataques aéreos y explosiones en Khiam, a escasos kilómetros de la frontera.

El Ejército israelí ha ordenado además la evacuación de todas las localidades al sur del río Litani, lo que supone el desplazamiento de unas 250.000 personas adicionales. El objetivo estratégico parece establecer una zona de amortiguamiento que aleje a Hezbolá de la frontera israelí.

Un país dividido ante la guerra y éxodo masivo en pleno Ramadán

El líder de Hezbolá, Naim Qasem, ha defendido la intervención del grupo en la guerra como una “defensa existencial” frente a lo que considera un plan israelí de expansión territorial. Sin embargo, la decisión de la milicia de implicarse en el conflicto contra Irán ha reabierto profundas divisiones internas en el Líbano.

El Gobierno encabezado por el primer ministro Nawaf Salam ha prohibido las actividades militares del grupo armado, mientras sectores de la población —incluyendo comunidades suníes y cristianas— acusan a Hezbolá de arrastrar al país a una guerra que la mayoría de los libaneses no desea. El choque político interno se produce en un país ya debilitado por años de crisis económica, parálisis institucional y tensiones sectarias tras la guerra civil.

Las consecuencias humanitarias se multiplican a gran velocidad. Según las autoridades libanesas, los combates han dejado ya más de un centenar de muertos y cientos de heridos. Pero la cifra más alarmante es la de desplazados. Entre las evacuaciones en el sur del país y la orden de abandonar los suburbios de Beirut, cerca de un millón de personas han sido obligadas a dejar sus hogares en cuestión de días.

Muchas familias han encontrado refugio en escuelas públicas o viviendas de familiares. Otras pasan la noche en sus coches o en las calles de la capital. El drama se agrava porque la ofensiva coincide con el mes sagrado musulmán del Ramadán, cuando las familias suelen reunirse para romper el ayuno al anochecer. Este año, miles de libaneses lo hacen en carreteras, aparcamientos o refugios improvisados.

El fantasma de la ocupación y la guerra total

El recuerdo de la ocupación israelí del sur del Líbano entre 1982 y 2000 sigue muy presente en la memoria colectiva del país. Para muchos libaneses, la expansión de las operaciones militares y la presencia de tropas israelíes en territorio libanés evocan aquel periodo.

La comunidad internacional intenta evitar una escalada mayor. El presidente francés Emmanuel Macron ha pedido públicamente a Israel que no extienda la guerra al Líbano, mientras el presidente libanés Joseph Aoun solicita mediación diplomática urgente. Sin embargo, sobre el terreno la dinámica es otra, con bombardeos continuos, enfrentamientos armados y un desplazamiento masivo de población que recuerda a los momentos más oscuros de la historia reciente del país.

El Líbano vuelve así a ocupar una posición trágica en el tablero de Oriente Próximo: la de territorio donde se cruzan conflictos ajenos. La guerra entre Israel e Irán, amplificada por la intervención de Hezbolá, amenaza con convertir al país en el escenario de una nueva confrontación a gran escala.

Mientras tanto, en las calles de Beirut, la prioridad de miles de familias es mucho más inmediata: encontrar un lugar seguro donde pasar la noche y esperar que las bombas no vuelvan a caer. @mundiario

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