Europa intenta mantenerse al margen, pero ya moviliza tropas en Oriente Próximo
La creciente tensión en Oriente Próximo está obligando a Europa a reforzar su presencia militar en una región que observa con profunda preocupación. Aunque varios gobiernos europeos han expresado reservas sobre la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, la rápida expansión del conflicto está llevando a potencias como Francia y Reino Unido a desplegar fuerzas en el área para proteger rutas comerciales, aliados regionales y bases estratégicas.
París y Londres han activado ya un dispositivo militar que incluye fragatas, cazas y sistemas antiaéreos. El objetivo oficial es defensivo: garantizar la seguridad de sus instalaciones y evitar que la inestabilidad afecte al tráfico marítimo y energético en el Golfo Pérsico. Sin embargo, la magnitud de los movimientos militares refleja el temor a que la guerra termine arrastrando a Europa a una crisis que no inició, pero cuyas consecuencias podría sufrir de lleno.
La situación es especialmente delicada en torno al estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más importantes del planeta. Por este paso marítimo circula una parte sustancial del petróleo que abastece a los mercados internacionales. El temor a ataques contra buques comerciales o petroleros ha llevado a Francia a impulsar la creación de una coalición internacional destinada a proteger la navegación y garantizar que el tránsito marítimo continúe sin interrupciones.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha ordenado el envío de una fragata hacia Chipre y ha puesto en marcha el despliegue del portaaviones Charles de Gaulle, el principal activo naval de Francia, que se dirigirá hacia el Mediterráneo oriental. La estrategia de París busca combinar la disuasión militar con la protección directa de las rutas comerciales que conectan el Golfo con Europa y Asia.
El Reino Unido también ha intensificado su presencia militar. Londres ha anunciado el despliegue del destructor HMS Dragon y de helicópteros equipados con sistemas antidrones, después de que un dron iraní atacara una de sus bases en Chipre. Además, el Gobierno británico ha enviado especialistas en defensa aérea a la región para reforzar la protección de sus instalaciones.
Otros países europeos siguen el desarrollo del conflicto con inquietud y evalúan posibles contribuciones. Países Bajos estudia enviar la fragata de defensa aérea Zr. Ms. Evertsen para integrarse en el dispositivo que acompañará al portaaviones francés. Grecia, por su parte, ha decidido desplegar una batería antimisiles en la isla de Kárpatos y ha enviado buques militares hacia Chipre, una posición estratégica situada a escasos cientos de kilómetros de varios de los focos de tensión.
La guerra ya ha rozado territorio de la OTAN. Turquía informó recientemente de que sistemas de defensa de la Alianza interceptaron un misil que atravesó su espacio aéreo, lo que ha elevado el temor a que la crisis se extienda más allá de Oriente Próximo y termine afectando directamente a los aliados europeos.
Mientras tanto, desde Teherán han llegado advertencias explícitas dirigidas a Europa. El régimen iraní ha asegurado que podría atacar ciudades de países europeos que se sumen a las operaciones militares lideradas por Estados Unidos y apoyadas por Israel. Aunque los gobiernos europeos insisten en que sus despliegues tienen carácter estrictamente defensivo, admiten que una respuesta militar podría producirse si sus fuerzas o instalaciones son atacadas.
En Bruselas, la preocupación se centra en evitar una escalada incontrolable. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha convocado una reunión entre la Unión Europea y los países del Consejo de Cooperación del Golfo para coordinar esfuerzos destinados a reducir la tensión y proteger la seguridad regional. La iniciativa pretende abrir canales diplomáticos que permitan contener el conflicto antes de que se transforme en una crisis global.
Sin embargo, sobre el terreno la dinámica militar parece avanzar más rápido que la diplomacia. En los últimos días varios buques mercantes han sido alcanzados por proyectiles o drones en el Golfo, lo que ha llevado a numerosas compañías navieras a suspender temporalmente sus rutas por el estrecho de Ormuz debido al riesgo.
En este contexto, Francia insiste en que la guerra contra Irán no forma parte de su estrategia y que el ataque inicial de Washington y Tel Aviv se sitúa fuera del marco del derecho internacional. No obstante, el Gobierno francés considera que tiene la obligación de proteger a sus socios y a los intereses europeos en una región clave para la estabilidad energética y económica.
El resultado es una paradoja geopolítica: Europa intenta mantenerse al margen de una guerra que critica, pero la magnitud de la crisis la empuja a desplegar fuerzas para protegerse de sus efectos. Con cada nuevo incidente en el Golfo y cada ataque contra infraestructuras o buques, el margen para permanecer como mero observador se reduce, aumentando el riesgo de que el conflicto termine implicando directamente a las potencias europeas. @mundiario


