¿Un nuevo acuerdo nuclear entre EE UU e Irán? Claves y obstáculos de una negociación compleja
En medio de su gira por el Golfo Pérsico, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que Estados Unidos e Irán han “acordado más o menos” los términos para un nuevo acuerdo nuclear. Aunque las declaraciones sugieren un avance en las negociaciones, el panorama es mucho más matizado y revela las profundas tensiones que aún persisten entre ambas partes.
Durante un encuentro empresarial en Doha (Qatar), Trump calificó las conversaciones entre su enviado especial Steve Witkoff y el ministro iraní Abbas Araghchi como “negociaciones muy serias por una paz duradera”. Aseguró que Teherán se había comprometido, “de forma amistosa”, a no desarrollar armas nucleares. Sin embargo, evitó entrar en detalles técnicos, limitándose a decir que la única condición era que Irán no construyera una bomba nuclear.
Este enfoque simplificado contrasta con las complejidades del programa nuclear iraní y las exigencias de ambas partes. Irán ha manifestado en varias ocasiones su disposición a permitir inspecciones internacionales y a reducir el enriquecimiento de uranio; sin embargo, considera innegociable su derecho a llevar a cabo este proceso con fines pacíficos.
No obstante, estas concesiones estarían condicionadas a un levantamiento total de las sanciones económicas, algo que hasta ahora Estados Unidos ha ofrecido de forma parcial y ha advertido que no es una oferta que mantendrá por mucho tiempo. Además, Irán exige garantías de que cualquier nuevo acuerdo no sea abandonado nuevamente por futuras administraciones estadounidenses, como ocurrió en 2018 bajo la presidencia de Trump.
Los puntos de fricción
Aunque ambas partes han manifestado una preferencia por la vía diplomática, las diferencias siguen siendo significativas. En primer lugar, el derecho de Irán a enriquecer uranio se presenta como una línea roja para el país; aunque está dispuesto a limitar el nivel de enriquecimiento, no aceptará una prohibición total.
En cuanto al alivio de sanciones, Teherán insiste en que cualquier acuerdo debe incluir el levantamiento "inmediato y total" de las sanciones impuestas tras la salida de EE UU del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) en 2018, el acuerdo multilateral que restringía el programa nuclear iraní a cambio de un alivio de las sanciones. Por su parte, Washington parece inclinarse hacia un levantamiento gradual o condicionado de dichas sanciones.
El destino del uranio enriquecido también sigue siendo un punto sin resolver. Irán ha propuesto una eliminación en etapas de sus reservas actuales, mientras que EE UU prefiere una salida inmediata y verificable del material fuera del país.
¿Qué busca Trump realmente?
Más allá del tema nuclear, Trump ha vinculado un eventual acuerdo con una serie de demandas políticas: el fin del apoyo iraní a grupos armados en la región, la interrupción de sus guerras proxy y la renuncia definitiva a cualquier ambición nuclear. Estas condiciones elevan el umbral del acuerdo y complican aún más la negociación.
En su discurso en Arabia Saudí, Trump aseguró que “no pueden tener un arma nuclear. Deben dejar de patrocinar el terrorismo, detener sus guerras por poder y cesar de manera permanente y verificable su programa nuclear militar”.
Estas exigencias, comprensibles desde una óptica de seguridad internacional, son vistas por Irán como imposiciones unilaterales que no reconocen su derecho a la autodeterminación en asuntos estratégicos.
Cabe recordar que en 2015 Irán firmó un acuerdo con seis potencias mundiales el JCPOA que limitaba su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones. Trump se retiró del pacto en 2018, argumentando que era "insuficiente" y que no abordaba otros temas como el programa balístico iraní.
Desde entonces, Irán ha aumentado progresivamente el nivel de enriquecimiento de uranio a niveles cercanos para fabricar un arma nuclear y ha reducido su cooperación con los organismos internacionales, aunque siempre ha sostenido que su programa tiene fines pacíficos, aunque los niveles de dicho proceso exceden al promedio para proyectos civiles.
Actualmente, el tono de Trump podría reflejar una estrategia de presión más que un consenso real. Si bien hay señales de apertura por parte de Irán, la desconfianza mutua, los intereses divergentes y la falta de compromisos verificables por ambas partes mantienen el proceso en una fase preliminar.
Irán parece dispuesto a hacer concesiones técnicas significativas, pero no renunciará a principios que considera soberanos. Por su parte, Estados Unidos, especialmente bajo una lógica transaccional, buscará un acuerdo que pueda presentar como un triunfo sin ceder demasiado. @mundiario


