Israel toma las calles: miles exigen a Netanyahu un acuerdo por la liberación de los rehenes en Gaza

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @netanyahu
Las protestas se intensifican en Israel mientras la presión social busca forzar un acuerdo que libere a los cautivos en manos de Hamás, ante la reticencia del Ejecutivo a responder a una propuesta de alto el fuego.

Miles de manifestantes israelíes han vuelto a llenar las calles este martes para exigir al Gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu que alcance un acuerdo con Hamás que permita la liberación inmediata de los rehenes en Gaza. La jornada de protestas, organizada por el Foro de las Familias de los Rehenes y los Desaparecidos, incluyó bloqueos de carreteras, concentraciones frente a residencias de los ministros y marchas hacia la oficina del mandatario en Jerusalén, todo mientras coincidía con la reunión del gabinete de seguridad para tratar los planes de guerra en la Franja.

El trasfondo de estas movilizaciones es la propuesta de alto el fuego presentada por mediadores árabes, con apoyo estadounidense, que Hamás aceptó la semana pasada. El plan contempla un cese de hostilidades de 60 días, la liberación de parte de los rehenes y la entrada de ayuda humanitaria a la Franja. Según Qatar, Israel ya había dado su visto bueno en julio a un texto “en un 98%” similar, lo que refuerza las críticas de las familias hacia la aparente indecisión del Ejecutivo.

La protesta arrancó a las 6:29 de la mañana, hora exacta en que Hamás lanzó los ataques del 7 de octubre de 2023. En Tel Aviv y Jerusalén, manifestantes levantaron barricadas y quemaron neumáticos, lo que ha derivado en enfrentamientos con la policía. Las principales autopistas del país quedaron bloqueadas durante varias horas, lo que generó un fuerte impacto en la movilidad y fue reprochado por la policía.

En la plaza de los Rehenes en Tel Aviv, familiares de los cautivos ofrecieron declaraciones cargadas de frustración y urgencia. Einav Zangauker, madre de uno de los secuestrados, aseguró que tras “690 días de guerra sin un objetivo claro, se ha hecho evidente que el primer ministro Benjamín Netanyahu solo teme una cosa: la presión pública”. Y añadió: “El Gobierno abandonó a los rehenes, pero la nación los traerá de vuelta”.

La presión social coincidió con las deliberaciones del gabinete de seguridad, de las cuales los medios israelíes reportan que no se discutió un cese de las hostilidades. El Canal 12 de Israel informó que el Ejecutivo ha enfatizado a Egipto que no está interesado en un acuerdo por fases y solo negociará un acuerdo integral. 

De momento, el Gobierno de Netanyahu insiste en mantener abiertas todas las opciones mientras prosigue la ofensiva militar sobre Ciudad de Gaza, un movimiento que algunos analistas interpretan como un intento de forzar sus demandas.

Con respecto a las protestas, la respuesta del oficialismo no ha sido unívoca. El diputado Hanoch Milwidsky, del partido Likud y presidente del Comité de Finanzas de la Knéset, calificó a los manifestantes como “alborotadores al servicio de Hamás”. En un mensaje publicado en redes sociales, acusó a los manifestantes de “condenar a muerte a los cautivos y tratar de debilitar al ejército en medio de la guerra”. Otros miembros de la coalición se sumaron a las críticas, argumentando que las movilizaciones reducen la presión sobre la milicia palestina.

Frente a la sede del gobierno en Jerusalén, cientos de manifestantes marcharon con pancartas y consignas que exigían respetar a los cautivos y orientar los esfuerzos a su liberación. La movilización refleja la nueva etapa de confrontación que enfrenta el Ejecutivo israelí: por un lado, debe responder a la presión social que reclama una salida negociada; por otro, debe considerar el cálculo estratégico de mantener la ofensiva para perseguir su objetivo de erradicar a Hamás.

Las protestas de este martes reavivan una dinámica que ya había emergido el pasado 17 de agosto, cuando Israel vivió las movilizaciones más masivas desde el inicio de la guerra en la Franja. En ese contexto, la exigencia de las familias de los rehenes se ha convertido en un factor de peso dentro de la política israelí, situando a Netanyahu ante una encrucijada entre la continuidad militar y la vía diplomática.@mundiario