Gaza, la crisis que amenaza con desatar una ruptura en cadena de gobiernos en Europa

El ministro de Exteriores de Países Bajos dimite y el jefe de la diplomacia de Bélgica amaga con un bloqueo al Ejecutivo por las reticencias de sus socios de coalición de imponer restricciones o tomar acciones contra Israel.
Bart de Wever, primer ministro de Bélgica y Dick Schoof, primer ministro de Países Bajos. / Consejo Europeo
Bart de Wever, primer ministro de Bélgica y Dick Schoof, primer ministro de Países Bajos. / Consejo Europeo

La ofensiva israelí en la Franja de Gaza no solo ha provocado una tragedia humanitaria de dimensiones históricas. También está empezando a sacudir los cimientos políticos de varios países europeos, donde la falta de una respuesta firme frente a Israel está generando fracturas en Gobiernos de coalición frágiles. Países Bajos y Bélgica se encuentran en el epicentro de este terremoto político que amenaza con escalar en las próximas semanas.

En La Haya, el Gobierno en funciones del primer ministro Dick Schoof atraviesa la mayor crisis política derivada del conflicto de Gaza en Europa. La dimisión del ministro de Asuntos Exteriores, Caspar Veldkamp, tras el bloqueo a nuevas sanciones contra Israel, ha desencadenado la renuncia de otros cuatro ministros y cuatro secretarios de Estado de su partido, el centroderechista Nuevo Contrato Social (NSC).

El Ejecutivo neerlandés, ya debilitado por la salida del Partido de la Libertad (PVV) de extrema derecha de Geert Wilders en junio, queda ahora reducido a solo dos formaciones que suman apenas 32 escaños en un Parlamento de 150. La situación convierte al gabinete en una administración casi testimonial, a solo dos meses de unas elecciones anticipadas.

La renuncia de Veldkamp refleja el malestar interno sobre la política hacia Israel. El diplomático, exembajador en Tel Aviv y Atenas, defendía al menos un boicot a los productos procedentes de los asentamientos ilegales en Cisjordania. Sin embargo, sus propuestas chocaron con la cautela del liberal Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) —partidarios de esperar una decisión conjunta a nivel europeo— y con la oposición frontal del derechista Movimiento Campesino-Ciudadano (BBB), que rechazó cualquier sanción.

La imagen que queda es la de un país dividido: por un lado, una opinión pública cada vez más crítica con la ofensiva en Gaza; por otro, un Gobierno incapaz de actuar con firmeza por el peso de sus propias contradicciones internas.

Bélgica: una coalición en tensión por Palestina

En Bruselas, el ministro de Exteriores, Maxime Prévot, ha advertido de que Bélgica podría entrar en “una crisis grave” si la coalición encabezada por el nacionalista flamenco Bart de Wever no da pasos concretos hacia el reconocimiento del Estado palestino y hacia medidas más contundentes contra Israel.

La política belga, caracterizada también por la fragmentación, vive un nuevo episodio de tensiones. La llamada coalición Arizona, formada por cinco partidos (tres flamencos y dos valones), se encuentra dividida. Mientras los centristas francófonos de Les Engagés, junto con socialistas (Vooruit) y cristianodemócratas flamencos (CD&V), defienden endurecer el tono frente a Netanyahu, la derecha independentista de la Alianza Neo-Flamenca (N-VA) de De Wever y los liberales del Movimiento Reformista (MR) frenan cualquier iniciativa.

Prévot ha planteado un paquete de medidas que incluiría reconocer el Estado de Palestina en septiembre, siguiendo los pasos de países como Francia y España, prohibir la entrada en Bélgica de ministros israelíes de línea dura como Itamar Ben-Gvir (Seguridad) y Bezalel Smotrich (Finanzas). También pidió vetos comerciales, como la prohibición de importaciones procedentes de los asentamientos y el bloqueo al tránsito de armas hacia Israel.

Un problema europeo más allá de Gaza

Las crisis políticas en Países Bajos y Bélgica evidencian un desafío mayor: la incapacidad de la Unión Europea para articular una posición unitaria frente a la ofensiva israelí. Mientras algunos Estados miembros exigen sanciones y reconocimiento inmediato de Palestina, otros mantienen un enfoque más prudente o directamente proisraelí.

El resultado es un bloque dividido en el que las tensiones internas empiezan a traducirse en crisis de gobernabilidad. El riesgo es que la parálisis europea no solo debilite la voz común en política exterior, sino que erosione la estabilidad política dentro de sus propios Estados miembros. @mundiario

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