Macron nombra a Lecornu como primer ministro, otra vez: una apuesta forzada ante la crisis en Francia

El presidente ha vuelto a designar a uno de sus más estrechos colaboradores como jefe del Gobierno apenas cuatro días después de su dimisión, en un intento por armar un nuevo gabinete que pueda frenar la inestabilidad institucional.
Sébastien Lecornu, primer ministro de Francia. / @SebLecornu
Sébastien Lecornu, primer ministro de Francia. / @SebLecornu

En un gesto que refleja la magnitud del bloqueo político que vive Francia, Emmanuel Macron decidió volver a nombrar este viernes a Sébastien Lecornu como primer ministro, solo cinco días después de su dimisión. El movimiento, más que una señal de renovación, evidencia la falta de alternativas y la soledad política del presidente francés, quien enfrenta el periodo más delicado de su mandato y uno de los más convulsos de la V República.

Lecornu, quien había dimitido a comienzos de la semana tras constatar la imposibilidad de mantener una mayoría estable en la Asamblea Nacional, aceptó nuevamente el cargo “por deber”. En un comunicado difundido por redes sociales, aseguró que su prioridad será dotar al país de un presupuesto antes de fin de año y responder “a los problemas de la vida cotidiana de los franceses”. Prometió además que su nuevo gabinete estará compuesto por figuras sin aspiraciones presidenciales para 2027, con el objetivo de “terminar con la inestabilidad que daña la imagen de Francia y sus intereses”.

El regreso de Lecornu al frente del Ejecutivo llega tras una jornada caótica en el Palacio del Elíseo. Macron convocó de urgencia a los líderes de los principales partidos —con excepción de la extrema izquierda de La Francia Insumisa (LFI) y la ultraderecha del Reagrupamiento Nacional (RN)— para explorar una salida a la crisis. Sin embargo, la reunión terminó por confirmar el aislamiento político del presidente. Ninguna de las fuerzas presentes mostró disposición a integrar un nuevo Gobierno bajo el liderazgo de Lecornu. Horizons, el partido de centroderecha macronista de Édouard Philippe, y la derecha gaullista de Los Republicanos (LR), se desmarcaron abiertamente, mientras que los socialistas condicionaron cualquier apoyo a una revisión de la reforma de las pensiones.

A pesar del rechazo generalizado, Macron decidió mantener su apuesta inicial. El mandatario, según su entorno, considera que nombrar de nuevo a Lecornu es la única opción viable para evitar una nueva disolución de la Asamblea Nacional, que podría abrir la puerta a un avance definitivo de la extrema derecha de Marine Le Pen. “Francia no puede permitirse más incertidumbre ni vacío político”, habrían argumentado desde el Elíseo.

El presupuesto para 2026 en vilo

El desafío inmediato de Lecornu será presentar en la Asamblea el presupuesto para 2026, una tarea compleja sin mayoría parlamentaria y con una oposición dispuesta a derribar cualquier iniciativa del Ejecutivo. El líder socialista Olivier Faure ya ha advertido que presentará una moción de censura “inmediata” si el Gobierno no suspende la impopular reforma de las pensiones aprobada en 2023, que elevó la edad de jubilación de 62 a 64 años y desató protestas masivas.

El nombramiento de Lecornu se produce en un contexto de erosión del poder presidencial. En menos de dos años, Macron ha visto desfilar a seis primeros ministros —de Gabriel Attal, Michel Barnier o François Bayrou— y su índice de aprobación ronda apenas el 17 %, el más bajo desde su llegada al poder. Siete de cada 10 franceses, según el último sondeo de Odoxa para Le Figaro, se muestran favorables a su dimisión.

Mientras tanto, los extremos políticos observan el escenario con calculada paciencia. Marine Le Pen calificó el encuentro en el Elíseo como “un espectáculo patético” y reiteró su exigencia de elecciones anticipadas, mientras Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, tildó la maniobra presidencial de “negación democrática” y reclamó la renuncia del jefe del Estado.

En este tablero fracturado, Macron intenta prolongar la supervivencia de su mandato hasta 2027, aferrándose a la idea de estabilidad y responsabilidad institucional. Sin embargo, la reelección de Lecornu —el primer ministro más efímero de la historia reciente francesa— parece menos un signo de autoridad que un síntoma de agotamiento. Francia asiste, una vez más, a la paradoja de un presidente fuerte en la forma, pero cada vez más débil en el fondo. @mundiario

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