Macron sopesa nombrar un primer ministro socialista ante la inminente caída de Bayrou

El presidente de Francia baraja conceder la formación de un Ejecutivo de izquierdas para evitar la parálisis y nuevas elecciones, una salida a la que la derecha tradicional se abre a no dinamitar de inmediato.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron en el Parlamento británico. / Cámara de los Lores del Reino Unido
El presidente de Francia, Emmanuel Macron en el Parlamento británico. / Cámara de los Lores del Reino Unido

La política francesa atraviesa un momento de máxima tensión. La crisis abierta en torno al primer ministro François Bayrou, cuyo futuro parece sentenciado de cara a la moción de confianza prevista para este lunes, ha obligado al presidente Emmanuel Macron a explorar una salida inédita en su mandato: la posibilidad de designar a un primer ministro socialista al frente del Gobierno. Este escenario, que marcaría la primera cohabitación en más de dos décadas, refleja hasta qué punto la actual fragmentación parlamentaria ha reducido el margen de maniobra del Elíseo.

Bayrou, cada vez más debilitado, se enfrenta a lo que se interpreta en Francia como un suicidio político. Ha convocado una moción de confianza que nadie había solicitado y que, en la práctica, certificará su caída por la imposibilidad de hacer digerible su plan de recortes para contener la crisis de déficit y deuda pública.

Su figura se ha vuelto invisible incluso para sus propios aliados, mientras las miradas se centran en el futuro inmediato: elecciones legislativas anticipadas o un giro estratégico con un nuevo Gobierno. En ese tablero, Macron estudia incorporar al Partido Socialista (PS), rompiendo así con la línea de los últimos ocho años, en los que ningún dirigente de esa formación ha estado al frente de Matignon.

El nombre que gana fuerza es el de Olivier Faure, secretario del PS, que ha mostrado disposición a dialogar con el presidente, aunque ha advertido de que solo aceptaría formar parte de un “Ejecutivo de izquierda” en el que se integren también miembros de la coalición del Nuevo Frente Popular (NFP), la coalición progresista que sacó más votos en las últimas elecciones parlamentarias que fragmentaron la Asamblea Nacional en tres bloques prácticamente equivalentes con la ultraderecha del Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen y la restante mezcla de centroderecha de Los Republicanos (LR) y la coalición de centro de los macronistas, Ensemble.

Esta condición abre un nuevo frente: la relación con la extrema izquierda de La Francia Insumisa (LFI), de Jean-Luc Mélenchon, que exige elecciones anticipadas y ha redoblado su presión contra Macron. A esta exigencia se suma, en un plano distinto, la ultraderecha de Le Pen, que también reclama la disolución de la Asamblea.

Macron baraja ceder ante Faure

El dilema de Macron no es menor. Con un nivel de popularidad que se desploma hasta el 15 %, el más bajo desde el estallido de la crisis de los chalecos amarillos, el presidente afronta el desgaste de haber visto caer a varios primeros ministros en apenas un año. La presión se multiplica con un déficit público abultado y una deuda que supera el 113 % del PIB.

En este contexto, la apuesta por un jefe de Gobierno socialista podría interpretarse como un intento de ampliar la base de apoyo parlamentario, pero también como una concesión arriesgada que expone al PS a la erosión política en vísperas de elecciones municipales.

El debate en torno a esta posible cohabitación ha sacudido incluso a la derecha. Mientras Laurent Wauquiez, líder parlamentario de LR (formación hermana del PP español) ha señalado que no bloquearán un eventual Gobierno socialista para evitar una “inestabilidad catastrófica”, pero otros dirigentes conservadores como el ministro del Interior, Bruno Retailleau, han advertido de que no habrá “cheques en blanco”. Esta división refleja la dificultad de alcanzar un consenso que garantice estabilidad en la Asamblea Nacional y abre interrogantes sobre la capacidad de Macron para tejer alianzas duraderas.

Crisis de gobernabilidad en Francia

La paradoja de esta crisis es que, mientras Bayrou encara sus últimos días en Matignon en medio de una notable irrelevancia política, el futuro de Francia depende de otra jugada arriesgada de Macron: recurrir al Partido Socialista, el mismo que lo catapultó en sus inicios, como salvavidas en una legislatura marcada por la polarización. La medida podría ofrecer oxígeno temporal al presidente, pero también encierra un riesgo estratégico: fortalecer a una izquierda dividida y dar nuevos argumentos a quienes reclaman elecciones inmediatas.

Francia se prepara para un cambio de rumbo que podría redefinir el equilibrio político en la Quinta República. La eventual llegada de un socialista a Matignon no sería solo un movimiento táctico de Macron para salvar la legislatura, sino también un gesto de apertura en un país que atraviesa una de sus mayores crisis de gobernabilidad en los últimos tiempos.

Todo dependerá de si el presidente logra convertir esta apuesta en un factor de estabilidad o si, por el contrario, se abre un nuevo ciclo de confrontación que acelere el desgaste de su mandato. @mundiario

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