Jeannette Jara: la carta de la izquierda para enfrentar a la derecha chilena en ascenso

Con una participación más baja de lo esperado, pero con una victoria sólida, la exministra del Trabajo se convierte en la primera candidata presidencial comunista en décadas en Chile, aunque intenta distanciarse de su partido.
El presidente de Chile Gabriel Boric y la candidata presidencial Jeannette Jara. /@jeannette_jara
El presidente de Chile Gabriel Boric y la candidata presidencial Jeannette Jara. /@jeannette_jara

La elección de Jeannette Jara como candidata única de la izquierda oficialista en Chile marca un momento histórico para el Partido Comunista chileno (PC), que por primera vez desde el retorno a la democracia en 1990 logra posicionar a una militante propia en la carrera presidencial con apoyo institucional del resto del progresismo. La exministra del Trabajo del gobierno de Gabriel Boric se impuso con el 60% de los votos en las primarias del domingo 8 de junio, superando ampliamente a la socialdemócrata Carolina Tohá (28%) y al frenteamplista Gonzalo Winter (9%).

La victoria, sin embargo, ocurre en un contexto de debilidad estructural para la izquierda chilena. Solo un 9% del padrón electoral participó en los comicios, y el total de votantes (1.4 millones) quedó por debajo del ya modesto piso autoimpuesto por el oficialismo. Frente a la primaria derechista de 2021 —que movilizó a 1.3 millones de personas, pese a no alcanzar el triunfo en noviembre— el resultado deja una señal clara: la izquierda no logra movilizar a su base, ni proyectar entusiasmo.

A sus 51 años, Jara combina una carrera técnica con experiencia política. Es abogada, administradora pública, exsubsecretaria de Previsión Social durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet y exministra del Trabajo de Boric. Su perfil ganó notoriedad tras la promulgación de la Ley de las 40 horas, una reforma laboral de amplio respaldo ciudadano, que elevó su aprobación pública.

Si bien es militante del PC desde joven, su estilo y discurso han sido percibidos como más pragmáticos y moderados que el de figuras emblemáticas de la colectividad, como el exjefe comunal Daniel Jadue. Esa diferenciación ha sido clave en su ascenso, en especial tras la caída de Jadue como opción presidencial debido a su formalización por presuntos delitos de corrupción. El comité central del PC tardó en proclamarla, pero una vez nominada, su campaña ganó tracción rápidamente, en parte gracias al contraste con Tohá, ministra del Interior en un contexto de alta inseguridad que preocupa a la ciudadanía.

Una izquierda tensionada entre moderación e ideología

El triunfo de Jara pone de relieve las tensiones internas del oficialismo. La candidatura se presenta como un puente entre el ala doctrinaria del PC y sectores más amplios del progresismo, pero no está exenta de contradicciones. Durante su campaña, Jara se distanció públicamente de la línea dura del partido: calificó al régimen venezolano como autoritario, y más recientemente, reconoció vulneraciones a los derechos humanos en Cuba, en contraste con la posición oficial de la dirigencia comunista, cuyo presidente intentó corregirla públicamente, lo que evidenció la fragilidad de su autonomía interna.

En temas programáticos, Jara también ha mostrado matices. A diferencia del partido, no ha impulsado una reapertura del proceso constituyente, e insiste en priorizar mejoras concretas en seguridad, empleo y salud. Esta postura puede ampliar su atractivo hacia votantes moderados, pero también tensiona la relación con su propio partido, que sigue apegado a definiciones marxista-leninistas y mantiene vínculos ideológicos con regímenes como los de Corea del Norte, Cuba e incluso nexos con Rusia.

De cara a las elecciones del 16 de noviembre, Jara se enfrenta a un mapa político adverso. La derecha llegará a la primera vuelta con tres candidaturas: la centroderechista Evelyn Matthei (Chile Vamos), la ultraderecha de José Antonio Kast (Partido Republicano) y el ultraconservador Johannes Kaiser (Partido Libertario). Según la última encuesta Cadem, Kast lidera con 24% de intención de voto espontáneo, seguido por Jara con 16%, mientras Matthei y el centrista Franco Parisi (Partido de la Gente) comparten un 10%. El escenario, de mantenerse, proyecta una segunda vuelta entre Kast y Jara, con encuestas que dan ventaja al republicano.

El oficialismo apuesta a la unidad de su electorado para ser competitivo, pero la baja participación y la fractura entre las izquierdas radical y moderada hacen que ese objetivo se vea cuesta arriba. La salida de Tohá del tablero presidencial podría beneficiar a Matthei, quien intentará captar el voto de centro e izquierda moderada que difícilmente se incline por una candidata del PC.

Más allá del PC: ¿una figura propia?

Aunque Jara ha superado en votos a Daniel Jadue en las primarias de 2021 —un hito dentro del propio PC— su capacidad para despegarse de la sombra del partido sigue en entredicho. Su discurso ha intentado proyectar independencia y amplitud, pero su base sigue siendo estrecha: los 820.000 votos que obtuvo son un capital modesto frente al millón largo que recibió Gabriel Boric hace tres años, cuando venció en la interna frente a Jadue y se encaminó a la presidencia.

Su reto principal no será solo disputar el poder con la derecha, sino demostrar que puede articular una mayoría nacional que trascienda el nicho político del comunismo chileno, una fuerza que ha avanzado institucionalmente desde 2010, pero que no ha reformulado su ideología de base ni actualizado su relación con sectores amplios del progresismo.

La victoria de Jeannette Jara es un hecho significativo en la historia política del Partido Comunista chileno, pero está lejos de representar una consolidación electoral de la izquierda. Más bien, revela un momento de fragilidad: baja participación, fragmentación interna y una derecha que se fortalece, tanto en lo ideológico como en la calle.

De aquí a noviembre, Jara deberá construir algo más que una candidatura funcional: deberá ofrecer una narrativa que una a la izquierda, dialogue con el centro y enfrente a una tipo específico de derecha que ya se prepara para gobernar. La pregunta clave será si Jara podrá hacerlo desde dentro de un partido que, al menos hasta ahora, no parece dispuesto a cederle el margen necesario.@mundiario

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