Kiev apunta al corazón energético ruso mientras Moscú intenta dejarla sin luz
Rusia ha redoblado su apuesta en su campaña contra la red eléctrica ucraniana, en lo que se perfila como una estrategia repetida para dejar a Kiev sin energía durante los meses más fríos del año. Los ataques recientes, que alcanzaron subestaciones en Odesa, Donetsk y Chernígov, forman parte de una ofensiva sostenida que busca quebrar la moral civil y debilitar la resistencia ucraniana antes del invierno.
El presidente Volodímir Zelenski denunció una “intensificación del terror aéreo” ruso, detallando que en una sola semana se lanzaron más de 3.000 drones, 92 misiles y más de 1.300 bombas planeadoras contra objetivos ucranianos. El impacto más reciente dejó heridos a empleados de DTEK, la principal empresa privada de energía del país, y provocó apagones generalizados.
Desde 2022, la infraestructura energética de Ucrania ha sido uno de los principales blancos del Kremlin. Cada vez que se acerca el invierno, los ataques se reanudan con el mismo objetivo: desgastar a la población, reducir la capacidad industrial y generar presión política interna. Esta táctica, que combina drones kamikazes y misiles de precisión, busca maximizar los daños con recursos relativamente limitados, aprovechando la vulnerabilidad de las redes eléctricas y logísticas del país.
Para Rusia, el control del “frente energético” constituye tanto un instrumento militar como psicológico. Según analistas occidentales, Moscú pretende que el apagón se convierta en una herramienta de negociación en cualquier futuro proceso diplomático.
Washington y Kiev coordinan su respuesta
Frente a esta ofensiva, Ucrania ha intensificado su cooperación con Estados Unidos para responder en el mismo terreno: el energético. Según una investigación del Financial Times, Washington ya habría proporcionado a Kiev inteligencia y asistencia operativa para dirigir ataques con drones sobre refinerías y depósitos de combustible rusos, muy por detrás de las líneas del frente.
La colaboración incluiría asesoramiento sobre rutas de vuelo, altitud y táctica de evasión ante defensas antiaéreas rusas. Fuentes citadas por el medio británico aseguran que Estados Unidos participa en la planificación técnica, aunque la selección de objetivos sigue bajo control ucraniano. Los ataques con su apoyo han golpeado al menos 16 de las 38 refinerías rusas, reduciendo la capacidad de exportación de diésel a su nivel más bajo desde 2020.
En este contexto, Zelenski ha revelado sostuvo dos conversaciones consecutivas con el presidente estadounidense Donald Trump, en las que abordaron el fortalecimiento de la defensa aérea, la resiliencia energética y el eventual suministro de misiles de crucero Tomahawk.
“Estamos trabajando en ello”, afirmó Zelenski en una entrevista posterior este domingo, en la que subrayó que espera una decisión favorable de Washington. Estos misiles, capaces de alcanzar objetivos a 2.500 kilómetros, representarían un salto cualitativo para la capacidad de disuasión ucraniana.
Trump, sin embargo, ha evitado confirmar una decisión definitiva. “He tomado una especie de decisión, pero quiero saber qué planean hacer con ellos”, declaró días atrás, dejando abierta la puerta a la negociación. Más recientemente, este mismo domingo, el presidente estadounidense aseguró que ya está preparado para enviar misiles Tomahawk a Ucrania, pero dijo que planea discutir primero el asunto con el presidente ruso Vladímir Putin.
Por su parte, en las últimas semanas el Kremlin ha reaccionado con preocupación y contundencia ante la posibilidad de que Kiev reciba misiles estadounidenses. El portavoz Dmitri Peskov calificó el tema de “extrema inquietud” y advirtió de que la escalada “se intensifica desde todos los lados”. Por su parte, el presidente bielorruso Alexander Lukashenko intentó restar dramatismo, y sugirió que Washington aún no ha tomado una decisión concreta.
“Nuestro amigo Donald (Trump) a veces adopta un enfoque más contundente, y luego da un paso atrás. No hay que tomarlo literalmente, como si fueran a volar mañana”, declaró Lukashenko en una entrevista para la televisión rusa.
Lo cierto es que el mandatario estadounidense utiliza la entrega de los misiles como carta negociadora para traer devuelta al Kremlin a la mesa de negociaciones. Cuando le preguntaron si quería decir que hablaría con Putin antes de suministrar los misiles, Trump comentó que esa posibilidad depende de la disposición de Moscú a poner fin a la guerra: “Tal vez hable con él. Podría decirle: mira, si la guerra no se resuelve, les enviaré los Tomahawk”, dijo, refiriéndose al proyectil como “un arma muy ofensiva”.
Energía, sanciones y diplomacia de guerra
Más allá del terreno militar, Zelenski insiste en mantener la presión económica sobre Moscú. Ha pedido reforzar las sanciones secundarias contra los compradores de petróleo ruso y revisar los aranceles que aún permiten flujos financieros hacia el Kremlin. “Quienes financian esta guerra deben seguir sobre la mesa de las sanciones”, subrayó el mandatario ucraniano, apelando a la unidad de sus aliados occidentales.
Mientras tanto, Kiev continúa buscando alternativas para reforzar su red eléctrica, diversificar sus fuentes de energía y evitar un colapso durante los meses más fríos. Las autoridades reconocen que la reconstrucción de las infraestructuras atacadas lleva tiempo y depende de la llegada de equipos occidentales.
Con la llegada del frío, la guerra entra en una nueva fase marcada por la competencia energética. Rusia apuesta por la asfixia eléctrica; Ucrania, por responder golpeando el corazón económico de su adversario. Entre los misiles, los drones y la diplomacia, ambos países parecen prepararse para un invierno que pondrá a prueba tanto la resistencia material como la voluntad política de sus líderes. @mundiario


