Guerra interna en el Partido Demócrata: el acuerdo para reabrir el Gobierno desata una crisis

El acuerdo bipartidista que pone fin al cierre más largo del Ejecutivo federal en la historia de EE UU abre una profunda fractura en la oposición a Trump, que rechaza que siete senadores hayan pactado con los republicanos.
Senado de EE UU. / RR SS
Senado de EE UU. / RR SS

El cierre parcial del Gobierno estadounidense, que alcanzó los 41 días —el más prolongado de la historia—, llegó a su fin con un acuerdo inesperado entre demócratas y republicanos. Sin embargo, lejos de celebrarse como una victoria institucional, el pacto ha detonado una tormenta política dentro del Partido Demócrata. Lo que comenzó como un gesto pragmático para reabrir la Administración federal se ha transformado en un símbolo de traición para una base que exigía firmeza frente al presidente Donald Trump.

La votación en el Senado, que necesitaba 60 apoyos para superar el bloqueo republicano, prosperó gracias a la deserción de siete senadores demócratas y un independiente. Entre ellos, figuras como John Fetterman (Pensilvania), Catherine Cortez Masto (Nevada) y Angus King (Maine), quienes justificaron su decisión alegando que el acuerdo era “el único pacto posible” para aliviar el impacto del cierre sobre millones de estadounidenses.

El texto garantiza el pago retroactivo de los salarios atrasados a los funcionarios federales, la continuidad de los cupones de alimentos para 42 millones de personas y la readmisión de los empleados despedidos durante la clausura.

Sin embargo, el pacto no incluye una de las principales exigencias demócratas: la extensión de los subsidios del programa Obamacare, cuya expiración amenaza con elevar el costo de los seguros médicos de millones de ciudadanos. Este punto, considerado innegociable por gran parte del partido, ha sido la chispa que encendió la revuelta interna.

La división se convierte en ruptura

Más de 40 senadores demócratas votaron en contra del acuerdo, mientras en la Cámara de Representantes el liderazgo de Hakeem Jeffries reiteró que el partido no respaldará una propuesta que “agrava la crisis sanitaria del país”. Las críticas más duras se han dirigido contra el líder de la bancada en el Senado, Chuck Schumer, a quien acusan de haber perdido el control del grupo y de permitir la fragmentación ideológica.

El congresista Ro Khanna (California), uno de los portavoces del ala progresista, pidió abiertamente su reemplazo: “si no puede liderar la lucha para detener el aumento desorbitado de las primas de los seguros médicos para los estadounidenses, ¿por qué luchará?”. A las críticas políticas se suman las personales: Jeanne Shaheen, una de las senadoras disidentes, fue censurada públicamente por su propia hija, también militante demócrata.

Desde su red social, Truth, Donald Trump aprovechó la crisis para atacar al partido rival y reforzar su narrativa de liderazgo “patriótico”. Prometió un bono de 10.000 dólares a los controladores aéreos que trabajaron sin salario durante el cierre y lanzó una advertencia a los que protestaron o se ausentaron: “NO ESTOY CONTENTO CON VOSOTROS”, escribió, alimentando el discurso de disciplina y lealtad que caracteriza a su base.

La maniobra de Trump busca capitalizar el descontento social y presentarse como el único capaz de restaurar el orden. Mientras tanto, los aeropuertos continúan sumidos en el caos, con miles de vuelos cancelados y retrasados, reflejo del colapso logístico que la crisis ha provocado en la Administración.

Un partido dividido ante un año electoral decisivo

La fractura interna llega en un momento crítico, con las elecciones de medio término el año que viene y una opinión pública cada vez más escéptica ante la capacidad del Congreso para gobernar, pese a que los resultados electorales de la semana pasada en Nueva York, Nueva Jersey, Virginia y California, en los demócratas parecieron ser premiados por su oposición a los republicanos. Lo que para los disidentes fue una decisión pragmática —reabrir el Gobierno y evitar una crisis económica mayor—, para buena parte del partido simboliza una claudicación frente al trumpismo y una pérdida de rumbo estratégico.

El acuerdo con los republicanos que pone fin a un cierre histórico del Gobierno estadounidense trae consigo una guerra civil dentro del Partido Demócrata, entre quienes priorizan la estrategia y quienes exigen coherencia ideológica. El desenlace de esta batalla intestina marcará, probablemente, el futuro político de la formación y su capacidad para enfrentar a Trump en el próximo ciclo electoral. @mundiario

Comentarios