Francia marca distancias de la guerra en Irán y Alemania matiza su respaldo a la ofensiva de Trump
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido tajante. Francia no considera que la guerra contra Irán sea su guerra. Durante un encuentro con internautas en redes sociales, el mandatario quiso disipar la preocupación generada por la escalada militar encabezada por Donald Trump e iniciada por EE UU e Israel.
“Francia no forma parte de esta guerra. No estamos en combate y no vamos a involucrarnos en ella”, afirmó Macron, en un mensaje destinado tanto a la opinión pública francesa como a sus socios europeos.
La postura del Elíseo intenta mantener en forma la alianza estratégica con Washington y, al mismo tiempo, evitar que Francia se vea arrastrada a una operación militar cuyo alcance final resulta incierto. En términos prácticos, París ha delimitado claramente su implicación, que está participando únicamente en operaciones defensivas en el Mediterráneo y el Golfo Pérsico, pero ha descartado cualquier acción ofensiva contra Irán.
Incluso ha limitado el uso de sus instalaciones militares por parte de Estados Unidos. La base aérea de Istres-Le Tubé solo podrá utilizarse para operaciones logísticas y de reabastecimiento, con garantías según el jefe del Estado Mayor francés, Fabien Mandon, de que los aviones estadounidenses desplegados no participan en ataques contra territorio iraní.
La preocupación estratégica de París
Más allá de la distancia militar, la posición francesa responde a un cálculo geopolítico más amplio. En el Elíseo existe la percepción de que la operación estadounidense ha abierto un escenario de inestabilidad regional que podría escapar al control de sus propios promotores.
Una de las mayores preocupaciones de Francia se sitúa en el Líbano, donde París había impulsado iniciativas diplomáticas destinadas a estabilizar el país y promover el desarme del grupo chií Hezbolá en favor de las Fuerzas Armadas libanesas. La nueva guerra amenaza con desbaratar esos esfuerzos.
Macron ha anunciado que promoverá un plan para frenar los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá en el sur del Líbano, con el objetivo de evitar que el país vuelva a convertirse en otro frente del conflicto. Además, Francia está intentando construir una coalición internacional para proteger la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, una arteria estratégica por la que transita una parte esencial del petróleo mundial procedente de países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Kuwait. La seguridad de esa ruta marítima se ha convertido en una prioridad para las economías europeas, especialmente en un momento de gran volatilidad energética.
Alemania modera su apoyo a EE UU
Mientras Francia trataba desde el principio de mantener cierta distancia estratégica, Alemania ha experimentado una evolución más visible en su postura. El canciller Friedrich Merz comenzó la crisis mostrando un respaldo claro a Estados Unidos y minimizando las críticas basadas en el derecho internacional. Sin embargo, con el paso de los días, su discurso ha cambiado.
El jefe del Gobierno alemán ha advertido ahora de que una prolongación del conflicto no favorece los intereses europeos. “Una guerra sin final no va en nuestro interés”, declaró Merz, señalando además los riesgos de que el conflicto derive en el colapso del Estado iraní, un escenario que podría reproducir dinámicas similares a las observadas en Siria tras su guerra civil.
La preocupación alemana atiende a varias dimensiones. Por un lado, el impacto económico, donde la industria depende en gran medida de la estabilidad energética, observa con inquietud cómo la escalada en Oriente Próximo está presionando al alza los precios del gas y generando incertidumbre en las rutas comerciales. Pero también existe el temor a una nueva ola migratoria en Europa. El recuerdo de la crisis de refugiados de 2015 sigue marcando el debate político alemán, especialmente en un momento en el que el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) pisa los tobillos a la Unión Democristiana (CDU) en las encuestas.
Europa entre la Alianza Atlántica y el cálculo estratégico
El giro progresivo de algunos gobiernos europeos refleja el dilema de cómo mantener la cohesión con Washington sin asumir plenamente una estrategia militar cuyos objetivos han ido cambiando con rapidez.
La intervención estadounidense comenzó oficialmente como una operación para neutralizar la amenaza nuclear iraní, pero con el paso de los días el discurso político ha evolucionado hacia metas más amplias, incluida la posibilidad de un cambio de régimen en Teherán.
Países que inicialmente respaldaron la operación con la expectativa de un conflicto limitado ahora temen que la guerra se prolongue y arrastre a la región a una espiral de inestabilidad. @mundiario








