Rutte defiende que el ataque de Trump a Irán tiene “apoyo masivo” en la OTAN, pero España se desmarca

Mientras el secretario general de la Alianza Atlántica justifica la ofensiva contra Teherán al asegurar que esta “estaba cerca de convertirse en una amenaza para Europa”, el Gobierno español insiste en que su postura es clara: rechazo a la guerra.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, junto al presidente de EE UU, Donald Trump. / Ministerio de Asuntos Exteriores de los Países Bajos
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, junto al presidente de EE UU, Donald Trump. / Ministerio de Asuntos Exteriores de los Países Bajos

La escalada militar en Oriente Próximo ha trasladado el debate estratégico al interior de la OTAN. En medio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, ha defendido públicamente la operación y ha asegurado que existe un respaldo amplio entre los aliados.

Sus declaraciones contrastan con la posición de España, que ha rechazado facilitar el uso de sus bases militares para los ataques y ha reiterado su oposición a la guerra.

El posicionamiento de Rutte intenta transmitir una imagen de cohesión dentro de la organización militar en un momento especialmente delicado. En declaraciones a la cadena estadounidense Newsmax, el dirigente neerlandés afirmó que “los aliados, básicamente, en gran medida, apoyan lo que el presidente [Trump] está haciendo y también permiten lo que Estados Unidos está haciendo ahora en la región, eliminando la capacidad nuclear de Irán y, por supuesto, la capacidad de misiles”.

En otra entrevista concedida a Reuters, Rutte insistió en esa línea argumental y afirmó: “Sabemos que Irán estaba a punto de hacerse con capacidad nuclear y de misiles, lo que representaría una amenaza no solo para Oriente Próximo y, por supuesto, para Israel, sino también para Europa”. Con estas palabras, el jefe de la OTAN trató de enmarcar la ofensiva dentro de una lógica de seguridad colectiva más amplia, aunque al mismo tiempo subrayó que la Alianza no participa formalmente en la guerra.

Ese matiz resulta clave en el debate. Rutte ha señalado que la OTAN no está implicada directamente en las operaciones militares contra Irán, pero ha reconocido que la infraestructura y cooperación entre aliados facilita la capacidad de acción estadounidense.

En ese sentido, afirmó que “la OTAN es también una plataforma de proyección de poder para EE UU, ya que sin aliados europeos a Estados Unidos le habría resultado muy difícil lanzar esta campaña contra Irán”. La afirmación refleja el peso estructural de la organización en la arquitectura de seguridad occidental, donde las bases, los sistemas de defensa y la interoperabilidad militar forman parte del entramado estratégico que Washington está utilizando.

Sin embargo, esa narrativa de respaldo amplio encuentra resistencia dentro de la propia Alianza. España se ha situado entre los gobiernos europeos más críticos con la escalada militar. El Ejecutivo de Pedro Sánchez ha rechazado autorizar el uso de las bases conjuntas de Rota y Morón para la ofensiva estadounidense y ha defendido una posición de contención.

En un discurso a la nación, el presidente del Gobierno fue claro al afirmar que España dice “no a la guerra”, y subrayó la necesidad de priorizar el derecho internacional.

La postura española no implica, sin embargo, un distanciamiento de la OTAN. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha insistido en que el país sigue siendo un socio comprometido con la Alianza y con las misiones internacionales. Durante una entrevista en la Cadena SER, recordó que España mantiene desplegado en Turquía un sistema antimisiles Patriot que contribuyó a detectar el proyectil iraní interceptado recientemente en ese país.

Además, subrayó que el rechazo a los ataques no cuestiona la participación española en la arquitectura defensiva común.

Las propias palabras de Rutte reflejan esa dualidad. El secretario general elogió la contribución militar española dentro de la organización, señalando que “sus tropas forman parte de muchas fuerzas de despliegue terrestre, muchas iniciativas, muchas misiones de la Alianza”.

La tensión entre respaldo estratégico y divergencia política se ha hecho más visible a medida que el conflicto se amplía por el Golfo y aumenta la presión internacional. Rutte ha evitado hablar de una activación del artículo 5 —la cláusula de defensa mutua de la OTAN— pese a incidentes como la interceptación de un misil iraní en Turquía. “Nadie habla del artículo 5”, afirmó, aunque añadió que la Alianza se mantiene “muy fuerte, vigilante, e incluso más vigilante si cabe”.

En este contexto, el debate dentro de la OTAN refleja un fenómeno habitual en las alianzas militares: la coexistencia de intereses nacionales distintos bajo un mismo paraguas estratégico. Mientras algunos gobiernos respaldan activamente la intervención estadounidense, otros prefieren limitar su implicación a misiones defensivas o a tareas de apoyo indirecto. @mundiario

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