Bruselas sopesa crear una unidad de inteligencia bajo el mando directo de Von der Leyen

La Comisión Europea estudia establecer un pequeño cuerpo de inteligencia propio dentro de su Secretaría General, con el fin de reforzar la autonomía estratégica de la UE ante la creciente inestabilidad global.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / @vonderleyen
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / @vonderleyen

La Comisión Europea evalúa la creación de una unidad interna de inteligencia bajo la supervisión directa de Ursula von der Leyen, presidenta del Ejecutivo comunitario, según adelantó el Financial Times y confirmó posteriormente un portavoz comunitario. La idea es reunir y analizar la información que los distintos servicios nacionales ya comparten con Bruselas, con el fin de reforzar la capacidad de análisis estratégico de la Comisión en un entorno global cada vez más volátil.

El plan contempla la formación de una “pequeña célula” dentro de la secretaría general —el núcleo político y administrativo del Ejecutivo comunitario— que actuaría de forma coordinada con la actual Dirección General de Seguridad y el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE). Esta última institución ya cuenta con un centro de inteligencia, el EU INTCEN, encargado del análisis de información confidencial procedente de los Estados miembros.

El impulso a este proyecto responde a una nueva coyuntura geopolítica marcada por la guerra en Ucrania, las tensiones con Rusia, y las advertencias de Donald Trump sobre una posible reducción del apoyo de Estados Unidos a la defensa europea. Estas circunstancias han llevado a la UE a iniciar su mayor esfuerzo de rearme desde la Guerra Fría, y a plantearse una coordinación más directa en materia de inteligencia.

La propuesta se inspira, además, en las recomendaciones del expresidente de Finlandia Sauli Niinistö, autor de un informe encargado por Von der Leyen en 2024 sobre preparación y seguridad europea. El documento sugería “fortalecer paso a paso las estructuras de inteligencia de la UE” con vistas a una futura cooperación plena en esta materia.

Según portavoces de la Comisión, la nueva unidad sería “pequeña”, probablemente de menos de diez miembros, y estaría formada por funcionarios y expertos procedentes de distintos servicios nacionales de inteligencia. Su función principal no sería realizar operaciones, sino sistematizar, sintetizar y compartir información estratégica entre las instituciones europeas.

Una estructura discreta, pero políticamente sensible

La portavoz principal de la Comisión, Paula Pinho, aseguró que se trataría de “complementar el trabajo ya existente en el SEAE” y no de duplicarlo. No obstante, el anuncio ha generado reticencias en algunos Estados miembros y dentro de la propia administración europea, donde se teme que la iniciativa erosione las competencias del EU INTCEN y refuerce el control político de la Comisión sobre áreas tradicionalmente reservadas a los gobiernos nacionales.

El debate sobre el papel de la Comisión en asuntos de seguridad e inteligencia no es nuevo. Desde hace una década, Bruselas ha intentado ampliar su influencia en ámbitos considerados “de soberanía nacional”, como la defensa, la energía estratégica o la protección de infraestructuras críticas. Sin embargo, la creación de un servicio de inteligencia comunitario plantea interrogantes sobre la confidencialidad de la información y la autonomía de los Estados miembros.

En Europa, el intercambio de inteligencia siempre ha sido un terreno sensible. Países como Francia, Alemania o Países Bajos son reacios a compartir información altamente clasificada, mientras que la existencia de gobiernos con posturas prorrusas en algunos Estados miembros —como Hungría— añade un componente político a la ecuación.

Por ello, la Comisión plantea este nuevo cuerpo como un “mecanismo de análisis interno”, más que como una agencia de inteligencia operativa. Aun así, su dependencia directa de la oficina de Von der Leyen ha alimentado las críticas de quienes consideran que la presidenta busca acumular competencias estratégicas.

El precedente del SEAE y los límites del modelo actual

El actual sistema de inteligencia europeo se articula a través del Centro de Inteligencia y Situación (EU INTCEN), parte del SEAE, que a su vez coopera con el Estado Mayor de la UE mediante la estructura conocida como SIAC (Single Intelligence Analysis Capacity). Su función es elaborar evaluaciones conjuntas a partir de la información proporcionada por los Estados, sin tener capacidad propia de recopilación o espionaje.

La Comisión defiende que su nueva célula “no reemplazará ni interferirá” con el trabajo del SEAE, sino que actuará como nexo interno entre las diferentes direcciones generales y la Presidencia. Aun así, el movimiento podría reabrir el debate sobre si la seguridad y la inteligencia deben seguir siendo competencia exclusiva de los gobiernos o pasar a formar parte del marco institucional de la UE.

Desde su llegada al poder en 2019, Ursula von der Leyen ha insistido en convertir a la Comisión en una “Comisión geopolítica”, capaz de reaccionar ante crisis globales con autonomía y rapidez. Bajo ese principio se han impulsado proyectos como el Fondo Europeo de Defensa, la Ley de Materias Primas Críticas o la Estrategia de Seguridad Económica.

La propuesta de una unidad de inteligencia responde al mismo impulso: dotar al Ejecutivo comunitario de una visión estratégica propia, menos dependiente de los informes externos y de los flujos de información entre capitales. No obstante, este avance hacia una mayor centralización del poder en Bruselas podría reavivar las tensiones entre la Comisión y los Estados miembros más celosos de su soberanía.

Aunque el proyecto se encuentra en una fase inicial y sin calendario definido, su sola discusión refleja un cambio de paradigma en la política europea. La seguridad, antes patrimonio de los Estados, comienza a perfilarse como un elemento estructural de la integración europea.

Si la iniciativa prospera, la Comisión contaría por primera vez con un instrumento interno de análisis estratégico, algo impensable hace apenas una década. Pero también se abriría un debate de fondo: ¿hasta qué punto puede una institución concebida para la gestión económica y normativa transformarse en un actor político y de inteligencia? @mundiario

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